Dios y la Revelación
Nuestro Dios eterno, trascendente, y todo glorioso, quien existe por siempre como Padre, Hijo, y Espíritu Santo, es por su misma naturaleza un ser comunicativo.1 Él crea2 y también gobierna3 a través de sus palabras, y se ha revelado bondadosamente a sí mismo4 a la humanidad5 con el fin de tener comunión con nosotros.6 Él se ha revelado a sí mismo por medio de la creación y la providencia de maneras que son claras para todas las personas, no dejando a nadie sin un testimonio de sí mismo.7 Él también se reveló a sí mismo a través de palabras específicas, para que pudiéramos llegar a un conocimiento más pleno de su carácter y su voluntad,8 y aprender lo que es necesario para la salvación y la vida.9 A través del recurso del lenguaje humano,10 el cual es apropiado e idóneo para la comunicación con aquellos que portan su imagen, Dios ha preservado en la Santa Escritura la única revelación autoritativa y completa para toda la humanidad. 11
El Origen de la Escritura
Toda la Escritura es exhalada por Dios,12 habiendo sido entregada de manera exacta a través de varios autores humanos por la inspiración y acción soberana del Espíritu Santo.13 Nosotros, por lo tanto, recibimos los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamentos como la Palabra de Dios perfecta, infalible, y autoritativa. Puesto que la plenitud de la revelación fue dada en Cristo y en su obra redentora terminada, ninguna nueva revelación normativa será ni necesitará ser dada hasta que Cristo regrese.14 En sus manuscritos originales, la Escritura como un todo (y todas sus partes es inerrante—sin error en todo lo que afirma.15 Debido a que hay un autor divino detrás de toda la Escritura, nosotros podemos con confianza llegar a tener un entendimiento harmonioso y doctrinalmente unificado del conjunto de la Escritura. Además, Dios en su amorosa providencia ha determinado preservar su Palabra como pura y confiable a lo largo de la historia,16 de la misma manera en que guio a la iglesia primitiva a discernir e identificar el canon de la Escritura que Él inspiró.
Los Atributos de la Escritura
Los creyentes viven por cada palabra que procede de la boca de Dios.17 La Palabra de Dios es, por lo tanto, necesaria y completamente suficiente para conocer el amor de Dios en Cristo, para experimentar su glorioso plan de redención y para ser instruidos en cómo vivir de una manera fructífera y piadosa.18 La Palabra de Dios es clara, y todo lo que necesitamos para conocer a Dios, amarlo, y tener comunión con Él puede ser claramente entendido a través de medios ordinarios, sin tener que apelar a ninguna autoridad humana.19 Aunque no toda la Escritura es igualmente clara, cuando su significado intencional es malentendido, la falla no yace en la claridad de la comunicación de Dios, sino en el receptor.20 Solamente la Escritura es nuestra autoridad suprema y final, y la norma para la fe y la vida. A las Escrituras no se les debe añadir ni se les debe quitar, y todos los credos, confesiones, enseñanzas y profecías deben ser probados por la autoridad final de la Palabra de Dios.21
La Recepción de la Escritura
Llegamos a saber que la Biblia es la Palabra de Dios, a través de la propia autoridad para dar testimonio de sí misma22 que posee la Escritura y por la obra del Espíritu Santo dando testimonio por medio de la Palabra en nuestros corazones.23 Cuando las Escrituras son predicadas y leídas,24 el Espíritu se deleita en iluminar nuestras mentes para que nosotros entendamos, atesoremos y obedezcamos su Palabra.25 El significado propuesto por Dios es revelado a través de las intenciones de los autores humanos inspirados, confiriendo a la verdad de la Palabra de Dios una firme realidad histórica. Por lo tanto, la Biblia debe ser interpretada en una postura de oración de acuerdo a su contexto e intención original, con la debida consideración a la naturaleza progresiva de la revelación y a la interpretación colectiva de creyentes a lo largo de las edades.26 A fin de cuentas, la Escritura interpreta a la Escritura, y el significado de cada texto debe ser entendido a la luz del todo en su conjunto. A medida que nos consagramos a la Palabra de Dios,27 tenemos comunión con Dios mismo y somos edificados en la fe, santificados del pecado, fortalecidos en la debilidad y sostenidos en el sufrimiento por su inmutable revelación a través de la Escritura.28
Footnotes
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Gen 1:3; Jn. 1:1; 17:5; Heb 3:7. ↩
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Gen 1; Sal 33:9; 147:18; 148:5; Col 1:15-17; Heb 11:3. ↩
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Sal 29; Lam 3:37-38; Isa 46:8-11; Col 1:15-17; Heb 1:3. ↩
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Duet 29:29; 1 Sam 3:21. ↩
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Gen 1:26; Gen 2:15-17. ↩
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Hec. 17:24-27. ↩
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Gen 3:8-9; Sal. 19:1-6; Os 2:20; Jn 10:14-15; Hec. 14:17; Rom 1:19-21. ↩
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Sal 19:7-11. ↩
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2 Tim 3:15-17; 2 Ped 1:3-4. ↩
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Exod 32:16; Heb 1:1-2. ↩
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Ap 22:18-19. ↩
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2 Tim 3:16; 1 Tes 2:13. ↩
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2 Ped 1:19-21. ↩
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Heb 1:1-2; Ap 22:18-19. ↩
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Sal 119:160; Prov 30:5-6; Jn 10:35. ↩
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Sal 12:6-7; Mar 13:31. ↩
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Mat 4:4. ↩
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Rom 10:13-17; 2 Tim 3:15-17. ↩
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Deut 30:11-14; Sal 19:7; 119:130; Hec 17:1. ↩
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Luc 24:25; Jn 8:43. ↩
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Ap 22:18-19. ↩
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2 Ped 1:17-19; Luc 16:29-31; Heb 4:12-13. ↩
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1 Cor 2:14; 2 Cor 3:14-16; Sal 119:18, 27, 34, 73. ↩
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1 Tim 4:13; 2 Tim 4:1-2. ↩
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Sal 19:7-11; Stg 1:22-25. ↩
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2 Tim 2:15. ↩
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Deut 6:6-7; Sal 1:1-2; 119:1; Jos 1:8. ↩
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Isa 50:4; 55:10-11; Jer 23:29; Jn 17:17; Hec 20:32; Rom 15:4; 1 Tes 2:13; Heb 4:12 ↩