VIDA EN CRISTO
Creciendo en Cristo
Todos los creyentes, en virtud de su unión con Cristo, son progresivamente transformados a su imagen.1 Aunque el poder dominante del pecado en nuestras vidas ha sido roto, residuos de corrupción aún permanecen en nuestros corazones contra los cuales lucharemos a lo largo de nuestras vidas.2 Este proceso de crecimiento que dura toda la vida ocurre a medida que el Espíritu nos empodera para permanecer en Cristo y buscar la santidad en cada área de nuestra vida.3 Descansar en la obra terminada de Cristo nunca hace nuestro esfuerzo innecesario sino más bien hace posible el buscar con gozo amar y agradar a Dios.4 Impulsados por la gracia, los creyentes crecen en el conocimiento de Dios, obedecen los mandamientos de Cristo, andan por el Espíritu, mortifican el pecado, y van en pos de las prioridades y los propósitos de Dios.5 Aunque tales acciones no son la base de nuestra salvación, ellas demuestran la autenticidad de nuestra salvación y son un medio por el cual Dios nos mantiene fieles hasta el fin.6 Entre los muchos medios de gracia públicos y privados, la Palabra de Dios, la oración, y la comunión son instrumentos primordiales de nuestra santificación,7 que fomentan la comunión con Dios, nos entrenan como cuerpo para glorificarle, para amar a los demás, y para testificar de Cristo al mundo.8
Esperando a Cristo
Vivir la vida Cristiana incluye anhelar9 y esperar el regreso del Señor Jesucristo.10 Aunque los creyentes son nuevas creaciones en Cristo y disfrutan en el presente las bendiciones de su poder de resurrección,11 su santificación sigue siendo parcial e incompleta en esta vida.12 Además, ellos continúan viviendo en cuerpos mortales en una creación sujeta a vanidad,13 siendo resistidos por el mundo,14 la carne15 y el Diablo.16 La Palabra de Dios nos asegura que somos sus hijos amados,17 aunque tal certeza no elimina la realidad de sufrimiento, dolor, y persecución en esta era presente.18 El evangelio nos capacita para regocijarnos en medio de tribulaciones,19 seguros de que sus propósitos están obrando para nuestro bien aún en circunstancias que no entendemos.[^41] Fijando los ojos en Jesús, soportamos en fe y abundamos en esperanza,[^42] confiados en que un día se acerca rápidamente cuando el pecado y el dolor ya no existirán.[^43]
[^41] Isa 43:1-3; Lam 3:21-24; Rom 8:28; Fil 1:6.
[^42] Rom 12:12; 15:13; 2 Cor 1:6; 2 Tim 2:12; Heb 12:1-3; 1 Ped 2:19-20.
[^43] Isa 25:8; 35:10; 51:11; Apo 7:17; 21:4.
Footnotes
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Rom 6:5-11; 2 Cor 3:18; Apo 19:8. ↩
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Gal 5:16-18; 1 Ped 2:11. ↩
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Juan 15:4-8; Gal 5:16-26; Heb 12:14. ↩
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Sal 37:5, 40:8; Juan 15:11; Rom 6:1-4; 12:1-2; Efe 5:10; Fil 1:25; Tito 2:11-14; 1 Ped 1:13-19. ↩
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Marcos 12:30-31; Juan 15:10; Rom 8:4; 1 Cor 10:31; 2 Cor 4:6; Col 3:5-6; 1 Juan 5:2-3. ↩
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Mat 25:31-46; Efe 2:8-10; Heb 3:12-14; 6:9-12; 10:19-27. ↩
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Juan 6:63; 17:17; Hech 2:42; Efe 4:15; 6:18; Col 3:16; 1 Tes 2:13-14; 2 Tim 3:16-17; Judas 20-21. ↩
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Mat 5:8; 1 Cor 10:31; Col 3:12-14; 1 Ped 2:9-12. ↩
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Rom 8:19, 23, 36; 1 Cor 16:22; 2 Cor 5:2. ↩
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Tito 2:13; Judas 21; Apo 22:20. ↩
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Juan 5:24; 6:47; Rom 6:2-5; 2 Cor 5:17; Efe 1:19-20. ↩
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Fil 3:12; 1 Tes 5:23; 1 Juan 1:8; 3:2. ↩
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Ecle 3:11, 14; Rom 8:20-23; 2 Cor 5:1-4; 1 Cor 15:53. ↩
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1 Juan 2:16; 5:19. ↩
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Gal 5:17. ↩
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Efe 6:10-12; Jas 4:7; 1 Ped 5:8-9. ↩
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Rom 8:17; Gal 4:5-6; 1 Juan 3:2. ↩
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Juan 16:33; Hech 14:22; Rom 8:36; 1 Ped 3:14, 17; 4:19. ↩
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Rom 5:3; 8:23; 12:12; 2 Cor 5:2, 4; Col 1:24; 1 Ped 4:13. ↩