
Compromiso 1:
Seré diligente en entender y cumplir mi función en la iglesia
- Todos los miembros de la iglesia somos partes necesarias de un cuerpo.
- En 1 de Corintios 12, Pablo usa la metáfora de un cuerpo con muchos miembros para representar a la iglesia:
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero, todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo.
Para ayudarnos a resistir nuestra tendencia natural al egocentrismo y para comprender bien lo que somos y cómo debemos relacionarnos unos a otros, en los vv. 26-27 de ese mismo capítulo Pablo agrega:
26 Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él. 27 Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él.
Todos los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia, estamos íntima e inseparablemente unidos a tal grado que lo que le sucede a un solo miembro afecta a todo el cuerpo, y cada miembro es necesario, aún aquellos considerados como débiles, como se nos dice en 1 Cor. 12:21-22,
21 Y el ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito»; ni tampoco la cabeza a los pies: «No los necesito». 22 Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios;
Esta verdad nos debe motivar a mantener una postura de humildad y aprecio por todos los demás miembros de nuestra iglesia local.
La Biblia también es clara en enseñar que aunque los miembros de la iglesia (igual que los del cuerpo humano) son muchos y son diferentes, todos son necesarios porque cada uno tiene una función que cumplir, y si una parte no cumple su papel, todo el cuerpo deja de crecer o de funcionar bien, como leemos en Efesios 4:15-16:
15 Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor.
El concepto de un miembro inactivo o pasivo en la iglesia es una contradicción de términos, pues en la Biblia no existe.
Todos los que realmente somos miembros de una iglesia local, que hemos sido declarados ciudadanos del reino de Cristo y embajadores de su nación celestial, tenemos una función que cumplir en nuestra iglesia, de acuerdo a los dones que el Espíritu Santo nos ha repartido a cada uno para el bien común. Por eso Dios nos dice en 1a Pedro 4:10:
10 Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
Nuestra responsabilidad es discernir nuestros dones y capacidades, por medio de la oración y la practica a fin de ponerlos en práctica sirviendo a los demás miembros de nuestra iglesia. Como todos somos diferentes y tenemos diversos dones y capacidades, cumpliremos distintas pero necesarias funciones, y si hemos de ser miembros fieles y bíblicos, seremos responsables y diligentes en usar los dones que hemos recibido para cumplir la función que Dios nos encomiende a cada uno en particular.
En medio del mundo caído en el que vivimos, al resistir el pecado que aún mora en nosotros y al enfrentar los ataques del enemigo de nuestras almas, Dios promete tener cuidado de nosotros y lo hace en gran parte a través del cuidado mutuo que se brindan los miembros de la iglesia, como se nos exhorta en 1a Cor. 12:25:
25 a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros.
Recuerda que el Nuevo Testamento contiene más de 30 mandamientos que incluyen la frase “unos por otros” o “unos a otros”, y algunas maneras en las que se demuestra ese cuidado mutuo son las siguientes:
- Consolando al que está en angustia. Esto significa “alentar, reanimar, aliviar las penas o dificultades”. 2a Cor. 1:4 “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.”
- Dando ánimo al desanimado. Animar significa “inspirar con valor, con esperanza y fortalecer.” 1a Tes. 5:11 “Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo.”
- Proveyendo ayuda al débil. Esto incluye ayuda espiritual, material y emocional. 1a Juan 3:17-18 “Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
- Dando consejo y enseñando al que no sabe. Esto implica alimentarnos mutua y regularmente de la Palabra de Dios, así como procurar y velar por los miembros más nuevos o vulnerables. Col. 3:16 “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros…”
Pero Dios también nos exhorta a hacer todo lo anterior motivados por amor a Él en primer lugar, y por amor a nuestros hermanos en la fe, manteniendo la misma…
5 Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Sólo teniendo esto presente, podremos cuidarnos y servirnos unos a otros como se nos indica en los vv.3-4 de ese mismo capítulo,
3 No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, 4 no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
Lo anterior se demuestra cuando mi trato cotidiano hacia los demás miembros de mi iglesia es un reflejo fiel de lo que Dios me pide en Col. 3:12-14:
12 Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; 13 soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. 14 Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad.
Compromiso 2:
Seré un miembro que procura la unidad en la iglesia
Si examinamos con cuidado Colosenses 3:12-14, veremos que el amor no sólo es la actitud o motivación que debe caracterizar el trato, el servicio y el cuidado entre los miembros de la iglesia, sino que además es fundamental para mantener la unidad en la iglesia, y por eso Pablo lo enfatiza al decir en el v.14:
14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
De nada serviría que obedeciéramos todo lo que se nos manda en los vv.12-13 de este pasaje, si no lo hacemos motivados por amor a Cristo y a los demás, pues sería sólo obediencia externa, legalista o farisaica, ofensiva ante Dios y dañina para toda la iglesia. El amor debe ser siempre nuestra más alta prioridad, y sólo cuando está por encima de “todas estas cosas” agradaremos a Dios y fomentaremos la unidad en la iglesia.
En Filipenses 1:27 Pablo nos manda
27 Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos, o que permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio.
Y en el 2:2 de cuatro maneras diferentes resalta la importancia de la unidad entre los creyentes al decir,
2 hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.
Esto es esencial para vivir una vida digna del evangelio.
- siendo del mismo sentir,
- conservando el mismo amor,
- unidos en espíritu,
- dedicados a un mismo propósito
En Efesios 1:15-16 Pablo le da gracias a Dios por la fe de los miembros de la iglesia en Éfeso, pero también porque habían captado y estaban poniendo en práctica lo más importante:
15 Por esta razón también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesús que hay entre ustedes, y de su amor por todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones,
Y en el pasaje paralelo a Colosenses 3:12-14, en Efesios 4:1-3, una vez más Pablo resalta la importancia del amor y nuestra responsabilidad por mantener la unidad en la iglesia:
1 Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. 2 Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, 3 esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
La unidad es vital para la salud de la iglesia, y como miembro de tu iglesia Dios te ha dado la responsabilidad de esforzarte por preservar, fomentar y generar unidad en tu iglesia, amando incondicionalmente a todos los miembros de tu congregación.
Esto no quiere decir que siempre estarás de acuerdo con todos, pero sí significa que estarás dispuesto a sacrificar tus preferencias personales para mantener la unidad en tu iglesia.
Una manera concreta de contribuir a la unidad en nuestra iglesia es estando alertas para resistir toda tentación a cometer o fomentar una clase de pecados que tal vez sea la más común en la mayoría de las iglesias, y que tiende a ser subestimada.
Se trata de los pecados que cometemos con nuestra lengua, los cuales incluyen murmuración, chisme, calumnia, juicio, etc., de todo lo cual se nos advierte en Santiago 3:8-10 donde leemos:
8 pero ningún hombre puede domar la lengua. Es un mal turbulento y lleno de veneno mortal. 9 Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios. 10 De la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
En Romanos 1:29-31, se nos da una larga y terrible lista de pecados sumamente graves y destructivos, la cual incluye pecados que cometemos con nuestra lengua y que no consideramos tan graves y dañinos como en realidad son:
29 Están llenos de toda injusticia, maldad, avaricia y malicia, llenos de envidia, homicidios, pleitos, engaños, y malignidad. Son chismosos, 30 detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo, desobedientes a los padres, 31 sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor, despiadados.
Que interesante que justo en medio de esta terrible lista de pecados muy graves y dañinos, aparece un pecado que todos cometemos con más frecuencia y facilidad de la que nos imaginamos: “son chismosos”, y al ponerlo en esta lista, Dios nos da una idea bastante clara de lo grave que es este pecado ante sus ojos.
El chisme es hablar o escuchar algo, (que puede ser cierto o falso, y cuando es falso también es calumnia) acerca de una tercera persona, lo cual se dice con el fin de dañar la reputación de esa persona. Lo que empeora las cosas es que lo que se comunica (o “chismea”), por lo general, se le comunica a alguien que no es parte ni del problema ni de la solución.
Además de ofender a Dios, el chisme es destructivo para la iglesia. Pocas cosas destruyen la unidad de una iglesia como los chismes. Una iglesia unida es poderosa, pero los rumores y calumnias debilitan seriamente a una congregación. ¿Cómo debemos responder al chisme en nuestra iglesia?
Primero, jamás comentes algo que podría dañar la reputación de una tercera persona, aún si tú fuiste testigo de algo que dijo o hizo. En lugar de iniciar un chisme, aplica lo que se nos manda en Mateo 18:15-20 y ve y habla directamente con esa persona, y si no es prudente hacerlo a solas, pídele a otro miembro maduro de la iglesia que te acompañe.
Segundo, rehúsa escuchar cualquier comentario negativo sobre una tercera persona, y reprende con amor a la persona que te lo quería compartir, explicándole por qué no lo debe hacer. Entre más fieles seamos en hacer esto, más preservaremos la unidad en nuestra iglesia. Recordemos que:
10 Porque, «El que desea la vida, amar y ver días buenos, Refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño.
En tercer lugar, debemos hacer todo lo posible por evitar toda clase de murmuración, la cual casi siempre se manifiesta al quejarnos de alguien o de algo en nuestra iglesia ante personas que no tienen por qué oír nuestras quejas, y que además no podrán hacer nada para ayudarnos a solucionar nuestro problema. Obviamente, también debemos evitar escuchar la murmuración o quejas que otros miembros nos quieren comunicar, y en lugar de escucharlos, debemos animarlos a hablar directamente con las personas apropiadas.
Otra manera práctica y específica de contribuir a la unidad en nuestra iglesia, es perdonando a todos los miembros que nos han ofendido en el pasado o nos lleguen a ofender en el futuro, pues el Señor Jesús fue muy claro en Mateo 6:14-15:
14 Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedes. 15 Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones.
Las iglesias locales están constituidas por miembros y pastores imperfectos, que aún pecamos y cometemos errores, y por lo tanto será inevitable que nos lleguemos a ofender unos a otros. Pero eso es precisamente lo que nos dará la oportunidad de aprender a perdonar cómo Cristo nos perdonó a nosotros (Leer de nuevo Col. 3:13). Pero mientras haya miembros con corazones que se niegan a perdonar, no habrá unidad en la iglesia.
No busques una iglesia que no peca, sino una iglesia en la que sus miembros se arrepienten y piden perdón.
Para ayudarnos a realmente perdonar a los que nos ofenden, el Señor Jesús les relató a sus discípulos la parábola de los dos deudores en Mateo 18:23-35. La enseñanza principal de esta parábola, es que a nosotros Dios nos perdonó una deuda tan enorme que nosotros jamás hubiéramos podido llegar a pagar (equivalente a la deuda de diez mil talentos, que era imposible de pagar porque un talento era lo que un obrero ganaba por el trabajo de 20 años); y cualquier ofensa que nosotros debamos perdonar es infinitamente inferior a la ofensa que Dios nos perdonó (un denario era lo que un obrero ganaba por un día de trabajo).
Esto nos debe motivar a perdonar de corazón a todo aquel que nos llegue a ofender, motivados por el hecho de que Cristo nos perdonó a nosotros la inmensa deuda de nuestros pecados, la cual para nosotros era imposible llegar a pagar, y lo hizo sólo por amor y como una expresión de Su gracia y misericordia para quienes éramos sus enemigos.
Preguntas para discusión en grupo pequeño
Compromiso 1
-
¿Cómo puedes crecer en tu aprecio por todos los miembros de tu iglesia local?
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¿Qué dones te ha concedido el Espíritu Santo y para cuál propósito? Si no lo sabes, ¿qué puedes hacer para discernirlo?
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¿En cuál área o ministerio de la iglesia sirves actualmente o te gustaría servir, y por qué? Si aún no estás sirviendo, ni estás motivado a empezar a servir ¿cuál crees que es la razón y qué puedes hacer para ser motivado a hacerlo?
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Comparte alguna experiencia en la que fuiste servido de manera significativa por uno o varios miembros de la iglesia, y cómo esa experiencia impactó tu fe y tu aprecio por la iglesia.
Compromiso 2
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¿De qué maneras específicas podrías crecer en tu amor por los miembros de tu iglesia, con el fin de preservar la unidad?
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¿Por qué crees que a todos nos es tan fácil pecar con nuestra lengua?
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¿Con cuál de los pecados de la lengua es con el que más batallas y por qué? ¿Qué puedes hacer para resistir esta clase de pecados?
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¿Cómo debes responder bíblicamente al chisme, calumnia o murmuración que otro miembro de la iglesia te quiere compartir? Si te es difícil responder así ¿Cuál es la razón?
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¿Por qué es tan importante perdonarnos los unos a los otros, y qué nos debe motivar a hacerlo? ¿Por qué nos es tan difícil perdonar de corazón a los que nos ofenden?
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¿Has realmente perdonado a todos los miembros de tu iglesia que te han ofendido? Si aún no lo has hecho, ¿qué te lo impide y qué debes hacer para lograrlo?