Las Escrituras presentan al Dios todoglorioso y trino como la fuente y el fin de todas las cosas (Romanos 11:36), obrando soberanamente en todas las cosas según Su voluntad (Efesios 1:11). En el centro de los propósitos de Dios en el mundo está la exaltación de Su gloria a través de la redención de los pecadores (Juan 17:1–26). Con este fin, creemos que Dios escoge soberanamente a hombres y mujeres para ser salvos a fin de mostrar Su inconmensurable gracia y gloria (Efesios 1:3–6; Romanos 9:11). La gracia soberana de Dios en la salvación nos humilla, nos llena de gratitud y nos impulsa a adorarlo y compartir el mensaje de Su gracia a todas las personas.