Los ancianos deben ser hombres de un carácter ejemplar y con los dones adecuados. Mientras que el Nuevo Testamento da un número de requisitos para los ancianos (por ejemplo 2 Tim. 2:2, 15, 24), Pablo provee el perfil básico de un anciano en los requisitos listados en 1 Timoteo 3 y en Tito 1, que son los siguientes:
2.2.1 El Nuevo Testamento es explícito en que los ancianos deben ser hombres (1 Tim. 3:2; Tito 1:6; ver también 1 Tim. 2:12.)
2.2.2 Madurez espiritual
Los ancianos deben contar con una fe sincera y madura en Cristo, una connotación del término “anciano” (1 Tim. 3:6). La Biblia da advertencias en contra de aceptar recién convertidos para ocupar el oficio de anciano por el gran peligro de orgullo y las tentaciones que pueden venir con el ministerio pastoral para un creyente inmaduro.
2.2.3 Carácter ejemplar
Los pastores deben ser hombres de un carácter cristiano auténtico y ejemplar (1 Tim. 3:17; Tito 1:5-9). A causa de su rol como ejemplo de la iglesia y de las tentaciones que acompañan este oficio, es esencial que hombres de carácter lleven a cabo este servicio. Los requisitos de carácter de un anciano son descritos a continuación.
2.2.3.1 “Irreprochable” (1 Tim. 3:2; Tito 1:6) y “santo” (Tito 1:8).*
La vida del anciano no debe tener deficiencias evidentes que expongan su vida a acusaciones de hipocresía que traigan vergüenza al evangelio, o que puedan hacer que las tentaciones aparejadas con el oficio de anciano sean muy grandes para él. Él es alguien a quién los otros podrán llamar “santo” en la forma básica, observable, pero relativa en la que todos los hombres caídos pueden llamarse santos.
2.2.3.2 “Marido de una sola mujer” (1 Tim. 3:2; Tito 1:6).
El anciano, si está casado, debe exhibir fidelidad y pureza sexual en su matrimonio actual. El requisito aquí no habla de si un hombre ha estado divorciado o si se ha casado de nuevo, lo cual no es en sí mismo algo que lo descalifique.
2.2.3.3 “Sobrio” (1 Tim. 3:2).
El anciano debe ser de una mente clara que lleva a un pensamiento racional en situaciones difíciles. Debe tener la habilidad para ver a las personas en una variedad de situaciones y no hacer juicios impulsivos. Además, el anciano debe mostrar una sabiduría y entendimiento del corazón humano básicos. El anciano debe poseer la habilidad para encontrarse con el pecado sin sorprenderse y sin volverse cínico.
2.2.3.4 “Prudente” (1 Tim. 3:2; Tito 1:8) y “dueño de sí mismo” (Tito 1:8).
Ser “dueño de uno mismo” tiene relevancia en todas las áreas de la vida tales como finanzas, pureza sexual, toma de decisiones, disciplinas espirituales, y uso del tiempo. El modo de pensar y de vivir deben reflejar intencionalidad, prudencia y sabiduría.
2.2.3.5 “De conducta decorosa” (1 Tim. 3:2) y “gozando de buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo” (1 Tim. 3:7), y “amante de lo bueno” (Tito 1:8).
El anciano es un hombre al que otros describirían como alguien digno de respeto. Si bien puede recibir una mala reputación de manera específica por su creencia en Cristo o en el evangelio o a causa de calumnia, debe ser visto como un hombre de integridad, digno y propio en un sentido externo.
2.2.3.6 “Hospitalario” (1 Tim. 3:2; Tito 1:8).
La “hospitalidad” requerida a todos los cristianos (1 Ped. 4:9) debe ser practicada por el anciano. En su vida hay una apertura general a otras personas, ya sea que se manifieste mediante comidas compartidas, dando de su tiempo o por ser consistente en desarrollar relaciones con otros.
2.2.3.7 “No dado a la bebida” (1 Tim. 3:3; Tito 1:7).
Un anciano no debe ser dominado por el vino, las drogas o cualquier otra substancia. Otros tipos potenciales de actividades “adictivas” tales como juego, pornografía, juegos de computadora o cualquier actividad que haya rebasado sus fronteras en la vida del hombre podrían ser incluidas también.
2.2.3.8 “No pendenciero, sino amable” (1 Tim. 3:3; Tito 1:7), “no contencioso” (1 Tim. 3:3) y no “iracundo” (Tito 1:7).
Un anciano enfrenta personas y situaciones difíciles y enfrenta conflictos emocionales entre personas piadosas. Por ello, un hombre propenso a intimidar, pelear o en general “tener la cabeza caliente” no debe servir en este oficio. Un anciano debe corregir “tiernamente a los que se le oponen” (2 Tim. 2:25) y debe ser “paciente con todos” (1 Tes. 5:14). Hay una destreza general para traer “paz” a situaciones de conflicto (“apacible” 1 Tim 3:3, RVC). Las expresiones ocasionales de enojo e impaciencia son simplemente muestra de nuestra condición caída, pero si estas caracterizan al hombre a los ojos de aquellos que viven con él—su familia, compañeros de trabajo, otros en la iglesia, este hombre no debe ser un anciano.
2.2.3.9 “No avaricioso” (1 Tim.3.3) o “no amante de ganancias deshonestas” (Tito 1:7).
Un anciano puede ser descalificado de su cargo si exhibe una avaricia generalizada que lo motiva a explotar a la iglesia para su propia ganancia financiera (Tito 1:7; 1 Ped. 5:2), o peor aún, a robarle (Efe. 4:28). Puede también significar “avaricia” en la vida del hombre que es en realidad “idolatría” (Col. 3:5) o puede simplemente ser un descontento continuo con lo que Dios le ha proporcionado (Fil. 4:10-13; Heb. 13:5). Si estas tentaciones caracterizan a un hombre, éste no debe servir como anciano.
2.2.3.10 “Amante de lo bueno” (Tito 1:8).
El anciano no solo debe ser descrito como “un buen hombre” o “celoso de buenas obras” (Tito 2:14), pero su corazón debe demostrar un verdadero amor por y compromiso con el bien. Debe haber una motivación demostrada de trabajar para el bien en otros, en situaciones y en su propia vida.}
2.2.4 Hábiles administradores de sus hogares
Los obispos deben ser hábiles administradores de sus casas con frutos evidentes en sus hijos. La interacción diaria, situaciones múltiples, lo impredecible, el equilibrio entre amor y fuerza, la necesidad de sabiduría y las claras pruebas de carácter que suceden en un hogar reflejan profundamente el tipo de trabajos a los que un anciano está llamado en la iglesia.
1 Timoteo 3:4-5 y Tito 1:6 explican la clase de líder en el hogar que un obispo debe ser.
2.2.4.1 El liderazgo del anciano en el hogar
El Nuevo Testamento dice del anciano que “gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad” (1 Tim. 3:4). Aunque todos los hombres son cabeza de sus hogares, un anciano es un hombre que dirige a su esposa e hijos y cuida de su hogar y propiedad bien, dando evidencia de su liderazgo fiel. Una casa mantenida en orden por coerción o amenaza es claramente inconsistente con los otros rasgos de carácter mencionados para los ancianos. Un anciano debe en cambio “gobernar” su casa con “toda dignidad”.
Más aun, un hombre que gobierna bien su casa es obediente a los mandamientos relacionados con su rol como padre y esposo: él es un esposo que ama a su esposa como Cristo amó a la iglesia (Efe. 5:25-33), vive con ella de manera comprensiva (1 Ped. 3:7), y es un padre que cría a sus hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Efe. 6:4). En otras palabras, existe un patrón de discipulado amoroso y liderazgo amable en su gobierno del hogar.
2.2.4.2 El carácter de los hijos del anciano
El carácter, conducta e incluso la fe de los hijos del anciano son vistos como evidencias apropiadas de su paternidad. La primera y básica evidencia a examinar consiste en ver si sus hijos estén “sujetos” (1 Tim. 3:4), no “rebeldes” (Tito 1:6). Un hombre cuyo liderazgo inspira el honor, el respeto y la obediencia de sus hijos ha guiado “bien” a su familia y “con toda dignidad”.
Aunque no podemos requerir la regeneración de un niño para que el padre este cualificado, puesto que el estado espiritual del niño está en las manos del Señor, no en las del padre, la Biblia requiere que los hijos del anciano le sean obedientes y no que los hijos sean cristianos. El requisito tampoco aplica a los hijos mayores de edad ya que los adultos son responsables por su propia conducta y no están obligados a obedecer a sus padres (aunque continúen “honrándolos”, Ex. 20:12).
Esta obediencia básica en los hijos del anciano ciertamente no significa ausencia de pecado y debemos ser muy lentos para descalificar a un hombre por un incidente dado con uno o más de sus hijos. La pregunta clave es si el incidente revela la necedad general de la juventud o una característica y persistente falta de fidelidad en el padre.
Por último, el hijo de un anciano no debe estar “acusado de disolución ni rebeldía” (Tito 1:6). “Disolución” puede incluir borrachera (véase Efe. 5:18), pero tal vez el sentido más amplio de la palabra encaja mejor aquí: “entrega imprudente a una vida disoluta”, “vida inmoral”. Esto no se refiere a un incidente aislado de borrachera o algún otro acto de imprudencia del hijo de un anciano sino un estilo de vida que está fuera de control de una manera pública y visible.
2.2.4.3 La relevancia del hogar de un anciano
La Biblia establece un vínculo explícito entre cuidar a la familia y cuidar la iglesia de Cristo: “Pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?” (1 Tim. 3:5).
El liderazgo efectivo en el hogar requiere un conjunto de dones que el pastorado en la “iglesia de Dios” también requiere. Podemos pensar en la combinación de pensamiento estratégico y relación personal; la necesidad de ser a la vez fuerte y gentil; la necesidad de hablar la verdad de Dios con claridad en un entorno de amor y afecto; el reto de aceptar a alguien por completo por lo que es y aun así amorosamente llamarlo a algo mayor. Todas estas dicotomías se juntan en el hogar y en la iglesia.
2.2.5 Aptitud para la sana doctrina.
El anciano debe poseer una aptitud para la sana doctrina. Él es “un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). Esta aptitud para la sana doctrina tiene cuatro componentes
2.2.5.1 El anciano debe comprender la sana doctrina (2 Tim. 2:15; Tito 1:9).
El anciano debe comprender personalmente “la palabra fiel que es conforme a la enseñanza”. Un hombre que solo pueda captar lo básico de la cristiandad seguramente será incapaz de conducir a otros en la comprensión y creencia de lo que el Nuevo Testamento llama “sana doctrina” (1 Tim. 1:10; Tito 1:9; 2:1). Tener una aptitud para la doctrina también incluiría muestras de que el hombre es un estudiante probado de la Biblia (2 Tim. 2.15).
2.2.5.2 El anciano debe creer la sana doctrina.
El anciano tiene una fe y confianza personal en la creencia cristiana ortodoxa. Los retos del oficio requieren que un hombre permanezca firme (Tito 1:9) a su propia fe si va a ser capaz de pastorear a personas que luchan con la suya.
2.2.5.3 El anciano debe ser capaz de enseñar la sana doctrina (Efe. 4:11; 1 Tim. 3:2, 2 Tim. 3.16-4:2, Tito 1:9).
El anciano recibe y cree la sana doctrina para “que sea capaz también de exhortar con sana doctrina” (Tito 1:9). Tal aptitud de enseñar implica una habilidad fundamental para organizar ideas, interpretar con precisión el texto bíblico y comunicar esto de una manera que aliente, instruya e incluso inspire a otros creyentes.
2.2.5.4 El anciano debe ser capaz de defender la sana doctrina (Hch. 20:28-30; Tito 1:9).
El anciano debe “retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que la contradicen” (Tit 1:9). La habilidad de defender el evangelio en contra de sus oponentes es parte del papel del pastor en proteger el rebaño que le ha sido confiado de los “lobos feroces” que hay tanto dentro como fuera de la iglesia (Hch. 20:28-30).
Las habilidades involucradas aquí incluyen discernir el asunto teológico en cuestión; entender la verdad para combatir la mentira; y comunicar la verdad de Dios con gracia, encontrando la palabra correcta según la necesidad del momento (Efe. 4:29). No se puede esperar que un hombre defienda todas las doctrinas igualmente bien, pero él necesita demostrar facilidad cuando se trata de las doctrinas centrales de la iglesia. Esta aptitud se acrecentará conforme el hombre lleve a cabo los deberes de un anciano, pero para estar en condiciones de ser calificado para la ordenación al oficio, debe contar con una aptitud básica para hacer esto.
2.2.6 El don de liderazgo
La responsabilidad de dirigir que tiene un anciano significa que él debe poseer los dones necesarios para liderar. Estos dones incluyen el tener la suficiente sabiduría para tomar buenas decisiones en asuntos tanto pequeños como grandes, la habilidad de comunicar y poner en práctica esas decisiones y la sabiduría bíblica para lidiar con los asuntos de la iglesia.
Hay tres aspectos a examinar cuando se quiere determinar la idoneidad de un hombre para liderar a la iglesia de Dios: su familia, su servicio actual en la iglesia y su vida personal y profesional. ¿Dirige su hogar correctamente? ¿Ha demostrado tener responsabilidad, iniciativa, cuidado, un dominio de las Escrituras y un celo por Dios en su trabajo voluntario para la iglesia? ¿Tiene una vida bien administrada? Tales preguntas pueden ser útiles para discernir el don de liderazgo de un hombre.
2.2.7 La distinción entre la cualificación de un anciano y la base para la remoción de un anciano
1ª de Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9 se nos dan para ayudarnos a saber qué buscar en los candidatos a ancianos de la iglesia. Estos pasajes también presentan los dones y los rasgos de carácter que los hombres llamados deben continuar cultivando en el ministerio. La descripción en estos pasajes no debe ser vista como una norma rígida que opera como un gatillo para descalificar automática e inmediatamente a un hombre si este es percibido quedándose corto. Si un pastor es encontrado como ya no apto para cumplir con la descripción en el texto, los ancianos locales deben explorar la situación para determinar si este es realmente el caso.
Hay una importante diferencia entre el proceso de selección y el proceso de remoción para los ancianos. Cada iglesia debe tener un proceso claro para tratar el cuidado, la evaluación, la disciplina y la remoción de los ancianos. 1 Timoteo 5:19-21 está dada para ayudar a guiarnos en cómo tratar con un anciano que ha cometido pecado que pone en duda su cualificación moral, y también se extiende en Gracia Soberana a desviaciones de la Declaración de Fe de Gracia Soberana y el Libro de Gobierno (LG- 12.1.1;12.2.1;12.3.1.1), y a un mal manejo pastoral de una conducta sexual inapropiada (LG-10.2.3.1.c). El enfoque adecuado para tratar cargos en contra de un anciano es explicado en la sección 17 del Libro de Gobierno de México.