Introducción

Apocalipsis 20 es uno de los pasajes más controversiales de toda la Biblia. La iglesia de Cristo lleva dos mil años escarbando en él y no se ha puesto de acuerdo. Así que vamos a ir al texto y buscar el mensaje central, que creo que es este: Satanás será atado por mil años, y durante ese tiempo quienes murieron por Cristo reinarán.

Antes de entrar al texto, vale la pena entender por qué es tan controversial. A lo largo de la historia, cristianos fieles han interpretado este capítulo de tres maneras. El premilenarismo entiende que se trata de un reinado físico y literal: Cristo vuelve, y después establece en la tierra un reino de mil años donde Satanás estará atado —muchos primeros cristianos lo sostenían, y hoy lo defienden maestros como John MacArthur o Miguel Núñez—. El amilenarismo —yo prefiero llamarlo «inmilenarismo»— entiende que los mil años son simbólicos, y que ese reino ya empezó con la primera venida de Cristo y se extiende hasta la segunda; ha sido la postura más popular a lo largo de la historia de la iglesia, sostenida por Orígenes, Atanasio, R. C. Sproul, John Piper. Y el postmilenarismo, una variante del anterior, cree que la iglesia cumplirá la Gran Comisión de tal manera que el evangelio crecerá hasta llenar la tierra, trayendo una era de bienestar, y después Cristo vendrá —lo sostuvieron William Carey y Jonathan Edwards—.

Ninguna postura es infalible, y mi objetivo no es convencerte de la mía, sino que veamos juntos lo que Dios tiene que decirnos. Este pasaje tiene cuatro divisiones: mil años de victoria, mil años de reinado, una rebelión final, y el juicio final.

I. Mil años de victoria

1 Vi entonces a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. 2 El ángel prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. 3 Lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

Juan ve a un ángel que baja con una llave y una cadena —para encerrar a alguien—. «El dragón, la serpiente antigua» nos manda directo a Génesis 3, a la serpiente que engañó a Eva; «diablo» significa acusador, «Satanás» significa adversario —son descripciones, no un nombre propio, de un agente espiritual dedicado a oponerse a Dios y a Su pueblo—.

¿Por cuánto tiempo lo ata? Esa es la pregunta del millón: ¿mil años literales o simbólicos? En Apocalipsis los números casi siempre son simbólicos, y mil suele representar un número muy grande. Es como cuando le dices «mil pesos» a mi hija menor —le parece una fortuna—, pero para un padre de familia con gastos, mil pesos se van como agua. Para nosotros, mil años es muchísimo; para Dios, es un ratito.

¿Qué tan poderoso es Satanás? Efesios lo llama «el príncipe de la potestad del aire». En Mateo 4 le ofrece a Cristo los reinos del mundo, y Cristo no le dice que esos reinos no son suyos.

Daniel 10:12-13

12 Entonces me dijo: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y a causa de tus palabras he venido. 13 Pero el príncipe del reino de Persia se me opuso por veintiún días, pero Miguel, uno de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, ya que yo había sido dejado allí con los reyes de Persia.

Un ángel enviado por Dios es detenido veintiún días por un demonio, y tiene que venir otro ángel, Miguel, a ayudarlo —lo mismo vemos en Judas 9, Miguel disputando con Satanás por el cuerpo de Moisés—. En el Antiguo Testamento vemos una oposición demoníaca tremenda a los planes de Dios. Pero algo cambia después de la muerte de Jesús: hoy alguien tan común como yo puede pronunciar el nombre de Jesús y los demonios tiemblan.

Mateo 12:28-29

Pero si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes. ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa.

Cristo mismo dice que, durante Su ministerio, ató al hombre fuerte.

Colosenses 2:15 (RVR 1960)

Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

El ángel de Apocalipsis 20 no ata a Satanás con su propia fuerza —si los ángeles no podían solos contra un demonio—, sino con el poder de la victoria que Cristo ya le había infligido. Satanás está derrotado, pero sigue activo, como el ejército nazi después del Día D: ya había recibido el golpe decisivo, pero tomó meses terminar de derrotarlo. Apocalipsis 12:11 dice que nosotros también vencimos «por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio». Es como una serpiente a la que le quitaron el veneno: puede seguir mordiendo, pero ya no puede matar.

¿Cuál es este periodo de mil años? Podría referirse a un tiempo futuro donde Satanás quede totalmente encarcelado, o —como yo lo entiendo— a la atadura simbólica que Cristo ya realizó con Su muerte, un periodo que ya empezó y dura desde la ascensión hasta la segunda venida. En dos mil años el evangelio pasó de once cobardes y un traidor a millones de creyentes en cada nación del mundo; el diablo no ha podido detener esa expansión. Pero ese periodo se acabará: después de esto, Satanás será «desatado por un poco de tiempo». Mi perspectiva personal es que ese periodo ya empezó —vemos naciones que enviaron miles de misioneros, como Holanda, hoy sumidas en la depravación—.

Juan 12:31-32

Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Pero Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a Mí mismo.

II. Mil años de reinado

4 También vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano. Volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años. 5 Esta es la primera resurrección. Los demás muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. 6 Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección. La muerte segunda no tiene poder sobre estos sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años.

Ya vimos tronos antes, en Apocalipsis 4:4, alrededor del trono de Dios en el cielo, donde se sientan los veinticuatro ancianos que representan al pueblo de Dios de todas las épocas. Aquí, en cambio, Juan ve almas —los decapitados por su testimonio— vivas, reinando.

Piensa en el contexto del primer siglo: los primeros cristianos morían realmente por Cristo, arrastrados con sus familias al circo romano. Para ellos, este pasaje no era teoría futurista, como para nosotros que a lo mejor leímos las novelas de Tim LaHaye: era su presente. Y hoy sigue siendo el presente de la iglesia perseguida —en Corea del Norte, en el norte de Nigeria—. Cuando ellos leían esto, entendían: si me cortan la cabeza, en ese instante abriré los ojos y reinaré con Cristo a Su lado. Mi perspectiva es que este reino de mil años se refiere al reinado espiritual de Cristo con Su iglesia en los cielos, desde Su ascensión hasta que vuelva a juzgar. Otros hermanos, a quienes amo y respeto, creen que se refiere a un reino físico y literal en la tierra. No me interesa tener la razón en los detalles: lo que sé es que mi Cristo reina, y que si soy fiel y muero por Él, estaré con Él.

III. Una rebelión final

7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será soltado de su prisión, 8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlas para la batalla. El número de ellas es como la arena del mar. 9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta. Y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Para el premilenarismo, esto ocurrirá literalmente al final de los mil años, con una guerra real contra Jerusalén. Yo veo aquí a Dios diciéndole al diablo que su tiempo se cumplió, y que puede salir a engañar —¿es casualidad que hoy haya perversión para cualquier gusto, dinero fácil, drogas de todo tipo? Mi perspectiva personal es que el diablo ya fue soltado y ya está engañando a las naciones. Cuando todas las fuerzas del enemigo rodeen al pueblo de Dios y parezca que no hay salvación posible, el Señor descenderá y Satanás será derrotado —esta es la misma batalla que ya vimos descrita en Apocalipsis 17 y 19, desde otra perspectiva—.

IV. El juicio final

11 Vi un gran trono blanco y a Aquel que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. 12 También vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos. Otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. 13 El mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos. Y fueron juzgados, cada uno según sus obras. 14 La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Imagina el trono de Dios, tan glorioso que el cielo y la tierra huyen de su presencia. Si tú y yo fuéramos juzgados según nuestras propias obras, no habría justificación posible —Romanos dice que Dios juzgará hasta los secretos del corazón—. Pero la condena final no depende de las obras, sino de si tu nombre está escrito en el libro de la vida.

Conclusión

Lo más importante de este pasaje es que Cristo ha vencido a Satanás y promete a Sus fieles que reinaremos con Él, mientras que a quienes lo rechazan les anticipa juicio y castigo eterno.

Hebreos 2:14-15

14 Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, 15 y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.

Si Satanás fue derrotado, es porque Cristo murió.

Aplicaciones

Necesitamos vivir confiados en la victoria de Jesús: si estás en Cristo, todo lo que Cristo tiene es tuyo. Si el diablo te ataca, o si escuchas ruidos en la noche y piensas que puede ser él, recuerda que está derrotado —puede intentar tentarte, ofrecerte lo que antes te dominaba, pero puedes decirle: Cristo ya te venció, y esa victoria ahora es mía—. No importa lo que te ponga por delante ni que te persiga: si te matan por ser fiel, abrirás los ojos reinando con Él.

Necesitamos vivir con una perspectiva del Reino. El milenio ya empezó, los santos ya están reinando en gloria, y algún día tú también estarás ahí —seas premilenarista o no, la diferencia es solo cuándo, no si—. Eso debe cambiar tu presente: como el vendedor que trabaja duro por un bono prometido, aunque el pecado sea delicioso a la carne, habrá valido la pena cada vez que le dijiste que no. Vivimos aquí, como mucho, ciento veinte años; la eternidad no tiene comparación.

No debe extrañarnos que la maldad siga creciendo, porque el diablo ya fue soltado y está engañando. Las leyes seguirán empeorando, habrá más tentaciones, pero debemos seguir firmes.

Y finalmente, algún día estarás delante del trono, y los libros serán abiertos. La pregunta no será cuál fue tu trabajo, si ofrendaste o evangelizaste: la única pregunta será si tu nombre está en el libro de la vida, si te rendiste a Cristo. Hoy, 4 de agosto de 2024, la vida se va rápido, no importa tu edad; pronto estarás en las puertas de la eternidad. Si ya estás seguro de que tu nombre está ahí, gloria a Dios; si no, te ruego que vayas a Él, confieses tu maldad, y creas que Él murió para perdonarte.

Ahí donde estás, cierra tus ojos y vamos a terminar orando. Señor, te damos gracias…

(La grabación se corta aquí, en medio de la oración final.)