¿Es la membresía de la iglesia un concepto bíblico? En un sentido, no lo es. Abre el Nuevo Testamento y no encontrarás ningún relato, digamos, de Priscila y Aquila mudándose a la ciudad de Roma, buscando una iglesia, después otra, y finalmente decidiéndose a unirse a una tercera. Por lo que sabemos, nadie iba «de compras» para encontrar una iglesia, porque solo había una iglesia en cada comunidad. En ese sentido, no encontrarás una lista de miembros de la iglesia en el Nuevo Testamento.
Pero las iglesias del Nuevo Testamento aparentemente tenían listas de personas, como las listas de viudas que eran sustentadas por la iglesia (1 Ti. 5). De forma más significativa, algunos pasajes del Nuevo Testamento sugieren que las iglesias tenían algún modo de identificar a sus miembros. Sabían quién pertenecía a sus asambleas y quién no.
En una ocasión, por ejemplo, un hombre en la iglesia de Corinto estaba viviendo en inmoralidad «cual ni aun se nombra entre los gentiles» (1 Co. 5:1). Pablo escribió a los corintios y les dijo que excluyesen a ese hombre de su asamblea. Ahora, para y piensa acerca de esto. No puedes excluir formalmente a alguien si esa persona no está incluida formalmente para empezar.
Parece que Pablo vuelve a referirse a este mismo hombre en su siguiente carta a los corintios al decir que «para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría» (2 Co. 2:6 NVI). Detente y piensa de nuevo. Solo puedes tener una «mayoría» si hay un grupo definido de personas, en este caso una membresía de la iglesia definida.
Pablo se preocupaba de quién estaba dentro y quién estaba fuera. Le importaba porque el Señor Jesús mismo había dado a las iglesias la autoridad de trazar una línea —del mejor modo humanamente posible— a su alrededor, con el fin de diferenciarse del mundo.
En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. (Mt. 18:18; véase también 16:19; Jn. 20:23)
Hemos dicho que las iglesias sanas son congregaciones que reflejan cada vez más el carácter de Dios. Por tanto, nuestros registros terrenales deben de aproximarse, tanto como sea posible, a los mismos registros del cielo; aquellos nombres escritos en el libro de la vida del Cordero (Fil. 4:3; Ap. 21:27). Una iglesia sana recibe y descarta a individuos que profesan fe, tal y como enseñan los autores del Nuevo Testamento. Es decir, se busca tener una comprensión bíblica de la membresía.
LA MEMBRESÍA BÍBLICA SIGNIFICA COMPROMISO.
Un templo tiene ladrillos. Un rebaño tiene ovejas. Una vid tiene ramas. Y un cuerpo tiene miembros. En un sentido, la membresía de la iglesia comienza cuando Cristo nos salva y nos hace miembros de su cuerpo. No obstante, su obra ha de tener su expresión en una iglesia local. En este sentido, la membresía de la iglesia comienza cuando nos comprometemos con un cuerpo en particular. Ser cristiano significa estar unido a una iglesia.
La Escritura, por tanto, nos enseña a congregarnos de forma regular para que podamos regocijarnos regularmente en nuestra común esperanza y estimularnos con regularidad al amor y a las buenas obras (He. 10:23-25). La membresía de la iglesia no es simplemente una casilla que una vez marcamos en una hoja. No es un sentimiento emocional. No es una expresión de afecto a un lugar familiar. No es una expresión de lealtad o deslealtad hacia los padres. Debería ser el reflejo de un compromiso vivo, o si no, no vale para nada. De hecho, es peor que algo que no vale para nada; es peligroso, como veremos en breve.
LA MEMBRESÍA BÍBLICA SIGNIFICA ASUMIR RESPONSABILIDAD.
La práctica de la membresía de la iglesia entre los cristianos tiene lugar cuando los cristianos se aferran los unos a los otros con responsabilidad y amor. Al identificarnos con una iglesia local en particular, no solo estamos diciendo a los pastores de la iglesia y a los otros miembros que nos comprometemos con ellos, sino que nos comprometemos con ellos a reunirnos, a ofrendar, a orar y a servir. Les estamos diciendo que esperen ciertas cosas de nosotros y que nos consideren responsables si no seguimos haciéndolas. Unirse a una iglesia es un acto en el que decimos, «Ahora soy tu responsabilidad, y tú eres mi responsabilidad». Sí, esto es contrario a la cultura. Aun más, es contrario a nuestras naturalezas pecaminosas.
La membresía bíblica significa asumir responsabilidad. Proviene de nuestras obligaciones mutuas, según las vemos enfatizadas en todos los pasajes bíblicos que nos hablan de reciprocidad: amarse unos a otros, servir unos a otros, animarnos unos a otros. Todos estos mandatos deberían estar incluidos en el pacto de una iglesia sana.
Los miembros de una iglesia madurarán en el reconocimiento de sus responsabilidades mutuas cuanto más estimen el evangelio, entiendan que la conversión es una obra de Dios, y evangelicen enseñando a los interesados a considerar el costo. De este modo, menos cristianos considerarán sus iglesias como algo estilo «ven como te plazca» y «obtén lo que quieras»; una tienda más que visitar en el centro comercial o mercado cristianos. Más las verán como un cuerpo en el que todas las partes se preocupan por las otras; el hogar en el que viven.
LA MEMBRESÍA BÍBLICA SIGNIFICA AFIRMAR LA SALVACIÓN
¿Por qué hay tanto peligro con los miembros que no asisten y eluden responsabilidades? Los miembros que no se involucran confunden tanto a los miembros de verdad como a los que no son cristianos, en cuanto a lo que significa ser cristiano. Y los miembros activos no hacen ningún favor a los miembros inactivos cuando les permiten seguir siendo miembros de la iglesia, ya que la membresía es el respaldo colectivo de la iglesia con respecto a la salvación de una persona. ¿Entendiste eso? Al llamar a una persona miembro de tu iglesia, estás diciendo que ese individuo tiene el respaldo de tu iglesia para ser reconocido como cristiano.
Si una congregación no ha visto a un individuo durante meses, o incluso años, ¿cómo puede testificar que esa persona está corriendo fielmente la carrera? Si un individuo ha desaparecido y no se ha unido a otra iglesia que crea en la Biblia, ¿cómo sabemos si él o ella fueron jamás parte de nosotros (véase 1 Jn. 2:19)? No sabemos necesariamente que tales personas no involucradas no sean cristianas, simplemente no podemos afirmar que lo sean. No tenemos que decir a dicha persona, «Sabemos que vas a ir al infierno»; solo tenemos que decir, «Ya no podemos expresar nuestra confianza de que vayas a ir al cielo». Cuando una persona está perpetuamente ausente, el respaldo de una iglesia es, en el mejor de los casos, ingenuo; y deshonesto en el peor.
Una iglesia que practica la membresía bíblica no requiere la perfección de parte de sus miembros; requiere humildad y honestidad. No les pide tomar decisiones huecas, sino un discipulado verdadero. No le quita importancia a las experiencias personales que uno pueda tener con Dios, pero tampoco supone demasiado de aquellos que aún no han sido perfeccionados. Esta es la razón por la que el Nuevo Testamento presenta un papel para la afirmación colectiva por parte de aquellos que están en un pacto con Dios y con los demás.
LA MEMBRESÍA BÍBLICA TIENE UN SIGNIFICADO
Espero ver que las estadísticas de membresía en las iglesias tengan cada vez más significado, para que los miembros de nombre se conviertan en miembros de hecho. De vez en cuando, esto significa quitar algunos nombres de la lista de membresía (aunque no de nuestros corazones). En la mayoría de casos, esto implica enseñar a los miembros nuevos lo que Dios quiere para la iglesia y recordar continuamente a los miembros actuales su compromiso con la vida de la iglesia. En mi propia iglesia, hacemos esto de diversas maneras, desde hacer clases de membresía hasta leer el pacto de iglesia en voz alta cada vez que tomamos la Cena del Señor.
Según nuestra iglesia ha ido creciendo en sanidad, el recuento de la asistencia los domingos por la mañana ha excedido el número de nombres escritos oficialmente en nuestras listas. Ciertamente este debería de ser tu deseo para tu iglesia también.
No amaremos bien a nuestros viejos amigos si les permitimos mantener su membresía en nuestras congregaciones por razones sentimentales. Les amamos animándoles a unirse a otra iglesia donde puedan amar y ser amados semanalmente e incluso diariamente. En el pacto de mi iglesia, por tanto, prometemos: «Cuando nos vayamos de este lugar, nos uniremos tan pronto sea posible a otra iglesia donde podamos llevar a cabo el espíritu de este pacto y los principios de la Palabra de Dios». Este compromiso es parte de un discipulado sano, particularmente en nuestra época de temporalidad.
Una práctica renovada de una membresía de la iglesia cuidadosa tendrá muchos beneficios. Hará que el testimonio de nuestras iglesias hacia los inconversos sea más claro. Hará más difícil que las ovejas más débiles se extravíen del rebaño y se sigan considerando a sí mismas ovejas. Ayudará a dar forma y a enfocar mejor el discipulado de más cristianos maduros. Ayudará a los líderes de la iglesia a saber exactamente de quiénes son responsables. En todo esto, Dios será glorificado.
Ora para que la membresía de la iglesia llegue a significar más de lo que significa actualmente. De este modo, podremos saber mejor por quién orar y a quiénes animar y exhortar en la fe. La membresía de la iglesia implica estar involucrados en el cuerpo de Cristo de formas prácticas. Significa viajar juntos como extranjeros y advenedizos en este mundo, según nos vamos dirigiendo hacia nuestro hogar celestial. Ciertamente, otra marca de una iglesia sana es un entendimiento bíblico de la membresía de la iglesia.