CREACIÓN, PROVIDENCIA Y EL HOMBRE
Dios Crea y Gobierna Todas las Cosas
En el principio, el Dios trino libremente creó de la nada el universo y todo lo que en él hay por la palabra de su poder, todo para su beneplácito y la manifestación de su gloria.1 Dios declaró la totalidad de su creación como muy buena,2 y aun en su condición caída esta cuenta de la grandeza3 de Dios y ha de ser fuente de deleite4 y administrada para su gloria.5 Como Creador supremo, Dios está separado de y es trascendente sobre todo lo que Él ha hecho.6 Como Señor soberano, Él está presente con su creación para sustentar todas las cosas,7 gobernar a todas las criaturas, y dirigir todas las circunstancias de acuerdo a su santa y amorosa voluntad.8 En todo Dios actúa eminentemente para su gloria9 y para el bien de su pueblo en Cristo,10 concediéndonos gran consuelo y esperanza inconmovible en el amor, la sabiduría y la fidelidad de Dios para con nosotros en esta vida y en la eternidad.11
La Creación del Hombre a Imagen de Dios
Dios creó al hombre, varón y hembra,12 a su propia imagen13 como la corona de la creación y el objeto de su cuidado especial.14 Dios directamente creó a Adán del polvo de la tierra,15 y a Eva del costado de Adán,16 como los padres de toda la raza humana.17 Ellos fueron creados para conocer y glorificar a su Hacedor por medio de confiar en su bondad y de obedecer su palabra.18 Dios les dio dominio sobre toda la creación, para llenar, sojuzgar, y administrar la tierra como sus representantes.19 Todos los seres humanos han sido igualmente creados a imagen de Dios.20 A pesar de los efectos de la caída sobre la humanidad pecaminosa,21 todas las personas siguen siendo portadores de la imagen de Dios, capaces de tener comunión con Él y poseedores de una dignidad y un valor intrínsecos en cada etapa de la vida desde la concepción hasta la muerte.22 La redención en Cristo restaura progresivamente a hombres y mujeres caídos a su verdadera humanidad a medida que son conformados a la imagen de Cristo.23
El Hombre como Varón y Hembra
Hombres y mujeres están ambos hechos a imagen de Dios y son iguales delante de Él en dignidad y valor.24 El género, designado por Dios a través de nuestro sexo bilógico, no es por lo tanto incidental para nuestra identidad ni fluido en su definición, sino que es esencial para nuestra identidad como varón y hembra. Aunque la caída distorsiona y daña el diseño de Dios para el género y su expresión,25 estos permanecen como parte de la belleza del orden creado por Dios. Los hombres y las mujeres reflejan y representan a Dios de maneras distintas y complementarias, y estas diferencias han de ser honradas en todas las dimensiones de la vida. El negar o tratar de eliminar estas diferencias equivale a distorsionar una manera fundamental en la que nosotros glorificamos a Dios como varón y hembra.
Matrimonio, Sexualidad, y Soltería
La masculinidad y feminidad bíblicas enriquecen el florecimiento humano en todas sus dimensiones. Dios instituyó el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer quienes se complementan uno al otro en una unión que los hace una sola carne26 y que a fin de cuentas funciona como un tipo de la unión entre Cristo y su iglesia.27 Esto permanece como el único patrón normativo de relaciones sexuales para la humanidad. Los esposos han de ejercer su rol de cabeza del hogar sacrificialmente y con humildad,28 y las esposas han de servir como ayudas para los esposos, apoyándolos y sometiéndose voluntariamente a su liderazgo.29 Juntos estos roles complementarios traen gozo y bendición a cada uno y despliegan la belleza de los propósitos de Dios para el mundo. Los hombres y mujeres solteros no son menos capaces de disfrutar y honrar a Dios ni menos importantes para sus propósitos. Ellos también han de dar expresión a la imagen de Dios de maneras distintas y complementarias, floreciendo como sus portadores de imagen y trayéndole gloria en su soltería.30
Footnotes
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Gen 1; Sal 19:1; 33:6; Juan 1:3; Col 1:15-17; Heb 11:3; Apo 4:11. ↩
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Gen 1:31. ↩
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Sal 19:1-6; Rom 1:20. ↩
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Sal 111:2; 1 Tim 4:4. ↩
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Gen 1:26, 28; Sal 8. ↩
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1 Reyes 8:27; Isa 6:1; 66:1. ↩
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Sal 145:15; 147:8-9; Luc 12:24; Heb 1:3. ↩
-
Efe 1:11; Rom 8:28-29 ↩
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Isa 43:7; Efe 1:6, 12. ↩
-
Gen 50:20; Rom 8:28; Efe 1:22. ↩
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Rom 5:3-5; 8:31; Fil 1:6; 1 Ped 4:19; Judas 24. ↩
-
Gen 1:27. ↩
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Gen 1:26-27; 9:6. ↩
-
Sal 8:4-8. ↩
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Gen 2:7. ↩
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Gen 2:22. ↩
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1 Cor 15:22, 45-49. ↩
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Gen 2:16-17; Ecle 3:11; Isa 43:7; Rom 1:19-21. ↩
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Gen 1:26, 28. ↩
-
Gen 9:6; Sant 3:9. ↩
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Rom 3:23; Efe 2:1; 4:18; Col 1:21. ↩
-
Sal 139:13-16; Jer 1:5; Rom 14:8; Sant 3:9. ↩
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Rom 8:29; 2 Cor 3:18; Efe 4:24; Col 3:10. ↩
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Gen 1:27; 9:6; Gal 3:28; Sant 3:9. ↩
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Gen 3:16-19. ↩
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Gen 2:18-25. ↩
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Efe 5:31-33. ↩
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Efe 5:25-30; Col 3:19; 1 Ped 3:7. ↩
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Gen 2:18; Efe 5:22-24; Col 3:18; 1 Ped 3:1-2 ↩
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E. g.1 Cor 7:6-8; Luc 2:36-37 ↩