
Conversación bíblica:
En esta lección nos estaremos enfocando en dos conceptos principales: la santidad de Dios y nuestra naturaleza pecaminosa. Cómo vemos a Dios y cómo nos vemos a nosotros mismos La manera en que vemos a Dios, existe un abanico de opiniones: Lejano y muy cercano
PREGUNTA
¿Hacia qué lado del abanico te inclinas cuando se trata de Dios? ¿Es tan grande y majestuoso que se aparta de nosotros, o es tan personal que casi no piensas en su santidad?
PREGUNTA
¿Cuál de estas dos ideas representa mejor tu perspectiva de las personas: son básicamente buenas o son básicamente malas?
Isaías 55:6–9
6 Busquen al Señor mientras puede ser hallado, Llámenlo en tanto que está cerca. 7 Abandone el impío su camino, Y el hombre malvado sus pensamientos, Y vuélvase al Señor, Que tendrá de él compasión, Al Dios nuestro, Que será amplio en perdonar. 8 «Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, Ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor. 9 «Porque como los cielos son más altos que la tierra, Así Mis caminos son más altos que sus caminos, Y Mis pensamientos más que sus pensamientos.
PREGUNTA
- ¿Cuál es tu primera reacción a lo que dice este pasaje?
- Para ti, ¿qué es lo que destaca?
- ¿Qué es lo que dice acerca de Dios — y acerca de nosotros?
DIOS: LA OTREDAD DE DIOS Nosotros somos malvados, no le llegamos a Dios
Isaías 40:18 NBLA
18 ¿A quién, pues, asemejarán a Dios, O con qué semejanza lo compararán?
Importante
Dios es totalmente diferente a nosotros e incomparable
Jeremías 17:9–10 NBLA
9 Más engañoso que todo es el corazón, Y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá? 10 »Yo, el Señor, escudriño el corazón, Pruebo los pensamientos, Para dar a cada uno según sus caminos, Según el fruto de sus obras.
PREGUNTA
¿Cuál es tu primera reacción a lo que dice este pasaje? ¿Qué es lo que más te llama la atención? ¿Qué es lo que dice acerca de Dios — y acerca de nosotros?
IDEA CENTRAL
Si el Evangelio “lleva fruto y crece” constantemente (Colosenses 1:6), entonces todo tiene que ver con el Evangelio – Dios, la humanidad, la salvación, las relaciones interpersonales, las compras, el ocio, el trabajo, la personalidad… ¡todo! El objetivo de esta lección es establecer el marco de referencia para hablar sobre el Evangelio. Este marco se abordará en más detalle en las siguientes dos sesiones, por lo que esta lección está diseñada para ayudarnos a entender los conceptos y empezar a explorar cómo se relacionan a la vida real.
Lectura del artículo
El Marco del evangelio
“El Evangelio” es una frase que los cristianos usamos con frecuencia sin entender completamente su significado. Hablamos el idioma del Evangelio, pero en pocas ocasiones aplicamos el Evangelio a cada aspecto de nuestras vidas. Sin embargo, eso es exactamente lo que Dios quiere de nosotros. El Evangelio es nada menos que “el poder de Dios” (Romanos 1:16). En Colosenses 1:6, el apóstol Pablo elogia a la iglesia en Colosas porque el Evangelio “lleva fruto y crece… en vosotros, desde el día que oísteis”. El apóstol Pedro enseña que la falta de una transformación continua en nuestras vidas sucede por olvidar lo que Dios hace por nosotros con el Evangelio (2 Pedro 1:3-9). Si vamos a alcanzar la madurez en Cristo, debemos profundizar y engrandecer nuestro conocimiento del Evangelio como el medio señalado por Dios para una transformación personal y en comunidad. Algunos cristianos viven con una perspectiva truncada o parcial del Evangelio. Vemos el Evangelio como la “puerta”, la manera de entrar, la entrada al reino de Dios. ¡Pero el Evangelio es mucho más que eso! No es únicamente la puerta, sino también el camino por el cual debemos andar todos los días de nuestra vida cristiana. No es solo el medio de nuestra salvación, sino el medio de nuestra transformación. No es simplemente la liberación del castigo por el pecado, sino la liberación del poder del pecado. El Evangelio es lo que nos reconcilia con Dios (justificación) y también es lo que nos da la libertad para deleitarnos en Dios (santificación). ¡El Evangelio lo cambia todo
La siguiente ilustración ha ayudado a mucha gente a pensar acerca del Evangelio y sus implicaciones. Este diagrama no dice todo lo que se podría decir del Evangelio, pero nos sirve como ayuda visual para entender cómo el Evangelio trabaja.

El punto de partida de la vida cristiana (conversión) ocurre cuando primeramente me doy cuenta de la distancia que existe entre la santidad de Dios y mi naturaleza pecaminosa. Cuando me convierto, confío y espero en Jesús, quien ha hecho lo que yo jamás podría hacer: ser el puente entre mi naturaleza pecaminosa y la santidad de Dios. Jesús ha tomado sobre Sí mismo la santa ira de Dios contra mi pecado. Sin embargo, en el momento de mi conversión tengo una muy limitada perspectiva de la santidad de Dios y de mi pecado. Cuanto más crezco en mi vida cristiana, más crezco en mi conciencia de la santidad de Dios y de mi carne y naturaleza pecaminosa. Conforme leo la Biblia y experimento la convicción del Espíritu Santo, y mientras más vivo en comunidad con otras personas, el alcance de la grandeza de Dios y el alcance de mi pecado llegan a ser mucho más claros y vívidos. No es que Dios sea cada vez más santo o que yo sea más pecador, sino que mi conciencia sobre los dos puntos va creciendo. Yo estoy creciendo en mi visón sobre Dios y lo veo como realmente es (Isaías 55:8-9) y me veo como realmente soy (Jeremías 17:9-10). Conforme mi conocimiento sobre mi pecado y la santidad de Dios van creciendo, algo más también va en aumento: mi apreciación y amor por Jesús. Su mediación, su sacrificio, su justicia, su gracia por mí llegan a ser increíblemente dulces y poderosos para mí. La Cruz llega a ser más grande y más central en mi vida y me regocijo en el Salvador que murió en ella. Desafortunadamente, la santificación (el crecimiento en santidad) no surte efecto tan ordenadamente como nosotros quisiéramos. Debido al pecado que vive en nosotros, contamos con una tendencia continua de minimizar el Evangelio o de “reducir la Cruz”. Esto sucede cuando (a) minimizo la perfecta santidad de Dios pensando en Él como algo menos de lo que la Biblia declara que es, o (b) cuando enaltezco mi propia justicia pensando de mí mismo como alguien mejor de lo que en realidad soy. La Cruz va reduciéndose y la importancia de Cristo en mi vida también disminuye.
En las próximas semanas hablaremos más acerca de la maneras específicas en que minimizamos el Evangelio. Para contrarrestar nuestra tendencia pecaminosa de reducir el Evangelio, debemos constantemente nutrir nuestras mentes de la verdad bíblica. Necesitamos conocer, ver y saborear el santo y justo carácter de Dios. Necesitamos identificar, admitir y sentir la profundidad de nuestra “avería” y pecaminosidad. No necesitamos hacer todo esto solo porque “es lo que se supone que hacen los cristianos”. Más bien convertimos esto en nuestro objetivo porque es la vida que Dios quiere para nosotros — una vida marcada por un gozo, una esperanza y un amor que nos transforman.
Crecer en el Evangelio significa comprender más la santidad de Dios y mi pecado. Debido a lo que Jesús ha hecho por nosotros en la Cruz, no tenemos miedo de ver a Dios como realmente es o de admitir lo “averiados” que realmente estamos. Nuestra esperanza no está puesta en nuestra bondad, ni tampoco en una vana esperanza en que Dios rebajará su nivel de exigencia y nos “subirá la nota”. Más bien descansamos en Jesús como nuestro perfecto Redentor — Aquel que es nuestra “justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30).
Coloquio
Estas preguntas tienen el objetivo de ayudar al grupo a hablar del Gráfico de la Cruz. Aquellos que no lo entiendan tendrán la oportunidad de comprenderlo en comunidad, y aquellos que “lo entiendan” se beneficiarán al aprender cómo articularlo. Quizá quieras hacer más preguntas sobre la marcha.
1. Hagamos un resumen de las ideas principales del artículo.
PREGUNTA
¿Cuáles son las implicaciones de ver el Evangelio únicamente como la “entrada” a la vida cristiana?
- Religiosidad
- Estancamiento espiritual
Romanos 1:16–17 NBLA
16 Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Nosotros vivimos por fe. la única manera en que podemos vivir la vida cristiana es permaneciendo en la fe
PREGUNTA
¿Cuáles son las dos cosas que tienen que seguir creciendo mientras vamos madurando en la fe?
Nuestra comprensión de la santidad de Dios y la comprensión de la magnitud de nuestro pecado.
Cuáles son las dos maneras en las que “reducimos la Cruz”?
Minimizando la santidad de Dios y minimizando nuestro pecado
2. Personalicemos los conceptos.
¿Cómo creció tu comprensión de la santidad de DIOS en este último año (la línea inferior del gráfico)? ¿Cómo sucedió este cambio o crecimiento?
Transición
Algunas veces es difícil identificar las formas en que minimizamos y justificamos nuestro pecado (la línea inferior del gráfico). Mira el suplemento Seis Maneras de Minimizar el Pecado en la Guía del Participante. Leámoslo todos juntos y hablemos de hasta qué punto nos sentimos identificados con estas descripciones.
Suplemento: Seis maneras de minimizar el pecado
PONERSE A LA DEFENSIVA
Me es difícil recibir crítica sobre mis debilidades y pecado. Cuando alguien me confronta, mi tendencia es dar explicaciones, hablar de mis éxitos, o justificar mis decisiones. Como resultado, las personas se resisten a decirme las cosas y en pocas ocasiones mantengo conversaciones sobre las cosas difíciles en mi vida.
FINGIR
Me esfuerzo por mantener una apariencia e imagen respetable. Mi comportamiento, hasta cierto grado, se mantiene por lo que creo que otros piensan de mí. No me gusta reflexionar sobre mi vida. Como resultado, hay poca gente que me conoce de verdad. (Quizá ni yo mismo me conozco realmente).
ESCONDERSE
Tiendo a ocultar tanto como puedo acerca de mi vida, especialmente las “cosas malas”. Esto se distingue de fingir — el que finge intenta impresionar. El que se esconde lo hace por vergüenza. Yo no creo que la gente quiera aceptarme o amarme tal como soy.
EXAGERAR
Tiendo a pensar (y hablar) mucho mejor acerca de mí mismo de lo que debo. Hago que las cosas (buenas y malas) se vean mucho más grandes de lo que son (normalmente para llamar la atención). Como resultado, las cosas que comparto con los demás reciben más atención de lo que merecen y de alguna forma me hacen sentir más estresado y afanoso.
ECHARLES LA CULPA A LOS DEMÁS
Soy rápido para culpar a otros de pecado o por las circunstancias. Me cuesta asumir mi parte de la culpa por el pecado o el conflicto. Existe un elemento de orgullo que da por sentado que la culpa no es mía y/o un elemento de miedo al rechazo, si es que la culpa es mía.
RESTAR IMPORTANCIA
Tiendo a dar poca importancia al pecado y a las circunstancias de mi vida, como si éstas fueran “normales” o “no estuvieran tan mal”. Como resultado, las cosas no reciben la atención que deberían. Los problemas suelen acumularse hasta el punto de ser abrumadores.
¿En cuáles de estas tendencias caes con mayor frecuencia? (Pide a cada persona que comparta con cuál se identifica).
PREGUNTA ¿Puede alguien del grupo compartir un ejemplo reciente de cómo minimizó o justificó su pecado de una de estas formas?
EJERCICIO
Estamos hablando de algunos conceptos muy importantes que iremos explorando en las siguientes dos sesiones. Esto es muy bueno. Para terminar, tenemos un ejercicio que nos ayudará a aplicar lo que hemos considerado a un área específica de nuestra vida que todos tenemos que tratar. Entrega copias del ejercicio “Juzgando a Otros” a cada persona del grupo.
Juzgando a los Demás
Una manera de ver el valor del gráfico de la Cruz es aplicándolo a una área específica de nuestras vidas donde todos comúnmente tenemos problemas. El juzgar a otros es algo que todos hacemos de formas grandes y pequeñas. En grupo, mencionemos algunas de las maneras específicas en las que juzgamos a otros. Estas preguntas nos ayudarán a ver la conexión entre juzgar a otros y tu perspectiva sobre el Evangelio.
- ¿Cuáles son algunas de las formas específicas en que juzgamos a otros?
- ¿Por qué juzgamos a otros? ¿Cuáles son las razones que damos?
- ¿Cómo es que estas razones reflejan una perspectiva estrecha de la santidad de Dios?
- ¿Cómo es que estas razones reflejan una perspectiva estrecha de nuestro pecado?
- Piensa en una persona en tu vida a la que frecuentemente juzgas.
- ¿Cómo afectaría a esa relación una perspectiva más amplia de la santidad de Dios?
- ¿Cómo afectaría a esa relación una perspectiva más amplia de tu pecado?