
I. Un gran contraste
A. Juan ve una gran Señal: Ira y alabanza
- Entonces vi otra señal en el cielo, grande y maravillosa:
- siete ángeles que tenían siete plagas, las últimas, porque en ellas se ha consumado el furor de Dios.
- Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que habían salido victoriosos sobre la bestia, sobre su imagen y sobre el número de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con arpas de Dios.
- Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo:
- «¡Grandes y maravillosas son Tus obras, oh Señor Dios, Todopoderoso!
¡Justos y verdaderos son Tus caminos, oh Rey de las naciones!
¡Oh Señor! ¿Quién no temerá y glorificará Tu nombre? Pues solo Tú eres santo;
Porque todas las naciones vendrán Y adorarán en Tu presencia,
Pues Tus justos juicios han sido revelados».
B. El templo se abre y el juicio inicia
- Después de estas cosas miré, y se abrió el templo del tabernáculo del testimonio en el cielo.
- Y salieron del templo los siete ángeles que tenían las siete plagas.
- Estaban vestidos de lino puro y resplandeciente,
- y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro.
- Entonces uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, quien vive por los siglos de los siglos.
- El templo se llenó del humo de la gloria de Dios y de Su poder.
- Nadie podía entrar al templo hasta que se terminaran las siete plagas de los siete ángeles.
- Y salieron del templo los siete ángeles que tenían las siete plagas.
Idea clave:
Juen ve una Señal grande y maravillosa: Mientras lo ángeles las siete plagas del furor de Dios, los victoriosos cantan al Señor por Su salvación.
- Oí entonces una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: «Vayan y derramen en la tierra las siete copas del furor de Dios».
- El primer ángel fue y derramó su copa en la tierra, y se produjo una llaga repugnante y maligna en los hombres que tenían la marca de la bestia y que adoraban su imagen.
- El segundo ángel derramó su copa en el mar, y se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que había en el mar.
- El tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
- Oí al ángel de las aguas, que decía:
«Justo eres Tú, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas; pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y Tú les has dado a beber sangre. Se lo merecen». - También oí al altar, que decía:
«Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son Tus juicios».
- Oí al ángel de las aguas, que decía:
- El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol. Y al sol se le permitió quemar a los hombres con fuego.
- Y los hombres fueron quemados con el intenso calor.
- Blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria a Él.
- El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se quedó en tinieblas;
- y todos se mordían la lengua de dolor. Blasfemaron contra el Dios del cielo por causa de sus dolores y de sus llagas,
- y no se arrepintieron de sus obras.
- El sexto ángel derramó su copa sobre el gran Río Éufrates;
- y sus aguas se secaron para que fuera preparado el camino para los reyes del oriente.
- Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, a tres espíritus inmundos semejantes a ranas. Pues son espíritus de demonios que hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.
- «¡Estén alerta! Vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza».
- Entonces los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
- El séptimo ángel derramó su copa en el aire. Una gran voz salió del templo, del trono, que decía: «Hecho está».
- Y hubo relámpagos, voces, y truenos. Hubo un gran terremoto tal como no lo había habido desde que el hombre está sobre la tierra;
- fue tan grande y poderoso el terremoto. La gran ciudad quedó dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron.
- Y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios para darle la copa del vino del furor de Su ira. Entonces toda isla huyó y los montes no fueron hallados. Enormes granizos, como de 45 kilos cada uno, cayeron sobre los hombres. Y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque esa plaga fue sumamente grande.
- Y hubo relámpagos, voces, y truenos. Hubo un gran terremoto tal como no lo había habido desde que el hombre está sobre la tierra;