Idea central:
El perdón que Dios nos pide dar fluye del perdón que Dios nos dio. Para perdonar de corazón, hay que ver dos cosas con claridad: cuán grave fue nuestra deuda y cuánto pagó Cristo para cancelarla. No lo hacemos con nuestras propias fuerzas: el mismo Espíritu que nos dio vida nos da también el querer y el hacer.
Cómo usar esta guía
- Avanza una sección por día. Son seis, así que en una semana puedes recorrerla completa.
- Antes de leer, ora con sencillez: “Señor, abre mis ojos para ver tu verdad y dame un corazón dispuesto a obedecerte” (Salmo 119:18).
- Lee primero el texto principal de cada sección. Luego busca los pasajes de apoyo y fíjate en lo que se indica junto a cada uno.
- Escribe tus respuestas. Lo que se escribe se ve con más claridad.
- No lo recorras solo: conversa lo que vayas descubriendo con tu consejero, tu pastor o un hermano maduro.
¿Qué es perdonar?
Perdonar es una decisión delante de Dios, no primero un sentimiento. Es cancelar una deuda: renunciar a cobrarle a la otra persona lo que me hizo. En la práctica, perdonar es hacer cuatro promesas:
- No voy a seguir dándole vueltas a esta ofensa para alimentar mi enojo.
- No voy a usarla como arma contra la persona.
- No voy a contarla a otros para dañarla.
- No voy a dejar que esta ofensa siga levantando un muro entre nosotros.
Los sentimientos no siempre cambian de inmediato. Pero cuando obedecemos, Dios va sanando también el corazón.
El perdón tiene dos aspectos:
- Ante Dios, siempre y ahora. Suelto el rencor y entrego la causa a Dios, aunque la otra persona no haya pedido perdón (Marcos 11:25).
- Ante la persona, cuando se arrepiente. Le digo “te perdono” y caminamos hacia la reconciliación (Lucas 17:3-4). La reconciliación necesita el arrepentimiento del otro; mi perdón ante Dios, no.
El perdón cristiano no es:
- Decir que “no fue nada” o que el daño no importó.
- Olvidar. Perdonar es decidir no cobrar, aunque el recuerdo vuelva.
- Confiar de inmediato. La confianza se reconstruye con el tiempo y con frutos de arrepentimiento.
- Evitar toda consecuencia. Se puede perdonar y aun así poner límites sabios.
Si hay abuso, violencia o delito
Perdonar no significa callar, dejar de denunciar ni volver a una situación de peligro. Dios estableció a las autoridades para castigar el mal (Romanos 13:1-4). Si este es tu caso, habla hoy mismo con tus pastores: no tienes que cargar esto solo.
1. Lleva tu herida a Dios
Lo que te hicieron es real, y Dios lo toma en serio. Antes de pensar en perdonar, la Biblia nos invita a hacer algo que muchas veces saltamos: decirle a Dios con honestidad lo que sentimos. Los Salmos están llenos de oraciones de personas heridas que se quejaron ante Dios, y no contra Dios. Ese lamento no es falta de fe: es el camino de la fe.
Salmo 62:8 (NBLA)
Confíen en Él en todo tiempo, oh pueblo; derramen su corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio.
Pasajes de apoyo:
- Salmo 56: David, rodeado de enemigos, cuenta sus lágrimas delante de Dios. Fíjate en lo que hace Dios con ellas (v. 8).
- Salmo 62:5-8: dónde pone David su esperanza mientras espera.
- Filipenses 4:6-7: qué hacer con la ansiedad y qué promete Dios a cambio.
Reflexiona y aplica:
Observa
- ¿Qué palabras usa David en el Salmo 56 para describir lo que vive? ¿Suaviza su dolor?
Entiende
- ¿Qué me enseña que Dios haya puesto oraciones así en su Palabra?
Aplica
- ¿Estoy negando el daño que me hicieron, o estoy apurando el perdón para no sentir?
- Escribe una oración honesta a Dios con tus propias palabras, usando el Salmo 56 o el Salmo 62:5-8 como modelo.
- ¿Qué ansiedad concreta necesito entregarle hoy, según Filipenses 4:6-7?
2. La gravedad de mi pecado
Mirar nuestro pecado no significa restarle importancia a lo que nos hicieron. Significa ponerlo en su verdadera proporción. Jesús contó una parábola sobre un siervo con una deuda imposible de pagar. Toma tiempo para leerla despacio. La meta no es hundirse en culpa, sino medir la deuda real que Dios perdonó. Más adelante volveremos a esta misma parábola.
Mateo 18:23-27 (NBLA)
23 Por eso, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10,000 talentos (216 toneladas de plata). 25 Pero no teniendo él con qué pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer e hijos y todo cuanto poseía, y así pagara la deuda. 26 Entonces el siervo cayó postrado ante él, diciendo: “Tenga paciencia conmigo y todo se lo pagaré”. 27 Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, lo soltó y le perdonó la deuda.
Pasajes de apoyo:
- Romanos 3:10-12, 23: cuántos están incluidos en el diagnóstico.
- Efesios 2:1-3: cómo describe Pablo nuestra condición antes de Cristo.
- Colosenses 1:21: cuál era nuestra actitud hacia Dios.
- Salmo 51:3-4: contra quién es, en última instancia, todo pecado.
- Mateo 7:3-5: la viga en mi propio ojo. Fíjate en el orden que establece Jesús.
Reflexiona y aplica:
Observa
- En Mateo 18:23-27, ¿podía el siervo pagar su deuda? ¿Qué pasó con ella cuando le fue perdonada?
Entiende
- Según Efesios 2:1-3 y Colosenses 1:21, ¿qué éramos ante Dios antes de Cristo?
- Según el Salmo 51:4, ¿por qué mi pecado es, ante todo, una ofensa contra Dios?
Aplica
- ¿Cuánto me parece que me debe esta persona? ¿Y cuánto le debía yo a Dios?
- ¿Qué pecado mío reconozco con más claridad? ¿Cuál tiendo a minimizar?
- Según Mateo 7:3-5, ¿tengo alguna parte de responsabilidad en este conflicto? ¿Cuál?
- ¿Cómo cambia mi percepción de la ofensa cuando la pongo al lado de mi propia deuda?
3. Lo que Cristo pagó
La deuda era real, y Dios no la ignoró: la pagó. En la cruz, Jesús cargó con el castigo que merecíamos. La Biblia usa la palabra propiciación para decirlo: Cristo recibió sobre sí la justa ira de Dios contra nuestro pecado, para que nosotros recibiéramos su favor. Por eso el perdón de Dios no es barato ni injusto: fue pagado con la sangre de su Hijo.
Colosenses 2:13-14 (NBLA)
13 Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, 14 habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz.
Pasajes de apoyo:
- Isaías 53:4-6: sobre quién cayó el castigo.
- 2 Corintios 5:21: el gran intercambio. Qué recibió Cristo y qué recibimos nosotros.
- Romanos 5:6-10: qué éramos cuando Cristo murió por nosotros. Fíjate en la palabra “enemigos”.
- 1 Juan 4:10: quién tomó la iniciativa y qué es la propiciación.
- Salmo 103:8-12 y Miqueas 7:18-19: qué tan lejos echa Dios nuestro pecado.
- Romanos 8:1: cuál es hoy mi condición si estoy en Cristo.
Reflexiona y aplica:
Observa
- Según Colosenses 2:14, ¿qué hizo Dios con el “documento de deuda”?
- Según Isaías 53:4-6 y 2 Corintios 5:21, ¿qué hizo Cristo con mi pecado?
Entiende
- Según Romanos 5:6-10, ¿qué era yo cuando Cristo murió por mí? ¿Qué me dice eso de su amor?
- Según 1 Juan 4:10, ¿qué costo tuvo el perdón de Dios? ¿Qué valor le estoy dando a ese perdón?
Aplica
- Si mi deuda ya fue pagada por completo, ¿en qué áreas de mi vida sigo actuando como si todavía la debiera?
- ¿Qué me dice Romanos 8:1 sobre mi condición hoy? ¿Qué me impide creerlo?
4. De la cruz al perdón: el vínculo
Ahora volvemos a la parábola de Mateo 18 completa. El siervo perdonado salió y no quiso perdonar una deuda pequeña. La Biblia une las dos cosas: quien ha sido perdonado de tanto, perdona. Perdonar no es la manera de ganarnos el perdón de Dios; es la evidencia de que lo hemos recibido. Y no lo hacemos solos: Dios mismo obra en nosotros para que podamos obedecer.
Efesios 4:32 (NBLA)
Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo.
Pasajes de apoyo:
- Mateo 18:21-35: compara las dos deudas. 10,000 talentos eran unas 216 toneladas de plata; 100 denarios, unos cuatro meses de salario.
- Colosenses 3:13: cuál es la medida de nuestro perdón.
- Lucas 7:36-50: qué relación hay entre cuánto se nos perdonó y cuánto amamos.
- Mateo 6:12, 14-15: lo que Jesús nos enseña a orar. Lee la nota más abajo.
- Filipenses 2:12-13: quién produce en nosotros el querer y el hacer.
- Lucas 23:34 y Hechos 7:60: cómo oraron Jesús y Esteban por quienes los estaban matando.
Una nota sobre Mateo 6:14-15 y 18:35
Estos textos no enseñan que nos ganamos el perdón de Dios perdonando a otros. Somos perdonados solo por gracia, por medio de la fe en Cristo. Lo que Jesús enseña es que un corazón que se niega a perdonar revela que todavía no ha entendido la gracia que recibió. Por eso el rencor persistente es una alarma seria: no para desesperarnos, sino para volver a la cruz.
Reflexiona y aplica:
Observa
- Según Efesios 4:32 y Colosenses 3:13, ¿en qué se basa el perdón que se me pide dar?
- En Mateo 18:21-35, ¿cuál es la diferencia entre las dos deudas?
Entiende
- ¿Qué relación veo entre la deuda que Dios me perdonó y la deuda que esta persona tiene conmigo?
- ¿Qué parte de la mujer de Lucas 7:36-50 se parece a mi corazón? ¿Cuánto reconozco haber sido perdonado/a?
- Según Filipenses 2:12-13, ¿de dónde viene la fuerza para obedecer?
Aplica
- ¿Qué me desafía de la oración de Jesús en Lucas 23:34 y de la de Esteban en Hechos 7:60?
- ¿Estoy dispuesto/a a decirle a Dios hoy, en oración, “perdono a esta persona”?
5. La justicia queda en manos de Dios
Al herido le cuesta perdonar porque siente que, si perdona, el mal quedará sin castigo. Pero perdonar no es decir que la justicia no importa: es entregarla a Dios. Ninguna ofensa quedará sin pagar. Si la persona que te hirió está en Cristo, ese pecado ya fue castigado en la cruz. Si no lo está, Dios, que juzga con justicia, le pedirá cuentas. Tú no tienes que cobrar: Dios no se ha olvidado de nada.
Romanos 12:19 (NBLA)
Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, Yo pagaré», dice el Señor.
1 Pedro 2:23 (NBLA)
Y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.
Pasajes de apoyo:
- Romanos 12:17-21: qué le toca a Dios y qué me toca a mí.
- 1 Pedro 2:21-24: cómo respondió Jesús cuando lo trataron injustamente.
- Génesis 50:19-21: la pregunta de José (“¿acaso estoy yo en lugar de Dios?”) y lo que hizo Dios con el mal que le hicieron.
- Hebreos 12:14-15: qué produce la amargura si la dejo crecer.
Reflexiona y aplica:
Observa
- Según Romanos 12:17-21, ¿qué parte de la justicia queda en manos de Dios? ¿Qué parte me toca a mí?
- Según 1 Pedro 2:23, ¿qué hacía Jesús en lugar de devolver el mal?
Entiende
- ¿Qué me enseña Génesis 50:20 sobre lo que Dios puede hacer aun con el mal que me hicieron?
- Según Hebreos 12:15, ¿qué pasa con la amargura si no la trato?
Aplica
- ¿Siento que, si perdono, esta persona “se sale con la suya”? ¿Qué me dice la cruz sobre eso?
- ¿Qué límites o pasos prácticos necesito poner (distancia, ayuda de otros, consecuencias) sin que eso signifique guardar rencor?
- ¿Veo alguna raíz de amargura en mí? ¿Cómo se manifiesta en lo que pienso o digo?
6. Pasos para caminar el perdón
- Ponle nombre a la ofensa. Escribe concretamente qué te hicieron y entrégaselo a Dios en oración. No se perdona en términos generales.
- Haz las cuatro promesas delante de Dios (ver “¿Qué es perdonar?” al inicio).
- Confiesa tu parte, si la tienes. Pide perdón a Dios y, si corresponde, a la otra persona (Mateo 5:23-24).
- Busca consejo sobre el siguiente paso. Con tu consejero o pastor, piensa si te toca hablar con la persona, cuándo y cómo.
- Ora por el bien de esa persona (Mateo 5:44). Es difícil orar por alguien y seguir guardándole rencor.
- Cuando el recuerdo vuelva, vuelve a perdonar. Que el dolor regrese no significa que fallaste. Jesús habló de perdonar “setenta veces siete” (Mateo 18:21-22). Cada vez, recuerda la cruz y renueva tu decisión.
Oración modelo
Padre, tú conoces lo que me hicieron y cuánto me duele. Te lo entrego. Reconozco que yo también te he ofendido, y que tú me perdonaste toda mi deuda en Cristo. Por esa misma gracia, decido hoy perdonar a esta persona. No voy a cobrarle lo que me debe; dejo la justicia en tus manos. Dame por tu Espíritu un corazón que ame como tú me amaste. Cuando vuelva el recuerdo, ayúdame a mirar otra vez la cruz. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo para memorizar
“Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo” (Efesios 4:32).
Para profundizar
- Sobre la cruz: Gálatas 3:13; Efesios 1:7; Hebreos 9:22; 10:10-14; 1 Pedro 2:24; 3:18; 1 Juan 2:2.
- Sobre nuestro pecado: Isaías 64:6; Romanos 6:23; Santiago 2:10.
- Sobre la obra del Espíritu: Ezequiel 36:26-27; Gálatas 5:22-23; Efesios 5:1-2.
Nota: el perdón suele ser un proceso. Orar el Salmo 139:23-24 y pedir a Dios un corazón dispuesto es un buen comienzo.