Los ancianos deben servir como una pluralidad y no solos. Esto se enseña esto mediante el precedente que vemos en el hecho de que todas las menciones de “anciano” son en plural (p. ej. Hch. 14:23; 15:2-16:4; Fil. 1:1; 1 Tim. 4:14).

La pluralidad es una forma de reconocer que Dios da una diversidad de dones a su pueblo (1 Cor. 12:7-11). Ningún hombre tiene todos los dones necesarios para conducir una iglesia local. Por ejemplo, mientras que todos los ancianos deben ser “capaces de enseñar” (1 Tim. 3:2), algunos tienen para ello más dones que otros.

La pluralidad con frecuencia significará que diferentes ancianos tendrán diferentes responsabilidades reflejando la diversidad de sus dones tanto como sea factible. Más aun, cuando se toman decisiones al dirigir una iglesia, con frecuencia un hombre posee más sabiduría en cierta área. En esas ocasiones, es prudente que una deferencia mutua sea ejercitada por los otros ancianos.

Es posible que una iglesia plantada viva una temporada en la que solo un pastor sea ordenado. Mientras que el Nuevo Testamento ciertamente puede avizorar una iglesia auténtica sin una pluralidad de ancianos (p.ej.: el lapso previo a Hechos 14:23), esto debe entenderse como una necesidad temporal que debe corregirse lo antes posible. En estos casos, un anciano de la iglesia que envía o un miembro de la Asamblea Nacional de Ancianos pueden servir como una parte funcional del liderazgo local hasta que un anciano cualificado haya sido levantado y ordenado.

El precedente de una pluralidad en el Nuevo Testamento no puede ser una excusa para minimizar los requerimientos de un hombre que va a ser un anciano. Una iglesia sufrirá más por tener ancianos que no son hombres cualificados que por tener muy pocos ancianos funcionando como tales.****