Sepa a quién usted pertenece

Verdad
De memoria (opción a): Levítico 26:12 «Y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo».
De memoria (opción b): 1 Tesalonicenses 5:23–24 «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará».
En la Biblia
La semana pasada usted estudió la enseñanza bíblica sobre la justificación y la adopción. Usted aprendió que el poder del evangelio para salvar tiene sus raíces en el hecho de que Dios —por Su gracia— imputó la justicia de Cristo a su cuenta cuando usted creyó en Él. También vio que la justificación quitó la enemistad entre usted y Dios, allanando el camino para su adopción en Su familia. Como hijo Suyo, ahora usted puede disfrutar de Su comunión y cuidado paternal. También puede esperar la herencia gloriosa que será suya cuando Cristo regrese. Luego usted fue desafiado a considerar cómo estas verdades deben influir en su forma de pensar sobre el mundo caído que le rodea y su interacción con él.
Los temas que estudió la semana pasada tratan la cuestión de cómo los pecadores pueden llegar al cielo. Esto plantea una pregunta muy personal y urgente que la gente se ha hecho durante siglos: «¿Cómo puedo estar seguro de que cuando muera iré al cielo?». Si esta pregunta aún no está resuelta en su mente, esta unidad le ayudará a entender cómo puede tener seguridad de su salvación.
Usted puede utilizar los pasajes de la sección En la Biblia en su adoración personal diaria. O, si tiene otro plan de lectura, asegúrese de aplicar específicamente esos pasajes a su vida y responder a ellos comprometiéndose con Dios en oración. No se olvide del enfoque OLPIRE para la adoración personal.
1 Guardarán Mis días de reposo, y tendrán en reverencia Mi santuario. Yo soy el Señor. 2 Si andan en Mis estatutos y guardan Mis mandamientos para ponerlos por obra, 3 Yo les daré lluvias en su tiempo, de manera que la tierra dará sus productos, y los árboles del campo darán su fruto. 4 Ciertamente, su trilla les durará hasta la vendimia, y la vendimia hasta el tiempo de la siembra. Comerán, pues, su pan hasta que se sacien y habitarán seguros en su tierra. 5 Daré también paz en la tierra, para que duerman sin que nadie los atemorice. Asimismo eliminaré las fieras dañinas de su tierra, y no pasará espada por su tierra. 6 “Ustedes perseguirán a sus enemigos y caerán a espada delante de ustedes. 7 Cinco de ustedes perseguirán a cien, y cien de ustedes perseguirán a diez mil, y sus enemigos caerán a espada delante de ustedes. 8 Me volveré hacia ustedes y los haré fecundos y los multiplicaré y confirmaré Mi pacto con ustedes. 9 Comerán las provisiones añejas y sacarán lo añejo para guardar lo nuevo. 10 Además, haré Mi morada en medio de ustedes, y Mi alma no los aborrecerá. 11 Andaré entre ustedes y seré su Dios, y ustedes serán Mi pueblo. 12 Yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para que no fueran esclavos de ellos; rompí las varas de su yugo y los hice andar erguidos. 13 “Pero si ustedes no me obedecen y no ponen por obra todos estos mandamientos, 14 si desprecian Mis estatutos y si su alma aborrece Mis ordenanzas para no poner por obra todos Mis mandamientos, quebrantando así Mi pacto, 15 Yo, por Mi parte, les haré esto: Pondré sobre ustedes terror repentino, tisis y fiebre que consuman los ojos y hagan desfallecer el alma. En vano sembrarán su semilla, pues sus enemigos la comerán. 16 Fijaré Mi rostro contra ustedes, para que sean derrotados delante de sus enemigos; los que los aborrecen los dominarán y ustedes huirán sin que nadie los persiga. 17 Y si aun con todas estas cosas no me obedecen, entonces los castigaré siete veces más por sus pecados. 18 También quebrantaré el orgullo de su poderío, y haré sus cielos como hierro y su tierra como bronce. 19 Y sus fuerzas se consumirán en vano, porque su tierra no dará su producto y los árboles de la tierra no darán su fruto. 20 “Si proceden con hostilidad contra Mí y no quieren obedecerme, aumentaré la plaga sobre ustedes siete veces conforme a sus pecados.
Levítico 26:1–20. Este pasaje presenta un breve resumen de la alianza de Dios con Israel. Aquí encontrará bendiciones prometidas por la obediencia, y la maldición prometida por la desobediencia. Pero el punto clave de estas estipulaciones del pacto es la promesa del Evangelio y la seguridad de la fidelidad del pacto de Dios.
Después de leer este pasaje, ¿cuálescree usted que son las promesas principales de este pasaje? (Sugerencia: busque las promesas que tienen que ver con la relación de Israel con Dios).
¿Qué seguridad le dio Dios a Israel de que Él cumplirá Sus promesas de pacto con ellos?
Tenga en cuenta la naturaleza y el fundamento de las promesas que Dios dio a Israel aquí. De este pasaje solo, ¿qué podría usted deducir de la enseñanza bíblica sobre la seguridad de la salvación para los creyentes del Nuevo Testamento?
22 Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con Sus discípulos, sino que Sus discípulos se habían ido solos. 23 Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias. 24 Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco Sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús. 25 Cuando lo hallaron al otro lado del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?». 26 Jesús les respondió: «En verdad les digo, que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado. 27 Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello». 28 Entonces le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». 29 Jesús les respondió: «Esta es la obra de Dios: que crean en el que Él ha enviado». 30 Le dijeron entonces: «¿Qué, pues, haces Tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”». 32 Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que no es Moisés el que les ha dado el pan del cielo, sino que es Mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo». 34 «Señor, danos siempre este pan», le dijeron. 35 Jesús les dijo: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed. 36 Pero ya les dije que aunque me han visto, no creen. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. 40 Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final».
Juan 6:22–40. Este pasaje se refiere a las consecuencias de la alimentación milagrosa de los cinco mil. Aquí Jesús enseñó a las multitudes acerca de lo que es mucho más importante que una comida milagrosa.
Busque las promesas que Jesús hizo aquí. ¿Ve alguna similitud entre estas promesas y las declaradas por Moisés en Levítico 26? Explique.
¿Qué papel juega Dios Padre en asegurar la promesa de la vida eterna? ¿Y qué papel juega el Hijo?
31 Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Tal como está escrito: «Por causa Tuya somos puestos a muerte todo el día;
Somos considerados como ovejas para el matadero». 37 Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:31–39. Aquí Pablo resume las implicaciones del poder de Dios, Su amor, Sus promesas y Su obra de redención en Cristo por Su pueblo.
¿Quién es el «nosotros» y el «nos» en este pasaje? ¿Cómo definiría este grupo? ¿Es usted uno de ellos? ¿Cómo lo sabe?
¿Cómo deberían sentirse estos «nosotros» acerca de sus perspectivas eternas? ¿Son los sufrimientos presentes alguna indicación de cómo será su eternidad?
1 Esta es la tercera vez que voy a visitarlos. Por el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos. 2 Dije previamente, cuando estuve presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente, lo digo de antemano a los que pecaron anteriormente y también a todos los demás, que si voy otra vez no seré indulgente, 3 puesto que ustedes buscan una prueba del Cristo que habla en mí. El cual no es débil para con ustedes, sino poderoso en ustedes. 4 Porque ciertamente Él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en Él, sin embargo, viviremos con Él por el poder de Dios para con ustedes. 5 Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen a ustedes mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos de que en verdad no pasen la prueba? 6 Pero espero que reconocerán que nosotros no estamos reprobados.
2 Corintios 13:1–6. En este pasaje disciplinario, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto a asegurarse de que realmente son cristianos.
Pablo les dice a los creyentes de Corinto, «Examinaos a vosotros mismos…probaos a vosotros mismos…» (versículo 5). ¿Cómo pueden los cristianos probar la autenticidad de su propia fe?
23 Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es Aquel que los llama, el cual también lo hará.
1 Tesalonicenses 5:23–24. Estos versículos nos recuerdan la fidelidad y el poder de Dios. En última instancia ¿quién es responsable de su destino eterno? ¿Usted? ¿Dios? Explique.
3 Pues Su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. 4 Por ellas Él nos ha concedido Sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos. 5 Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadan a su fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, 7 a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. 8 Pues estas virtudes, al estar en ustedes y al abundar, no los dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. 10 Así que, hermanos, sean cada vez más diligentes para hacer firme su llamado y elección de parte de Dios. Porque mientras hagan estas cosas nunca caerán. 11 Pues de esta manera les será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2 Pedro 1.3-11.En estos versículos Pedro explica las implicaciones de la obra redentora de Dios en Su pueblo.
Pedro expresa que el pueblo de Dios debe manifestar un crecimiento espiritual. ¿Por qué? (Ver versículos 3–4)
Pedro aconseja a sus lectores asegurar su «vocación y elección» (v. 10). Esto implica que podían hacer algo para asegurarse a sí mismos que ellos son de hecho el pueblo de Dios. Tenga en cuenta que asegurarse a sí mismo (lo cual podemos hacer), no es lo mismo que salvarse a sí mismo (lo cual no podemos hacer). ¿Cómo puede el pueblo de Dios asegurarse a sí mismo de que realmente es el pueblo de Dios?
1 Miren cuán gran amor nos ha otorgado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a Él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es. 3 Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro. 4 Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley. 5 Ustedes saben que Cristo se manifestó a fin de quitar los pecados, y en Él no hay pecado. 6 Todo el que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto ni lo ha conocido. 7 Hijos míos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como Él es justo. 8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. 9 Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar, porque es nacido de Dios. 10 En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.
1 Juan 3:1–10. En este pasaje, Juan da a sus lectores una prueba para poder discernir quiénes son y no son hijos de Dios.
¿Qué prueba da Juan a sus lectores?
¿Cuál es el peso de la evidencia de esta prueba? ¿Es una prueba concluyente, una evidencia fuerte o una evidencia débil? ¿Se podría utilizar esta prueba para «probar» que alguien (incluido usted) es o no es un hijo de Dios? Explique.
Para resumir
«¿Cómo puedo estar seguro de que cuando muera iré al cielo?»
Esta pregunta acerca de la muerte es la interrogante de vida primordial para el 80% de los estadounidenses que creen en algún tipo de vida más allá. No es sorprendente que la mayoría de ellos crean firmemente que irán al cielo cuando mueran. Después de todo, ¿quién desea creer en la otra alternativa? Pero cuando se les pregunta por qué creen esto, la mayoría de la gente no pueden dar una respuesta que sea más concreta que la esperanza, el temor o la sensación de que «Dios me debe» que ellos pueden sentir en su interior. Algunos pueden apelar a su propio merecimiento: «Soy una buena persona»; o pueden enfocarse en sus creencias más arraigadas acerca de Dios: «Dios es bueno. Él no me enviaría al otro lugar». Aún otros apelarán a una experiencia religiosa pasada: «Yo fui bautizado», o «Yo le pedí en oración a Jesús que entrara en mi corazón». Pero, ¿se apoya alguna de estas afirmaciones sobre una verdadera comprensión bíblica de la seguridad?
El hecho es que hay muchas personas que no tienen razón bíblica para pensar que irán al cielo, y sin embargo, se sienten muy seguras de que el cielo les espera. Esto es falsa seguridad. Por otro lado, hay muchos cuyo destino realmente es el cielo, sin embargo, les falta seguridad, o no poseen una comprensión bíblica de la misma. El objetivo de este material es aclarar la confusión y proporcionarle bases bíblicas sólidas para su esperanza del cielo.
La seguridad bíblica tiene sus raíces en una confianza inquebrantable de que Dios cumplirá Sus promesas a Su pueblo. Es la fe sin vista (2 Cor. 5:7) que poseen los hijos de Dios de que su padre mantendrá Su palabra. En Levítico 26:11–12 usted vio la mismísima esencia de las promesas de Dios en este gran mensaje del Evangelio, «Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo». La maravilla de esto es el simple hecho de que Dios prometió estar con Su pueblo, y que ellos estarían con Él. Y entonces, como prueba de su veracidad, Dios recordó lo que había hecho para salvar a Israel: «Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos…» (26:13).
De manera similar, Jesús, al hablar a la multitud que había alimentado milagrosamente, prometió Su fidelidad a todos los que vinieran a Él, «…y al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Además, Jesús prometió que Él tenía poder para llevar a cabo la voluntad del Padre, al decir que «…de todo lo que me diere, (el Padre) no pierda yo nada» (6:39), y que «…todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna» (6:40). En Sus palabras, usted puede escuchar el eco de la promesa de Dios a Israel: una promesa de abrazar a Su pueblo en cálida comunión y preservarlos en esa comunión de modo que nunca se perderían.
El apóstol Pablo pensó largo y tendido sobre las promesas de Dios que había oído repetidas y amplificadas en las palabras de Jesús y demostradas en Su muerte sacrificial. Las meditaciones de Pablo sobre estas cosas le llevaron a una ineludible conclusión: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom. 8:38-39). Escuche con atención la confianza de Pablo. ¿Dónde se basaba su seguridad? ¿En su vida moral ejemplar? ¿En su bautismo o incluso en la oración mediante la cual aceptó formalmente a Jesús como su Señor? No, la confianza de Pablo estaba anclada en la promesa amorosa de Dios de tener comunión con Su pueblo, y en Su obra poderosa en Cristo para salvar a Su pueblo. La seguridad bíblica es una inquebrantable confianza en la promesa de Dios de abrazarlo a usted y Su poder para guardarlo. No se trata tanto de creer que usted es salvo, sino más bien de creer en Aquel que salva. Se trata de saber a quién usted pertenece.
Pues bien, ¿a quién pertenece usted? ¿Lo sabe? ¿Está seguro? ¿Cómo puede saberlo con seguridad? Muchos cristianos erróneamente miran a su propia experiencia pasada para responder a estas preguntas. Tal vez tuvieron una experiencia espiritual inolvidable, un momento en el que pidieron a Jesús que entrara en sus corazones y se sintieron seguros de que habían nacido de nuevo. Este es un momento significativo y apreciado en la travesía espiritual de muchos cristianos, pero en sí mismo no es evidencia suficiente de que uno pertenece a Dios. Piense en ese momento como una ceremonia, al igual que en una boda. ¿Crea una ceremonia de bodas una relación de amor, o sella formalmente el amor que ya debería existir? ¿Garantiza una ceremonia de bodas que la relación de amor seguirá siendo fuerte y en crecimiento, o es un llamado a la pareja a una fidelidad que demuestre la autenticidad de su amor? La respuesta es obvia. Y de la misma manera, nuestras experiencias espirituales pasadas —independientemente de cuán memorables sean— demuestran ser genuinas a través del producto actual de esa experiencia.
Por lo tanto, la evidencia bíblica de que usted pertenece a Cristo no se encuentra en su pasado, se encuentra en su vida presente en Él. Es por eso que Pablo desafió a los corintios a examinar y probar la autenticidad de su fe en Cristo (2 Cor. 13:5). La implicación es que había algunos en la iglesia de Corinto que afirmaban conocer a Cristo, y probablemente creían que estaban en Cristo, sin embargo, el fruto de sus vidas hizo que Pablo pusiera esto en duda. Pedro también desafió a los cristianos de Roma: «tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás» (2 Ped. 1:10), asegurándose de que el poder de Dios para hacerlos personas piadosas (1:3), y Su promesa de hacerlos partícipes de Su naturaleza (1:4) en realidad tuviera como resultado su fecundidad espiritual. Del mismo modo, Juan hace la afirmación clara de que, «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Juan 3:9–10).
Vamos a repasar lo aprendido hasta ahora:
- La seguridad es una confianza inquebrantable en la promesa de Dios para salvar, y Su poder para guardar, a los que pertenecen a Él por medio de Cristo.
- Si usted pertenece a Él, esto se revela por medio del fruto presente de su vida, no por sus experiencias pasadas.
Ahora, ¿cómo puede aplicar esto a su vida? Si usted ha estado basando su seguridad en una experiencia pasada, ahora debería ver claramente que la seguridad se basa en las promesas y el poder de Dios, y que fluye de ver Su obra presente dando frutos de piedad en su vida.
Tal vez el fruto de su vida debe darle razones para creer que pertenece a Cristo, pero en este momento no se siente seguro de eso en absoluto. ¿Qué debe hacer? Use la Biblia para predicarse la verdad a sí mismo. Usted no puede deshacer la obra de la cruz, ni puede añadir a su poder, por lo que no tiene que preocuparse por ganar el amor y el favor de Dios. Conforte su alma mediante la meditación diaria en unos pocos versículos clave de los pasajes de estudio de la sección en la Biblia. Recuérdese a sí mismo que Dios cumple Sus promesas a Su pueblo y que Jesús nunca lo echa fuera ni lo perderá. Y mientras medita en estas verdades, ore para que el testimonio interior del Espíritu Santo, el Espíritu de adopción, se haga audible y claro en su corazón. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Rom. 8:16).
Pero, ¿y si usted vive consciente y habitualmente en desobediencia a Dios? ¿De qué manera se aplica a usted la enseñanza bíblica de la seguridad? Se aplica de esta manera: Usted no tiene base bíblica para tener seguridad de que pertenece a Dios. La falta de fruto espiritual en su vida no puede demostrar de manera concluyente que no pertenece a Dios, pero tampoco hay ninguna evidencia de que sí pertenezca. Por lo tanto, ¡preste atención a las advertencias de los apóstoles! Examínese a sí mismo. Pruébese. Asegúrese de su vocación y elección. Asegúrese de que ha nacido de Dios. Arrepiéntase y regrese a su primer amor, y demuestre así que el amor que declaró en el pasado es genuino. ¿Significa esto que para tener seguridad de la salvación usted tiene que ser algún tipo de superestrella religiosa de alto rendimiento? No, pero sí significa que la seguridad, la confianza de que usted pertenece a Dios, fluye desde la evidencia de que Él está obrando en su vida.
Entonces ¿de qué manera responde ahora a la pregunta sobre cómo puede está seguro que irá al cielo cuando muera? No es por ser una buena persona. No es porque usted fue bautizado. Ni siquiera es porque le pidió a Jesús que entrara en su corazón. Es porque Dios prometió estar con usted. Es porque Su hijo murió para salvarle y guardarle. Es porque Su Espíritu susurra a su corazón y obra en su vida.
En resumen, es porque usted sabe a quién pertenece.
Capacitación
Memorice los doce libros históricos del Antiguo Testamento utilizando el ejercicio de capacitación «Aprendiendo los libros del Antiguo Testamento» al final de la unidad anterior.
Recuerde su objetivo: Dentro de las próximas semanas usted deberá ser capaz de recitar de memoria los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento en su reunión de grupo. Considere el progreso y estado actual de su travesía espiritual.
- ¿De qué manera la enseñanza bíblica sobre la seguridad se aplica a usted en este momento? ¿Aclara esta enseñanza el fundamento de su confianza? ¿Constituye un consuelo? ¿Una advertencia? Explique.
- Cómo debe influir la seguridad bíblica en su perspectiva sobre la vida en este mundo?
Responsabilidad
Antes de su reunión del Grupo La Travesía, piense en las siguientes preguntas. Es posible que le hagan cualquiera de estas preguntas o que usted se las haga a otro miembro del grupo. Ellas le ayudarán a examinar su vida a la luz de la verdad que usted exploró esta semana. Éstas también les dan a otros miembros del grupo una oportunidad para animarle a vivir plenamente por Cristo. Abajo se deja un espacio para que pueda tomar notas durante las conversaciones de rendición de cuentas en su reunión de grupo.
- ¿Cómo está cambiando su cosmovisión?
- ¿Dirían sus amigos que su vida da evidencia de que usted pertenece a Cristo?
- ¿Está seguro de que va a ir al cielo cuando muera? ¿Por qué o por qué no?
- Describa la calidad y la constancia de su adoración personal esta semana.
- Comparta una manera en que aplicó la Escritura a su vida esta semana.
- ¿Oró con su cónyuge esta semana? ¿Es la oración una parte importante de su relación?
- ¿Qué es lo que más le decepciona (si es que existe algo) de su travesía espiritual hasta ahora?
Misión. Dialogando
«Pido a Dios que el compañerismo que brota de tu fe sea eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que compartimos» (Fil. 1:6, NVI).
«Les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”» (Mar. 16:15). Hay muchas maneras válidas para dar a conocer el mensaje del evangelio, pero el enfoque que usted aprenderá en La Travesía es una manera de hablar con la gente acerca de Jesús que es más bien conversacional, en lugar de ser una presentación, y se centra en desarrollar relaciones y no en la confrontación. Este enfoque no está orientado a entregar un folleto a un extraño o tocar a la puerta de alguien para hablar de su destino eterno. Se trata de entablar una conversación con alguien, mostrando un interés genuino en su vida y haciendo preguntas no amenazantes que podrían resultar en una oportunidad para dar a conocer el evangelio. El objetivo de este enfoque es desarrollar amistades que podrían facilitar una oportunidad para compartir un pequeño libro llamado La Respuesta, y que también una conversación posterior pueda dar lugar a una oportunidad para investigar el Cristianismo utilizando los folletos Temas de Vida.
La Respuesta es un pequeño libro de 80 páginas que explica la búsqueda humana de gloria, gracia y verdad. Es una lectura amena que resultará útil para presentar el evangelio a la gente. Los cuatro folletos Temas de Vida son una gran herramienta que puede utilizar para guiar a alguien en una investigación del Cristianismo. Estos ofrecen un enfoque breve para ayudar a alguien a comprender algunos de los grandes temas de la fe cristiana.
Ahora, ¿quién querría participar en una investigación de este tipo con usted? Está claro que no todo el mundo, ¿verdad? Las personas que estarían más abiertas para investigar el Cristianismo son aquellas con los que usted tiene algún tipo de conexión. Pueden ser amigos, vecinos o alguien con quien comparta una afición o deporte. Tal vez usted los ha servido de alguna manera. Tal vez se han abierto con usted acerca de problemas con su trabajo, el matrimonio o los niños. O, tal vez mediante sus oraciones por ellos, Dios ha creado una oportunidad para que usted pueda nutrir una conexión misional.
Así que, ¿cómo presentar a Jesús en una conversación con esta gente de una manera natural y no amenazante? Una de las claves es evitar hablar al principio acerca de ser «cristiano». La gente tiene ideas muy diferentes de lo que significa ser cristiano, por lo que inicialmente es mejor hablar de manera general sobre «espiritualidad» o «relación con Dios». Otra clave es entender que muchas personas que normalmente se alarmarían por una pregunta abrupta que desafíe sus creencias espirituales, se muestran abiertas a hablar de manera general acerca de esas creencias. Con estas claves en mente, usted puede conformar gradualmente una conversación para incluir asuntos espirituales utilizando algunas preguntas reflexivas sobre la vida espiritual. Esto le dará la oportunidad de compartir una copia de La Respuesta. Un ejemplo de cómo una conversación así podría desarrollarse se describe en la página siguiente. Cada conversación misional revelará si la persona con quien está hablando está abierta a discutir asuntos espirituales. Si es así, el aprender esta sencilla serie de preguntas le ayudará a participar en la misión de Cristo de dar a conocer el evangelio. Si no es así, por lo general es mejor retirarse rápidamente de los asuntos espirituales, y simplemente desarrollar una conexión a través de una conversación informal.
Introducción de La Respuesta
1. ¿Interés espiritual? «¿Tiene algún interés en las cosas espirituales?» Escuche atentamente su respuesta.
2. ¿Travesía espiritual? «¿Cómo describiría su travesía espiritual hasta ahora?» Escuche atentamente su respuesta. «En mi travesía espiritual, he descubierto que la comprensión de tres palabras respondió a mis preguntas principales sobre cómo tener una vida espiritual saludable y significativa: gloria, gracia y verdad».
3. ¿Ha oído hablar de La Respuesta? «¿Ha oído hablar de un pequeño libro de 80 páginas llamado La Respuesta que explica estas tres palabras?» Escuche atentamente su respuesta. «Yo tengo un libro conmigo y me encantaría dárselo si usted está interesado en leerlo.
4. ¿Quiere La Respuesta? «¿Desea tener un libro?» En caso afirmativo… «Después que lo lea me gustaría saber lo que piensa especialmente de las últimas cinco páginas. Creo que las encontrará especialmente interesantes».
La próxima semana usted aprenderá más acerca de la presentación de los folletos Temas de Vida. Hasta entonces, responda esta pregunta: ¿Cómo se siente acerca de tener una conversación como esta con alguien?
Oración
«En cambio ustedes, queridos hermanos, construyan su vida sobre los fundamentos de su santísima fe, oren en el Espíritu Santo y manténganse en el amor de Dios, aguardando la misericordia de Jesucristo nuestro Señor, que los llevará a la vida eterna» (Jud. 20–21).
¿Es posible que la oración le ayude a prepararse para la vida eterna? ¿Se edifica espiritualmente a sí mismo mediante la oración diaria en el Espíritu Santo? ¿Le ayuda la oración a mantenerse en el amor de Dios? Pida al dador de todos los dones que haga crecer en usted una fuerte vida de oración.
- Mi petición de oración con respecto a la verdad para esta semana:
- Mi petición de oración con respecto a una situación en mi vida:
- Petición de oración con respecto a alguien de mi lista de oración:
- Peticiones de oración de otros en mi grupo:
«Algunas personas piensan que a Dios no le gusta ser molestado con nuestro constante ir y pedir. La manera de molestar a Dios es no ir a Él en absoluto» (D. L. Moody).
«No es suficiente con empezar a orar, ni con orar bien; ni tampoco es suficiente con seguir orando por un tiempo; sino que debemos orar con paciencia, creyendo, y persistir en oración hasta que obtengamos una respuesta» (George Mueller).