Esta semana aprendimos que los hijos de Dios no pueden vivir conformes con el pecado: Cristo vino a destruirlo y, por medio del Espíritu Santo, nos ha dado una nueva vida para combatirlo. Sin embargo, esa lucha no se basa en nuestras propias fuerzas, sino en la obra de Cristo, quien perdona nuestros pecados y nos capacita para andar en justicia.
Después de orar, lean el pasaje bíblico y conversen usando las siguientes preguntas.
1 Juan 3:4-9
4 Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley. 5 Ustedes saben que Cristo se manifestó a fin de quitar los pecados, y en Él no hay pecado. 6 Todo el que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto ni lo ha conocido. 7 Hijos míos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como Él es justo. 8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. 9 Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar, porque es nacido de Dios.
1. Recordemos las verdades del mensaje
- Según los versículos 4–6, ¿por qué persistir en el pecado contradice la obra de Cristo?
- ¿Qué revela nuestra manera habitual de vivir sobre a quién pertenecemos? (vv. 7–8)
- ¿A qué se refiere el v. 9, cuando habla de la simiente de Dios? ¿Cómo nos capacita el Espíritu Santo para luchar contra el pecado?
- El sermón enfatizó que no se trata de alcanzar una perfección inmediata, sino de avanzar. ¿Qué diferencia existe entre caer en pecado y practicarlo?
2. Llevemos la verdad a nuestra vida
La gracia de Dios no es una excusa para permanecer en el pecado. Cristo murió para quitar nuestros pecados y darnos una vida nueva; por eso, podemos reconocer nuestras faltas sin justificarlas y acudir a Él para seguir luchando.
- La diferencia entre luchar en nuestras propias fuerzas y hacerlo en dependencia del Espíritu comienza por creer las verdades del evangelio y dar pasos concretos como respuesta a esa fe.
- ¿Qué verdad del evangelio necesitas recordar mientras luchas contra el pecado?
(Por ejemplo: que ya eres hijo de Dios, que Cristo llevó tus pecados, que vino a destruir las obras del diablo, que tienes un Abogado cuando caes o que el Espíritu Santo te capacita para obedecer) - ¿Qué diferencia haría en tu lucha contra el pecado aferrarte a esa verdad?
- ¿Qué verdad del evangelio necesitas recordar mientras luchas contra el pecado?
- Sin necesidad de compartir detalles, identifica un pecado, una actitud o un hábito que necesites combatir. La última vez que lo detectaste, ¿cómo respondiste? ¿Lo justificaste, lo minimizaste, te conformaste con él o te arrepentiste genuinamente?
- ¿Qué evidencias deberíamos esperar en un arrepentimiento genuino? (Puede ayudarte 2 Cor 7:10-11)
- ¿Dirías que tu arrepentimiento se parece más al genuino o a un simple remordimiento temporal?
- ¿Qué paso práctico puedes dar esta semana para combatir tanto el pecado que identificaste como la disposición de corazón que lo produce? Piensa en una acción específica; por ejemplo: confesarlo, pedir perdón, reparar un daño, evitar la tentación o buscar ayuda de un hermano maduro.
Una aplicación concreta
Evita respuestas generales como «voy a mejorar mi carácter». Identifica una situación y una respuesta específica. Por ejemplo: «Cuando me sienta provocado en casa, no responderé gritando; haré una pausa, oraré y buscaré hablar con mansedumbre. Si peco, lo confesaré y pediré perdón».
- Si, a pesar de tu lucha, vuelves a caer, ¿cómo deberías responder a la luz de 1 Juan 2:1-2?
- Hemos visto que persistir en la práctica del pecado evidencia que alguien no está en Cristo. ¿Qué debe hacer quien descubre que su vida se caracteriza por practicarlo?
- ¿Cómo puede el grupo ayudarte a perseverar en esta lucha mediante la oración, el ánimo y la rendición de cuentas?
Para orar
- Adoremos a Dios por su santidad y por el amor con que envió a su Hijo para perdonar nuestros pecados.
- Confesemos los pecados que hemos minimizado, justificado o practicado sin verdadero arrepentimiento.
- Demos gracias porque Jesucristo es nuestro Abogado y propiciación cuando pecamos.
- Pidamos al Espíritu Santo que produzca arrepentimiento genuino y nos dé fuerzas para combatir el pecado y crecer en justicia.
- Oremos unos por otros para que podamos reconocer nuestras luchas con humildad, buscar ayuda y perseverar confiando en Cristo.