3.1 Base bíblica para el cargo de diácono

La palabra “diácono” (del griego diakonos) simplemente significa “siervo” o “ministro” y aparece a lo largo del Nuevo Testamento (Hch. 6:1-6, Rom 16:1, Ef 6:21, Fil 1:1, Col 1:7, 4:7). Si bien, todo el pueblo de Dios es llamado “ministros” o “diáconos”, parece haber un papel oficial que algunos comparten y que es designado con el título de “diácono”. Aunque muchos pasajes nos ofrecen un sentido de que un diácono es un siervo maduro de la iglesia local, el pasaje más claro en cuanto a las cualificaciones y el llamado de los diáconos está en 1 Timoteo 3:8-13.

3.2 Cualificaciones de un diácono

Las caulificaciones para un diácono tienen un paralelismo con las de un pastor en casi todos los aspectos. La mayoría de los requerimientos se relacionan con el carácter y la madurez, rasgos importantes para un hombre a quien se le ha dado un encargo espiritual. Los diáconos deben asirse al evangelio con integridad, deben ser probados y deben ser ejemplos en su vida hogareña. Si bien todos los creyentes son llamados como “diáconos” en un sentido amplio, los diáconos oficiales deben marcar una pauta de madurez en Cristo.

3.2.1 “Dignos” (1 Tim. 3:8)

Un diácono debe exhibir una sobriedad de propósito y seriedad de conducta digna de respeto y agradable a los demás que trae honor a Cristo y al oficio de diácono.

3.2.2 “De una sola palabra” (1Tim. 3:8)

El diácono debe hablar de una manera sincera y santa. No debe involucrarse en chismes, calumnia ni engaño.

3.2.3 “No dado al mucho vino” (1 Tim. 3:8)

Un diácono no debe ser dominado por el vino, las drogas ni ninguna otra sustancia. Esto aplica también para otros tipos de actividades potencialmente “adictivas” tales como las apuestas, la pornografía, los videojuegos o cualquier actividad que haya sobrepasado los límites en la vida de un hombre.

3.2.4 “No amante de ganancias deshonestas” (1 Tim. 3:8)

Hay diferentes formas de quedar descalificado dado por ser un amante del dinero. Un diácono es descalificado para el oficio si exhibe una ambición general que lo motive a explotar a la iglesia para su propia ganancia financiera (Tito 1:7; 1 Ped. 5:2), o peor aún, a robar de ella (Efe 4:28); o si existe una “codicia” en la vida del hombre que es en realidad una forma de “idolatría” (Col. 3:5), o si hay en él una constante falta de contentamiento con lo que Dios le ha dado (Fil. 4:10-13; Heb 13:5). Si estas tentaciones son las características de un hombre, él no debería servir como un diácono.

3.2.5 “Guardando el misterio de la fe con una clara conciencia” (1 Tim. 3:9)

Un diácono debe aferrarse a la fe cristiana con fidelidad en vida y de doctrina de tal manera que puedan actuar con una conciencia clara sin ser condenado por herejía o por conducta inmoral.

3.2.6 “Sometidos a prueba…y si son irreprensibles” (1 Tim. 3:10)

Un diácono debe ser probados antes de ser elegido para el servicio en el oficio de diácono. Debe ser probado en su carácter, doctrina y conducta durante un período de prueba.

3.2.7 “Maridos de una sola mujer” (1 Tim. 3:12)

El diacono, si está casado, debe mostrar una fidelidad general y una pureza sexual en su matrimonio actual. Este requisito no se refiere a si un hombre se ha divorciado o vuelto a casar, lo cual no necesariamente lo descalifica.

3.2.8 “Que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas” (1 Tim. 3:12).

Un hombre que gobierna bien su casa es obediente los mandamientos relacionados con su papel como padre y como esposo: Es un esposo que ama a su esposa como Cristo amó a la iglesia (Efe. 5:25-33)., vive con ella de una manera comprensiva (1 Ped. 3:7), y es un padre que cría a sus hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Efe. 6:4). Este hombre exhibe un patrón de discipulado amoroso y un liderazgo benevolente en el gobierno de su casa.

3.2.9 Las mujeres y el diaconado

Aunque Gracia Soberana afirma de todo corazón la importancia vital del ministerio de las mujeres en nuestras iglesias, las iglesias individuales pueden diferir en la aceptabilidad de que las mujeres sirvan en el papel de diacono.

Si una iglesia decide designar mujeres como diaconisas, es esencial que las responsabilidades de ese rol no violen otros mandamientos de las Escrituras que definen y estipulan los roles respectivos de los hombres y las mujeres en el hogar y en la iglesia, particularmente aquellos que prohíben a una mujer enseñar a o tener autoridad sobre un hombre en el hogar o en la iglesia (1 Tim. 2:12; cf.1 Cor. 11: 3).

3.3 El rol de un diácono

Las Escrituras no proporcionan grandes detalles sobre la función de los diáconos. Algunos sostienen que el oficio se dedica principalmente a satisfacer las necesidades temporales de la iglesia. Otros sostienen que el oficio incluye cualquier servicio que libere a los pastores para gobernar la iglesia y dedicarse al ministerio de la Palabra y la oración (Hch. 6:2-4). Cualquiera de los dos puntos de vista es aceptable dentro de las Iglesias Gracia Soberana. Si bien solo a los ancianos se les requiere que puedan enseñar y se les asigna la responsabilidad del gobierno de la iglesia, los diáconos pueden sostener y apoyar en gran medida el papel de los ancianos y la salud de la congregación. Pueden hacer esto asumiendo la responsabilidad del liderazgo y cuidado de la congregación en muchas áreas a fin de liberar a los ancianos para que lideren mejor en el ministerio de la Palabra y la oración. Además, su participación puede ayudar a proporcionar vías de comunicación adicionales con la congregación, vitales para una iglesia próspera y saludable. Este papel puede ser similar al de un anciano gobernante en algunas formas de gobierno de una iglesia local, aunque sin una responsabilidad oficial de gobierno.