En la abundancia y el sufrimiento

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Lo mío es tuyo


Entendiendo el concepto de unidad

  • La unidad en el matrimonio es una realidad espiritual de la pareja  que ocurre desde el momento en que intercambian votos el día de su boda.
  • Esa unidad se refleja de varias formas:
    • la unidad física de la unión sexual,
    • la unidad emocional de la amistad y el compañerismo,
    • la unidad material de los bienes compartidos.
  • Este último aspecto genera muchos conflictos matrimoniales en la actualidad.
    • Cuando nos unimos en matrimonio no deben existir bienes que estén fuera del alcance de ninguno de los cónyuges, pero cada día existen más matrimonios con división de bienes.
    • Y la razón es la influencia de la sociedad humanista e individualista en la que vivimos hoy en día.

  •  Uno de los aspectos más importantes a considerar al entrar en una relación matrimonial es la vulnerabilidad.
    • Al contraer matrimonio tú te expones a dar todo lo que eres y tienes, tanto emocional como materialmente, a la persona con la que te estás uniendo.
    • Una de las razones por las que hay cada vez más divorcios es porque las personas entran al matrimonio con una estrategia de salida.
    • Pero para el creyente esta no debe ser una alternativa porque nos casamos hasta que la muerte nos separe.
  • Debemos reconocer que una parte esencial del matrimonio es colocarnos voluntariamente en una posición vulnerable, y eso también implica que no debe ser fácil salir del matrimonio.
    • Somos vulnerables físicamente al vernos desnudos frente a nuestro cónyuge y exponer así nuestro estado más íntimo y personal.
    • Somos vulnerables emocionalmente cuando nos entregamos en amor y por completo a nuestra pareja, pues…
    • Dios nos llama a amarnos con una entrega absoluta.
    • Y somos vulnerables en lo material cuando les decimos a nuestros cónyuges que todos nuestros bienes son suyos y que están a su entera disposición.

Todo le pertenece a Dios

  • Uno de los principios bíblicos que nos ayuda a no ser egoístas con nuestros bienes materiales es la realidad de que todo lo que tenemos no nos pertenece, sino que le pertenece a Dios.
  • No somos dueños de nada sino solo mayordomos de las cosas que Dios nos ha provisto. Somos solo administradores temporales de Sus bienes porque, así como llegamos a este mundo, así partiremos.
  • Dios es el dueño de todo y, por consiguiente, debería ser fácil compartir las cosas que Él nos ha dado y administrarlas junto con la persona que también Él nos ha dado y con quien somos una sola carne (leer Prov. 19:14). Dios nos declara lo anterior en el Salmo  24:1 y Heb. 2:10 (leerlos).

14 Casa y riqueza son herencia de los padres,
Pero la mujer prudente viene del Señor.

1 Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
El mundo y los que en él habitan.

36 Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.

16 Amados hermanos míos, no se engañen. 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.

  • Ambos textos nos dicen que somos simples mayordomos de lo que Dios nos provee de forma individual, hasta que Dios nos une con nuestro cónyuge,
    • para ahora ser comayordomos de lo que Dios le provee a nuestro matrimonio.
    • Este principio de la mayordomía debe gobernar el matrimonio, reconociendo que el fin de todos los bienes materiales es la gloria de Dios.
  • Una mentira que nos creemos con frecuencia es que si yo gané algo con el sudor de mi frente, entonces es mío.
    • Cuando ambos cónyuges trabajan, por lo general piensan que cada uno puede ir a hacer compras sin consultar con el otro, o sin apegarse al presupuesto familiar.
    • El pensamiento es: “Si yo trabajo, yo me lo merezco”. Pero la verdad es que, desde que nos casamos, trabajamos para el beneficio de la familia y no del individuo.
    • Puede haber temporadas cuando uno de los cónyuges no trabajará, pero ambos deben tener claro que todo el dinero que entra por cualquiera de los dos no es solo de uno, sino de ambos.
    • En otras palabras, el que no trabaja no debe sentir que el dinero que entra es solo del cónyuge que lo produce, y el que trabaja no debe pensar que el dinero es solo de su propiedad.

No ser tacaño, sino disfrutar sin despilfarrar

  • Muchos matrimonios cuentan con dos tipos diferentes de personas: uno que le gusta gastar y otro que no le gusta gastar.
    • Ambos se sienten atacados; uno siente que el otro no deja que compre nada y el otro cree que se está malgastando el dinero.
    • Ambos deben aprender a disfrutar de la provisión de Dios sin poner su esperanza en seguir obteniendo cosas.

17 A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.

  • Si estamos siendo buenos mayordomos, generosos y fieles con las prioridades que Dios nos marca en Su Palabra, es un regalo de Dios el poder usar parte del dinero que nos provee para otros disfrutes.
  • Nunca olvidemos que ambos cónyuges se necesitan el uno al otro.
    • El conservador necesita del otro para poder disfrutar de los regalos de Dios.
    • El gastador necesita del otro para no despilfarrar dejándose llevar por sus impulsos.
    • Ambos se necesitan para equilibrarse en la mejor forma de usar los bienes provistos por Dios. Así evitaremos ver los recursos financieros como disponibles solo para gastarlos, así como el llegar a estar obsesionados por la avaricia.

Usar los bienes para la gloria de Dios

31 Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.

  • Uno de los principios que debe gobernar el manejo de nuestros recursos es la gloria de Dios.
  • 1ª Cor. 10:31 nos dice que todo lo que hagamos sea para la gloria de Dios.
  • Ya se dijo antes que el fin principal del matrimonio no es mi satisfacción o alcanzar mi felicidad, sino que Dios sea glorificado a través de la forma en que reflejamos la relación entre Cristo y la Iglesia.
  • Por lo tanto, debemos buscar que cada centavo que usamos, cada posesión que adquiramos o disfrutemos, traiga gloria a nuestro Dios.

Maneras de hacerlo

  • Una importante manera de glorificar a Dios es la generosidad que debe caracterizar a todo matrimonio cristiano.
    • Todos los creyentes estamos llamados a ser generosos en el sostenimiento de la obra de proclamación del evangelio, y para ello, nuestra más alta prioridad debe ser aportar para la expansión del reino de Dios ofrendando fielmente en nuestra iglesia local.
    • Pero también debemos ser generosos el uno con el otro, pues existen muchos matrimonios donde uno de los dos controla todos los gastos. Él tiene todos los juguetes que desea, mientras que ella, a duras penas puede comprar un par de cosas que necesita o que le gustaría tener.

El evangelio

32 El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?

  • Si todo le pertenece a Dios y Él lo ha dado todo por nosotros (indicativo), entonces podemos ser generosos.
    • El evangelio nos revela la mayor muestra de generosidad de la historia  de la humanidad:
    • Dios dio lo más preciado que tenía para que seres pecadores, enemigos suyos, fueran no solo reconciliados con Él, sino hechos hijos amados. Leer Rom. 8:32.
    • Cuando se nos dificulte ser generosos, debemos meditar en la generosidad de Dios para con nosotros, y eso nos motivará y capacitará para ser generosos en nuestro matrimonio.
    • Que la generosidad de Cristo (indicativo) nos ayude a ser generosos.

Sufrimos juntos

  • La unidad de un matrimonio se puede ver muy afectada por el sufrimiento.
    • Muchos se casan con la esperanza  de que vivirán un cuento de hadas por siempre.
    • Por eso, cuando comienzan a experimentar sufrimiento, no saben cómo manejarlo y el matrimonio entra en problemas.
  • Creer que el sufrimiento es algo por lo que nunca pasaremos es ingenuo y contrario a la enseñanza clara de la Biblia y a la realidad de nuestra existencia en un mundo caído.
    • Y como el sufrimiento puede destruir o unir un matrimonio, necesitamos tener una teología correcta del sufrimiento para que cuando este llegue.
    • Podamos sufrir juntos y no terminemos separándonos producto del dolor inesperado.

La teología del sufrimiento

4 Por lo cual nosotros mismos hablamos con orgullo de ustedes entre las iglesias de Dios, por su perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportan. 5 Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que sean considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad están sufriendo.

  • La Biblia nos enseña que vivimos en un mundo caído, donde todos experimentaremos diferentes tipos de sufrimiento.
  • En 2ª Tes. 1:4-5 Pablo afirma que las persecuciones y aflicciones son una señal positiva de nuestra participación en el reino de Dios.
  • Uno de los retos que vivimos en el mundo actual es que la gracia común por medio de la tecnología ha disminuido el sufrimiento a nuestro alrededor.
    • Los avances de la medicina han aumentado la expectativa de vida,
    • los adelantos en la agricultura han hecho posible una mayor producción y acceso a alimentos,
    • y en muchos países se vive en un nivel de lujo como nunca antes en la historia.
  • Hoy estamos muy poco acostumbrados a la dificultad y al dolor.
    • Vivimos en la era de los microondas y los analgésicos
    • donde todo es rápido, fácil de conseguir y parece que cualquier dolor es fácil de eliminar.
    • Por eso se nos hace difícil decir “!Amén!” a lo que el apóstol Pedro nos escribió también a nosotros hace dos mil años:

12 Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. 13 Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría.

  • El que lleguemos a sufrir nos sorprende porque muy dentro de nosotros, aunque no lo admitamos, tendemos a creer que merecemos o que deberíamos vivir libres de aflicciones.
  • Por eso cuando sufrimos o vemos a un ser amado sufrir, caemos en la tentación de hacer la pregunta perenne: “¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer esto?”.
  • El no estar preparados o la falta de conocimiento bíblico nos hace pensar que el sufrimiento no es algo que debamos experimentar y nos sorprendemos y nos afecta más de lo que debería.

¿Sufrimiento o inconveniente?

  • Otro grave problema con el entendimiento del sufrimiento es que muchos igualan al sufrimiento con dificultades o inconveniencias personales.
  • Por ejemplo, los que usan Facebook tal vez han visto casos en los que a una persona se le cae y se le rompe el celular y siente que su vida está hecha pedazos.
    • Otros piensan que si no tienen un automóvil, los deberían canonizar;
    • o que si los hijos no tienen un patio grande nunca serán felices.
    • Claro que no es pecado tener y disfrutar esas cosas. El problema es que, cuando no las tenemos, las agrandamos hasta el punto de que las igualamos con una experiencia de sufrimiento y terminamos deprimidos, esperando que muchos nos consuelen.
  • Lo cierto es que ese tipo de dolor es solo producto de que estamos siendo demasiado egocéntricos, materialistas y que apreciamos más las cosas creadas que al Creador.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.

  • Cuando vivimos así, la ayuda que se nos promete en la 2ª Carta a los Corintios, de recibir el consuelo de la presencia de Dios, no nos ayudará mucho, porque cuando lo que más deseo es un celular o un automóvil, la presencia de Dios no será nunca mi satisfacción final.
  • Tenemos que aprender a discernir qué es verdadero sufrimiento y qué es solo un inconveniente.
    • Familias con niños en condiciones especiales,
    • personas con diagnósticos de enfermedades crónicas,
    • hermanos que están siendo perseguidos por su fe,
    • relaciones rotas, un periodo largo de desempleo…
      • esos sí son sufrimientos.
  • La falta de ciertas comodidades puede ser considerada como un inconveniente, pero nunca como un sufrimiento.
  • Cuando las vemos como sufrimientos estamos siendo personas superficiales que solo está centradas en sí mismas.
  • Una persona que confunde inconveniente con sufrimiento necesita arrepentirse de ese pecado y cultivar el contentamiento bíblico.

Enfrentando el sufrimiento juntos

  • En el matrimonio  debemos ser capaces de diferenciar entre sufrimiento e inconveniente
  • Cuando experimentemos verdadero sufrimiento, debemos comprometernos a sufrir juntos y no separados.
  • Puesto que somos una sola carne, las situaciones difíciles que pasemos al vivir en un mundo caído, las vamos a usar, por la gracia de Dios, para unirnos y nunca para separarnos.

Distinguir sufrimiento de inconveniente

  • ¿Cómo puedo evitar igualar un inconveniente con un sufrimiento, y ser animado cuando estoy sufriendo?
  • Basta con recordar que alguien ya sufrió por nosotros más de lo que nosotros sufriremos en toda nuestra vida.

3 Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón. 4 Porque todavía, en su lucha contra el pecado, ustedes no han resistido hasta el punto de derramar sangre.

  • Cuando vemos cuánto sufrió por nosotros, podemos discernir si realmente estamos sufriendo o solo pasando por un inconveniente.
  • Ver el sacrificio de Jesús a nuestro favor, nos ayuda a enfrentar el sufrimiento con esperanza, siempre juntos y nunca por separado.

Yo te necesito

18 Entonces el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada». 19 Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ese fue su nombre. 20 El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él. 21 Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. 22 De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. 23 Y el hombre dijo: «Esta es ahora hueso de mis huesos,
Y carne de mi carne.
Ella será llamada mujer,
Porque del hombre fue tomada». 24 Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban.

  • En este pasaje  encontramos la base bíblica del matrimonio, y nos muestra que Dios creó al  hombre y a la mujer para que ambos se necesiten mutuamente.
    • El hombre estaba solo y necesitaba de una ayuda idónea. También vemos que la mujer necesita del  hombre para ser creada.
    • Hay una dependencia manifiesta en este texto porque Dios no creó a la mujer aparte del hombre, la creó del hombre. Este texto fundamental nos revela que tanto el hombre como la mujer necesitan el uno del otro.

  • Debemos entender que, salvo las personas que tienen el don de ser célibes, necesitamos tener una compañía que nos complemente.
    • El mundo ataca cada vez más la masculinidad y feminidad bíblica, y promueve la independencia de los cónyuges.
    • Los creyentes estamos llamados a vivir y celebrar nuestra complementariedad.
    • lo hacemos dependiendo de la compañía que Dios nos dio, porque así reflejamos la unidad en el matrimonio.
    • Dependemos al permitir que nuestra pareja tenga responsabilidades que nos complementan o incluso nos completan.

El problema de los padres

  • Dios nos ordena dejar la familia y unirnos  con nuestra pareja  para formar una familia nueva.
    • Pero hay matrimonios que no rompen el cordón umbilical con sus familias de origen, y que todavía dependen de sus padres de muchas maneras no saludables.
    • Somos llamados a honrar a los padres, pero también a crear un nuevo núcleo familiar en donde la mayor dependencia esté en la relación de esposo y esposa.

La mentira de la autosuficiencia

  • Nos cuesta reconocer que nos necesitamos profundamente porque nos hemos creído la mentira de la autosuficiencia.
    • Para todos los que no tenemos el don de ser célibes, es mejor  estar acompañados.
    • Muchos matrimonios piensan en el divorcio tan pronto como aparecen algunas dificultades, porque se creen la mentira de que es mejor estar solos.
  • Otros cuestionan si se casaron con la persona correcta.
    • Si estás legítimamente casado con tu pareja, esa es la persona correcta, porque fue Dios mismo quien orquestó de forma soberana que conocieras y te unieras a esa persona.
    • Si ya has pronunciado los votos delante de Dios y de testigos, si ya has formado una familia, entonces debes rechazar todo pensamiento que te lleva a considerar una posible separación, o que te haga creer que podrás funcionar mejor de forma independiente.
  • Si estás casado con un creyente, esa persona es la expresión más cercana del Cuerpo de Cristo  con quien debes relacionarte y de quien debes depender, aunque también debemos relacionarnos con y depender de otros miembros de nuestra iglesia local, pues eso es parte del diseño de Dios para nuestras vidas.
  • Si tu cónyuge no conoce al Señor, en 1ª Cor 7:13-14 Pablo nos dice que ellos son santificados al estar casados con un creyente.

  • Surgirán muchos problemas cuando nos veamos como enemigos y no como lo que realmente somos, ayuda y apoyo mutuo.

    • Nunca veamos a nuestro cónyuge como alguien que se opone a nuestras metas y desarrollo personal.
    • Nos arrepentimos de nuestro individualismo  y de poner nuestros sueños por encima del bien del matrimonio cuando vemos a nuestro cónyuge como nuestro aliado en lugar de nuestro enemigo.
    • El hecho de que él o ella piense diferente a nosotros o tenga diferentes dones o sensibilidades no lo convierte en nuestro enemigo, sino al contrario, eso lo capacita para complementarnos mejor y ser de más ayuda para nosotros.
  • En medio de las diferencias que traemos al  matrimonio por nuestras personalidades, preferencias e incluso por nuestro pecado, algo que debemos comunicar de forma constante es que estamos en el mismo equipo. Vamos a tener desacuerdos, diferentes perspectivas, muchos roces, pero nunca debemos dudar de que siempre estamos a favor del otro.

    • Algo que puede ayudarnos a crecer en unidad y dependencia mutua es tomarnos el tiempo para identificar en qué áreas nos necesitamos, y qué fortalezas de mi cónyuge me ayudan porque complementan mis debilidades.

El modelo de la trinidad

  • La Trinidad nos modela la dependencia que debe reflejar nuestro matrimonio.
    • Piensa en esto: cada persona de la Trinidad es realmente Dios, pero cada uno depende profundamente del resto de las personas de la Trinidad.
    • El Hijo dependió totalmente del Padre y del Espíritu Santo durante Su ministerio terrenal. Él siempre mantuvo una perfecta comunión con el Padre por medio de la oración, y era empoderado por el Espíritu Santo para llevar a cabo Su misión. Cuánto más nosotros debemos depender de nuestros cónyuges y así fortalecer la unidad matrimonial.
  • Debemos arrepentirnos de toda autosuficiencia que nos engaña haciéndonos creer que podemos estar mejor solos.
    • Dios instituyó el matrimonio porque vio que no era bueno que el hombre estuviera solo.
    • Además, Él envió a Su Hijo para que nosotros nunca estuviéramos solos.
    • Él padeció la soledad de la  cruz para que tú y yo tengamos comunión con Él y comunión con Su pueblo.
    • Así que, meditemos en estas verdades para no ser orgullosos y realmente creer que necesitamos el uno del otro.  

Preguntas

para comentar en tu grupo

1.    ¿Con cuáles artículos, cuentas, actividades o espacios te es más difícil aceptar que también son propiedad de tu pareja y por qué?

2.    En las áreas de tu mayordomía en las que necesitas crecer (ser fiel en ofrendar, en planear y controlar los gastos, en ahorrar, etc.), ¿cómo te puede ayudar tu cónyuge?

3.    ¿Cómo respondes normalmente al sufrimiento? Menciona un ejemplo de algo que viste como sufrimiento cuando lo cierto es que era solo un inconveniente.

4.    ¿Qué piensas cuando tu pareja ve algo de manera muy distinta a como tú lo ves? Menciona dos áreas en las que tú eres débil y tu cónyuge es más fuerte.---