El pecado y la miseria en un mundo quebrantado

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VERDAD

De memoria:

Memorizar

Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo».
Juan 16:33

En la Biblia:

La semana pasada usted revisó lo que la Biblia afirma sobre la condición moral y espiritual humana y encontró que el cuadro bíblico es una representación sombría de la esclavitud moral que nos ata al mal y produce ceguera espiritual. Recordar de vez en cuando la profunda oscuridad de la que usted fue rescatado será muy bueno para su crecimiento espiritual…«el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo» (Col. 1:13).

Esta semana usted estudiará más detalladamente las consecuencias de la Caída. Así como la naturaleza del pecado corrompe cada parte de nuestro ser, verá que La Caída ha afectado radicalmente la experiencia externa de vida de la gente, del mundo que les rodea y lo más importante, de Dios.

Usted puede utilizar los pasajes de la sección En la Biblia en su adoración personal diaria. Si tiene otro plan de lectura, asegúrese de aplicar específicamente esos pasajes a su vida y responder a ellos comprometiéndose con Dios en oración. No se olvide del enfoque OLPIRE para la adoración personal.

OLPIRE


Génesis 3:16-19. Estos versículos registran las maldiciones (es decir, los juicios) que Dios pronunció para castigar la desobediencia de Adán y Eva.

Describa las maneras en que las maldiciones dificultarían la vida para la raza humana. También, explique por qué Dios maldeciría la tierra. [Nota: Romanos 8:22 ofrece otra descripción de la maldición de Dios sobre la tierra].

  • Dolor
  • conflicto
  • Guerra a nivel cosmico Génesis 4:1-9. Este pasaje registra el primer asesinato. Tome en cuenta que la humanidad descendió a este nivel de violencia solo una generación después de la caída.

¿Qué piensa que Dios quiso decir mediante la advertencia que le hizo a Caín, «… el pecado está a la puerta» (4:7)?

- El pecado es una realidad
- El PECADO ES poderoso
- 

Génesis 6:5; 11-13. Estos versículos describen por qué Dios destruyó la tierra con un diluvio catastrófico. Una vez más, tenga en cuenta que este episodio tiene lugar muy temprano en el curso de la historia humana.

Describa lo que Dios observó en los corazones humanos individuales y en la sociedad humana que le llevó a ejecutar Su juicio. ¿Cree que la gente es diferente hoy? [Nota: consulte Génesis 8:21-22 ].

Éxodo 19 y 20:18-21. Éxodo 19 prepara el escenario para la entrega de los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí después de que Dios libró a Israel de Egipto. El capítulo 20 comienza con los Diez…


Mandamientos y luego los versículos 18-21 describen la respuesta de los israelitas a la manifestación de la gloria y la santidad de Dios en el Monte Sinaí.

Piense en cómo sería experimentar la presencia de Dios de la forma en que la experimentaron los israelitas ese día. Describa la escena, y la experiencia que ellos tuvieron de la presencia de Dios. Compare cómo esa experiencia fue diferente de la experiencia que Adán y Eva tuvieron de Dios antes de la Caída.

Isaías 6:1-7. Esta famosa visión revela lo que sucede cuando un hombre (incluso un hombre muy moral como Isaías) se enfrenta a la santidad perfecta de Dios. [Nota: en el hebreo antiguo, la forma de expresar que algo tenía una calidad superlativa era repetir el atributo tres veces. Así, «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos» en 6:3 significa que el Señor es el más Santo de todos].

Describa la experiencia que Isaías tuvo de la presencia de Dios. Compare y contraste la experiencia de él con la de los israelitas en el Sinaí, y la de Adán y Eva en el jardín.

Lucas 5:1-11. Este pasaje registra el llamado de varios de los discípulos de Jesús. Describa la experiencia de Pedro en presencia de Jesús. ¿De qué manera fue similar a la experiencia de Isaías?

Juan 16:33. Jesús dijo que en el mundo usted experimentaría AFLICCIÓN, pero en Él experimentaría VICTORIA

¿Cómo funciona esto en la vida real?


Para resumir:

Los estudiosos de la Biblia han resumido la enseñanza de la Biblia sobre las consecuencias de la caída con dos palabras: pecado y miseria. El pecado se refiere a todo lo que La Caída ha causado a la humanidad internamente, y la semana pasada usted vio cómo el pecado de Adán trajo consigo la depravación total de la raza humana. La gente ahora se resiste de forma natural a Dios, se inclina a hacer el mal, está ciega a su desesperanza y es incapaz de liberarse del pecado. La miseria se refiere a todo lo que La Caída ha hecho a la humanidad en términos de cómo experimentamos la vida, al mundo natural que nos rodea y a Dios. A causa del pecado, el mundo se ha convertido en un lugar hostil donde las dificultades, las luchas y el sufrimiento definen nuestra existencia. Esta unidad explorará las miserias de la vida que La Caída nos ha traído.

En Génesis 3 usted pudo ver que las miserias de esta vida se derivan directamente de la maldición de Dios sobre la humanidad por el pecado. Dios declaró que los seres humanos sufrirían dolor físico y conflicto relacional (3:16), una lucha frustrante por la supervivencia (3:17-19) y, en última instancia, la muerte física (3:19). También vio con qué rapidez estas miserias se apoderaron de la humanidad. En Génesis 4, el conflicto espiritual de Caín con Dios se tradujo en un conflicto relacional con Abel que terminó en un violento asesinato, aunque Dios había advertido a Caín que el pecado constantemente amenazaba con consumirlo (4:7). En el tiempo de Noé, los seres humanos estaban tan consumidos universalmente por la violencia y la corrupción que Dios, afligido por Su creación, decretó que destruiría a la humanidad mediante un diluvio mundial (6:13). En Su misericordia, Dios rescató a Noé e hizo un pacto de que nunca más destruiría la tierra con un diluvio, aunque el corazón humano permaneció tan depravado como siempre (8:21-22).

Las miserias que usted percibió al estudiar los pasajes anteriores de la sección En la Biblia a menudo son descritas por estas dos categorías: el mal natural y el mal moral. El mal natural es una categoría amplia que describe las diversas clases de sufrimientos y luchas que experimentamos porque vivimos en un mundo maldito (Gén. 3:17). La causa inmediata puede ser un desastre natural —un «acto de Dios»— como un terremoto o una inundación, un patrón meteorológico que causa sequía y hambruna, un virus que propaga una plaga o cualquiera de los muchos «accidentes» que las personas sufren. También puede ser causado por cualquiera de las decepciones y frustraciones que experimentamos en la lucha por sobrevivir. Perdemos nuestra fuente de ingresos, nuestros planes fracasan, nuestros cuerpos se deterioran y nuestros seres queridos mueren. Por instinto sabemos que el mundo no debe ser así. Por lo tanto, cuando cualquiera de estas miserias llega a nuestra vida, la aparentemente injusticia fortuita nos sorprende y consterna. Las reacciones van desde culpar a Dios, a culpar el calentamiento global, a vivir en negación, a demandar a las corporaciones por negligencia. Pero en definitiva, toda la humanidad está sujeta a las miserias naturales de la vida, y lo mejor que podemos hacer es reducir los riesgos de vivir en un mundo quebrantado y maldito. Esto significa que…


los cristianos no deben esperar vivir exentos del sufrimiento que el mal natural puede causar. Sin embargo, podemos esperar que Dios obrará para nuestro bien eterno a través de sufrimientos temporales (Rom. 8:28) y que un día Él finalmente nos librará a nosotros y al mundo de la maldición del pecado (Rom. 8:18-23).

El mal moral se refiere al sufrimiento que las personas provocan sobre sí mismas y entre sí porque, al estar controladas por la naturaleza del pecado, desprecian la ley de Dios. La raíz del mal moral es el corazón pecaminoso de la humanidad que se expresa a través de pensamientos y deseos envenenados, y de palabras y acciones destructivas. Por lo tanto, las miserias causadas por el mal moral pueden ser autoinducidas o causadas por otros. Se manifiestan en todo, desde las ansias de un adicto por la siguiente inyección, hasta la búsqueda de unidad con el universo por parte de un místico, hasta la exigencia de sacrificios humanos de una antigua religión. Puede verse en las estructuras sociales que oprimen a los débiles y pobres y en los movimientos sociales que promueven el racismo. El mal moral impulsa a una nación a invadir a otra, a una raza a esclavizar a otra y a un hombre a robar a su vecino. Provoca toda injusticia imaginable, ya sea los crímenes de un individuo, el «negocio» de una organización criminal o la corrupción típica de toda una cultura. El mal moral endurece la conciencia contra la ley de Dios y desprecia la bendición de protección que la observancia de la ley de Dios puede traer. En cambio, sigue el interés propio y el apetito de las glorias falsas que, si bien pueden traer satisfacción temporal, lo hacen a costa de una miseria duradera, ya sea para uno mismo o para los demás.

El grado y tipo de miseria causada por el mal moral y natural varían en la experiencia de cada individuo. Si usted está sano, vive en una casa agradable ubicada en un barrio seguro, tiene un buen trabajo, un buen seguro, y disfruta de relaciones sanas y satisfactorias, usted experimentará las miserias de la vida de forma menos aguda que la mayoría. Agradezca a Dios por Su bondad para con usted. Pero además de la miseria variada causada por el mal natural y moral, hay otra clase de miseria que todas las personas enfrentan por igual.

La miseria más universal de la existencia humana es la pérdida de comunión con Dios. La Biblia enseña que nuestra alienación personal de Dios se expresa en nuestra ignorancia de Dios y Su voluntad, nuestro miedo a Él y nuestra hostilidad hacia Él. Pablo expresó «Por cuanto los designios de la carne [la naturaleza pecaminosa] son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden» (Rom. 8:7). Sin embargo, sin Él no tenemos esperanza, porque estamos «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef. 2:12). Estas circunstancias dan lugar a una extraña paradoja: las personas depravadas no pueden soportar estar cerca de Dios y, sin embargo, al mismo tiempo, son miserables sin Él.


Los síntomas de nuestra alienación de Dios se hacen especialmente evidentes cuando Dios se da a conocer a la gente. La revelación de Su santa presencia evoca temor y una sensación de pavor. De hecho, la Biblia solo menciona a tres personas que no temblaron ante la presencia de Dios: Adán y Eva antes de la Caída; y Jesucristo. En Éxodo usted leyó sobre el miedo que Israel sintió ante Dios cuando Él manifestó Su santa presencia con poder y majestad en el monte Sinaí. Aunque la entrega de la Ley en el Sinaí fue una señal de la misericordia de Dios sobre Israel, ellos se sintieron amenazados por Su presencia. Los israelitas estaban tan aterrorizados que rogaron a Moisés: «… no hable Dios con nosotros, para que no muramos» (20:18-19). Cuando Dios se acercó, aun el gran profeta Isaías clamó por temor a una inminente destrucción, «¡Ay de mí! que soy muerto…» (Isa. 6:5). El profeta había llegado a ser dolorosamente consciente de su propia culpa ante la presencia del Santo. Un acontecimiento similar ocurrió en el Nuevo Testamento cuando Pedro le suplicó a Jesús: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador» (Luc. 5:8). En última instancia, la mayor miseria es cuando alguien muere sin Cristo y la alienación de Dios en este mundo se convierte en separación eterna de Él en el venidero.

De esta forma, la Caída dejó a la humanidad atada al pecado y sujeta a todas las miserias del mal natural, el mal moral y la alienación de Dios. Usted puede preguntarse qué está haciendo Dios en cuanto a esto. ¿Cuándo serán finalmente librados los cristianos? La respuesta es que su liberación del pecado y de la miseria vendrá lentamente en etapas, como lo ilustra la tabla que aparece debajo. Su liberación final está por venir, así que usted estará sujeto a la maldición de la muerte hasta que Jesús vuelva para vencerla (1 Cor. 15:26). Pero hasta ese momento, usted tiene la reconfortante promesa de Jesús: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Y usted tiene Su comisión de ser un embajador de Su paz para los más necesitados y los no cristianos que luchan sin esperanza y sin Dios en el mundo. Que Su comisión lo motive a compartir el evangelio con palabras y hechos para que otros se reconcilien con Dios y sean rescatados de la miseria. La próxima semana, usted se enfocará en cómo lidiar con una consecuencia particular de La Caída: la tentación.


CAPACITACIÓN

Memorice los doce libros históricos del Antiguo Testamento utilizando el ejercicio de capacitación «Aprendiendo los libros del Antiguo Testamento» al final de la unidad anterior.

Recuerde su objetivo: dentro de las próximas semanas usted deberá ser capaz de recitar de memoria los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento en su reunión de grupo.

Tómese unos minutos para reflexionar sobre su vida —tanto en las alegrías como en las tristezas que ha experimentado. ¿Se ajusta a la realidad de su experiencia personal la enseñanza de esta semana? Explique cómo se siente en cuanto a vivir con el pecado y la miseria en un mundo quebrantado.

Hay una enseñanza moderna muy popular de que los hijos de Dios pueden disfrutar vidas sin problemas en el presente… si tienen suficiente fe. Si le han enseñado esto, puede que se sienta decepcionado, incluso confundido, por el versículo aprendido de memoria esta semana: «En el mundo tendréis aflicción…». Pero Jesús también prometió que Él le daría paz, esperanza y gozo. ¿Son estas cosas reales? Piense en sus propios problemas. ¿Marca una diferencia Su promesa cuando todavía usted está sujeto a las miserias de esta vida?

Desde La Caída, es normal que las personas sientan un temor santo ante Dios tal como lo sintieron Isaías y Pedro. ¿Alguna vez se ha sentido de esta manera ante Dios? Si lo ha sentido, o si no lo ha sentido, ¿qué manifiesta esto sobre su visión de Dios y de sí mismo?


RESPONSABILIDAD

Antes de su reunión del Grupo La Travesía, piense en las siguientes preguntas. Es posible que le hagan cualquiera de estas preguntas o que usted se las haga a otro miembro del grupo. Ellas le ayudarán a examinar su vida a la luz de la verdad que usted exploró esta semana, y también les da a otros miembros del grupo una oportunidad para animarle a vivir plenamente por Cristo. Abajo se deja un espacio para que pueda tomar notas durante las conversaciones de rendición de cuentas en su reunión de grupo.

  • ¿Está enfrentando usted una lucha particularmente fuerte en estos momentos? ¿Cómo afecta esta lucha su travesía espiritual?
  • ¿Está luchando con ira contra Dios por las dificultades que enfrenta en la vida?
  • ¿Siente en medio de sus problemas la paz que Jesús prometió? ¿Por qué o por qué no?
  • ¿Se considera un seguidor de Cristo? Si es así, ¿por qué?
  • ¿Hay algún hábito en su vida que está estorbando el progreso en su travesía espiritual?
  • ¿Siente una preocupación creciente por las personas que experimentan los problemas del mundo, pero no la paz de Cristo? ¿De qué forma está involucrado en ministrar los más necesitados y los no cristianos del mundo?
  • ¿Terminó la tarea de la sección misión esta semana?

M I S I ÓN. DIALOGANDO

«Pido a Dios que el compañerismo que brota de tu fe sea eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que compartimos» (Fil. 1:6, NVI)

«Les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”» (Mar. 16:15)

Hay muchas maneras válidas para dar a conocer el mensaje del evangelio, pero el enfoque que usted aprenderá en La Travesía es una manera de hablar con la gente sobre Jesús que es más bien conversacional, en lugar de ser una presentación; y se centra en desarrollar relaciones y no en la confrontación. Este enfoque no está orientado a entregar un folleto a un extraño o tocar a la puerta de alguien para hablar de su destino eterno. Se trata de entablar una conversación con alguien, mostrando un interés genuino en su vida y haciendo preguntas no amenazantes que podrían resultar en una oportunidad para dar a conocer el evangelio. El objetivo de este enfoque es desarrollar amistades que podrían facilitar una oportunidad para compartir un pequeño libro llamado La Respuesta, y que también una conversación posterior pueda dar lugar a una oportunidad para investigar el Cristianismo mediante el uso de los folletos Temas de Vida.

La Respuesta es un pequeño libro de 80 páginas que explica la búsqueda humana de gloria, gracia y verdad. Es una lectura amena que resultará útil para presentar el evangelio a la gente. Los cuatro folletos Temas de Vida son una gran herramienta que puede utilizar para guiar a alguien en una investigación del Cristianismo. Estos ofrecen un enfoque breve para ayudar a una persona a comprender algunos de los grandes temas de la fe cristiana.

Ahora, ¿quién querría participar en una investigación de este tipo con usted? Está claro que no todo el mundo, ¿verdad? Las personas que estarían más abiertas para investigar el Cristianismo son aquellas con los que usted tiene algún tipo de conexión. Pueden ser amigos, vecinos o alguien con quien comparta una afición o deporte. Tal vez usted los ha servido de alguna manera. Tal vez se han abierto con usted sobre problemas con su trabajo, el matrimonio o los niños. O, tal vez mediante sus oraciones por ellos, Dios ha creado una oportunidad para que usted pueda nutrir una conexión misional.

Así que, ¿cómo presentar a Jesús en una conversación con esta gente de una manera natural y no amenazante? Una de las claves es evitar hablar al principio sobre ser «cristiano». La gente tiene ideas muy diferentes de lo que significa ser cristiano, por lo que inicialmente es mejor hablar de manera general sobre «espiritualidad» o «relación con Dios». Otra clave es entender que muchas personas que normalmente se alarmarían por una pregunta abrupta que desafíe sus creencias espirituales, se muestran abiertas a hablar de manera general sobre esas creencias. Con estas claves en mente, usted puede conformar gradualmente una conversación que incluya asuntos espirituales utilizando algunas…


preguntas reflexivas sobre la vida espiritual. Esto le dará la oportunidad de compartir una copia de La Respuesta. Un ejemplo de cómo una conversación así podría desarrollarse se describe en la página siguiente. Cada conversación misional revelará si la persona con quien está hablando se encuentra abierta a debatir asuntos espirituales. Si es así, el aprender esta sencilla serie de preguntas le ayudará a participar en la misión de Cristo de dar a conocer el evangelio. Si no es así, por lo general es mejor retirarse rápidamente de los asuntos espirituales, y simplemente desarrollar una conexión a través de una conversación informal.

Introducción de La Respuesta

  1. ¿Interés espiritual?
    • «¿Tiene algún interés en las cosas espirituales?»
    • Escuche atentamente su respuesta.
  2. ¿Travesía espiritual?
    1. «¿Cómo describiría su travesía espiritual hasta ahora?»
    2. Escuche atentamente su respuesta.
      «En mi travesía espiritual, he descubierto que la comprensión de tres palabras respondió a mis preguntas principales sobre cómo tener una vida espiritual saludable y significativa: gloria, gracia y verdad».
  3. ¿Ha oído hablar de La Respuesta?
    1. «¿Ha oído hablar de un pequeño libro de 80 páginas llamado La Respuesta que explica estas tres palabras?» Escuche atentamente su respuesta.
      «Yo tengo un libro conmigo y me encantaría dárselo si usted está interesado en leerlo.
  4. ¿Quiere La Respuesta?
    1. «¿Desea tener un libro?»
    2. En caso afirmativo…
      «Después que lo lea me gustaría saber lo que piensa en especial de las últimas cinco páginas. Creo que las encontrará muy interesantes»

La próxima semana usted aprenderá más sobre la presentación de los folletos Temas de Vida. Hasta entonces, responda esta pregunta: ¿Cómo se siente en cuanto a tener una conversación como esta con alguien?


Oración

La mano del Señor no se ha acortado para salvar; Ni Su oído se ha endurecido para oír. Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, Y los pecados le han hecho esconder Su rostro para no escucharlos.
Isaías 59:1-2

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él mentiroso y Su palabra no está en nosotros. 1 Juan 1:9-10

¿Parece Dios a veces lejano de usted? La Escritura enseña que el pecado no confesado dificulta la comunión con Él. Confiese sus pecados; Él le perdonará y le consolará con Su Espíritu.

  • Mi petición de oración con respecto a la verdad para esta semana:
  • Mi petición de oración con respecto a una situación en mi vida:
  • Petición de oración con respecto a alguien de mi lista de oración:
  • Peticiones de oración de otros en mi grupo:

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