
Para empezar
- Dediquen un tiempo para compartir motivos de oración y orar unos por otros.
- Lean con calma Apocalipsis 21:9 - 22:5
Apocalipsis 21:9 - 22:5
9 Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas siete plagas, y habló conmigo, diciendo: «Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero». 10 Entonces me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11 y tenía la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra muy preciosa, como una piedra de jaspe cristalino. 12 Tenía un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce ángeles, y en las puertas estaban escritos los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. 13 Había tres puertas al este, tres puertas al norte, tres puertas al sur, y tres puertas al oeste. 14 El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos estaban los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía una vara de medir de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad está asentada en forma de cuadro, y su longitud es igual que su anchura. Y midió la ciudad con la vara, 12,000 estadios (2,160 kilómetros). Su longitud, anchura, y altura son iguales. 17 Midió su muro, 144 codos (64.8 metros), según medida humana, que es también medida de ángel. 18 El material del muro era jaspe, y la ciudad era de oro puro semejante al cristal puro. 19 Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer cimiento, jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, sardónice; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; y el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era de una sola perla. La calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.* 22 No vi en ella templo alguno, porque su templo es el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero. 23 La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 22 No vi en ella templo alguno, porque su templo es el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero. 23 La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 24 Las naciones andarán a su luz y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria. 25 Sus puertas nunca se cerrarán de día (pues allí no habrá noche); 26 y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones. 27 Jamás entrará en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino solo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero.
1 Después el ángel me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, 2 en medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones. 3 Ya no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará allí, y Sus siervos le servirán. 4 Ellos verán Su rostro y Su nombre estará en sus frentes. 5 Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos.
6 Y me dijo: «Estas palabras son fieles y verdaderas». El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a Su ángel para mostrar a Sus siervos las cosas que han de suceder enseguida. 7 «Por tanto, Yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro». 8 Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas. 9 Y me dijo*: «No hagas eso. Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios»
Para recordar
- Reflexionemos sobre cómo nos impacta la visión de la Nueva Jerusalén descrita en estos versículos. ¿Qué sentimientos o pensamientos surgen al imaginar una ciudad celestial?
- Consideremos los detalles: murallas de jaspe, calles de oro puro, su muro y sus dimensiones ¿Qué nos dicen estos elementos sobre la grandeza de la Nueva Jerusalén?
- ¿Cómo señalan estos elementos al huerto del Edén, al lugar santísimo y al valor de la presencia de Dios?
Pare reflexionar
- La presencia de Dios debería ser nuestro mayor tesoro. ¿Cómo podemos cultivar un anhelo profundo por estar cerca de Él?
- ¿Qué nos enseña Hebreos 10:19 - 20 sobre el precio que Dios pagó para que accedamos a Su presencia?
Hebreos 10:19–20 (NBLA) 20 por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne,
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús,
- La esperanza de estar con Dios eternamente debería llenarnos de alegría y expectativa. ¿Cómo afecta esto nuestra vida diaria?
- ¿Cómo podemos demostrar en el presente nuestro anhelo por Su presencia? ¿Qué acciones concretas puedes tomar para esto?
Para orar
- Glorifiquen a Dios por pagar el precio de nuestra entrada a Su presencia.
- Pídele al Señor que te ayude a comprender el valor de Su presencia.