
La versión Reina Valera traduce como diezmo o diezmar los términos hebreos ‘âshar (עָשַֹר) y ma‘ăshêr (מַעֲשֵֹר), y la palabra griega apodekatóo (ἀποδεκατόω). Su significado literal es apartar la décima parte. Escribimos este documento para aclarar algunas dudas que pueden surgir sobre este tema.
El diezmo en el AT
El diezmo se practicaba desde la época de Abraham (cf. Gn. 14:20, 28:22) Con la llegada de la ley, el Señor simplemente reguló una práctica ya extendida entre el pueblo. El Señor explicó estas regulaciones en tres pasajes principales.
En Levítico 27:30 - 33, el Señor enseña que la décima parte de toda la producción agropecuaria le pertenecía. Este pasaje es revelador. La escritura nos enseña que, de hecho, Dios es el dueño de todo lo que existe (Sal. 24:1). Es decir, el diezmo no es algo que se le dé a Dios, es algo que ya le pertenece por derecho de creación.
Números 18:20 - 32: Dios concede el diezmo para el sostenimiento de los levitas. Debido a su ministerio, ellos carecían de los elementos para sustentarse; pues no tenían más posesiones que a Dios. En vista de esto, Dios les otorga los diezmos como una herencia. Los diezmos se utilizaron desde la época del AT para sostener a las personas que sirven a Dios y a su pueblo.
Finalmente, en Deuteronomio 14:23 - 29 se explica que una vez al año, durante la cosecha, los israelitas viajaban al tabernáculo para entregar la décima parte de su producción anual total. El ofrendante preparaba un banquete para el levita, la viuda y el huérfano. El resto de los bienes quedaban a disposición de los levitas quienes lo usaban para su sustento y para el funcionamiento del tabernáculo. Es decir, el diezmo se utilizaba para ayudar a los necesitados y para suplir las necesidades generadas en el servicio de adoración.
El diezmo en el NT
En Mt. 23:23 y Lc.11:42 Jesús condena a los fariseos por guardar el diezmo con rigidez, cuando se habían olvidado de la justicia, la misericordia y la fe. Los Fariseos diezmaban incluso las especias que cultivaban en su jardín. Es decir, ellos daban el diezmo incluso de los ingresos más pequeños. Jesús nos enseña su posición con respecto a este tema al concluir: «Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello». Es decir, el problema con los escribas y fariseos no residía en su práctica meticulosa del diezmo, sino en que se habían olvidado de lo más importante. Jesús los exhorta a vivir su fe sin olvidarse de los pequeños detalles como aportar los diezmos. La manera en que Jesús responde contrasta con otros pasajes, donde condena, por ejemplo, la rigidez de las ceremonias del día de reposo o los lavamientos. En cambio, el Señor anima a sus oyentes a imitar el diezmo sin olvidarse de la justicia.
El Diezmo centrado en el evangelio
Uno de los pasajes más usados para requerir el diezmo es Malaquías 3:7-12. En este pasaje el Señor acusa a su pueblo de haberle robado al no obedecer el mandamiento de diezmar. Como consecuencia, Dios les advierte que debido a esto, ellos están malditos. Finalmente, les invita a obedecer el mandato de diezmar, prometiendo que junto con la obediencia vendrá prosperidad y bendición.
Hoy en día, algunas iglesias utilizan este pasaje para advertir a las personas que, si no diezman, están bajo maldición. Sin embargo, por Gálatas 3:13 entendemos que “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiéndose hecho maldición por nosotros”. Es decir, en su muerte Cristo cargó toda la maldición que nos correspondía llevar y nos ha imputado su justicia perfecta. Cristo cargó, en su cuerpo, sobre el madero, la maldición que nos correspondía debido a nuestro egoísmo e incredulidad.
Por lo tanto, si el mandamiento de diezmar, como parte de la ley, se encargaba de regir el comportamiento externo, ahora, bajo la gracia no estamos bajo la presión de dar para “obtener” algo a cambio, o para evitar ser maldecidos. El evangelio nos libera para dar con gozo sin la expectativa de recompensa o juicio, sino por amor y gratitud (Lc. 14:12-14, 5:28)
Sabemos que muchas veces es difícil diezmar. Pero, la Escritura nos llama a dar con generosidad debido al incomparable amor que hemos recibido de Cristo, “que, siendo rico, sin embargo, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”. Creemos que en el evangelio tenemos la motivación correcta para dar con generosidad.
El diezmo en la historia de la Iglesia
Los primeros cristianos no encontraron ningún problema en continuar con esta práctica. En la Didajé 13:7, un manual de discipulado que procede de principios del siglo II se exhorta a los nuevos creyentes a participar de este mandamiento.
A lo largo de los siglos el diezmo se ha utilizado para la manutención de los servidores de la iglesia. Líderes de la Iglesia como Juan Crisóstomo, Cipriano, Orígenes y Agustín exhortaron a la iglesia a diezmar. Para el siglo VI, se esperaba que los creyentes participaran de los diezmos. En la reforma, el diezmo se convirtió en una práctica habitual.
El diezmo en nuestra iglesia
Seguimos esto principios para practicar el diezmo en nuestra iglesia:
Las ofrendas y diezmos son un principio, no una imposición:
- Creemos que en la era de la iglesia el concepto de un 10 por ciento estricto ha quedado obsoleto (Heb 8.13). Cada creyente es libre para participar de las ofrendas y los diezmos como propuso en su corazón (2 Cor 9.7).
- Esto no debe ser un pretexto para el egoísmo. Recordemos que en el nuevo pacto el Señor nos llama a que nuestra justicia sea superior a la de los escribas y fariseos (Mat 5.20). Esto significa que deberíamos considerar el diez por ciento como un principio valido, pero inicial.
- Ninguna persona, visitante o miembro, esta obligado a participar de las ofrendas y diezmos. Por lo tanto debemos evitar usar vocabulario que pueda insinuar esto; por el contrario, debemos insistir en que es un privilegio motivado por la gracia.
- Debido al abuso que ha existido en nuestra región, podemos sentirnos tentados a evitar el uso del término diezmo. Sin embargo, debemos recordar que es un termino bíblico y, por lo tanto, necesitamos recuperar su significado y sarlo legitimamente.
La gracia es la motivación correcta para participar de las ofrendas y diezmos:
- El haber recibido todo, incluyendo la vida, la salud, el empleo y la salvación por gracia, nos motiva a tener un estilo de vida caracterizado por la generosidad radical enfocada en la misión.
- Debido a esto, los miembros de Gracia Soberana participamos del diezmo voluntaria y alegremente.
- Cuando un creyente participa en el culto orando por nuestras ofrendas y diezmos debe evitar referirse a motivaciones incorrectas como la culpa o un deseo pecaminoso de ser bendecidos financieramente; por el contrario, debemos apuntar a la gracia de Dios como la única motivación correcta. Nuestras ofrendas y diezmos sostienen nuestra misión:
- Los fondos obtenidos a través de nuestras ofrendas y diezmos se utilizarán para financiar los gastos de la iglesia. Esto incluye el pago de un salario justo a los obreros a tiempo completo, pago de servicios, financiamiento de proyectos de evangelismos, etc.
- Cuando un creyente ora por las ofrendas y diezmos durante el culto, debe señalar que al ofrendar y diezmar le damos a Dios lo que le pertenece y nos hacemos participantes de la misión de expandir el evangelio.
¿Cómo participar?
Basados en los principios anteriores, el Señor nos llama a ser fieles en participar fielmente en los diezmos. Para hacerlo te pedimos que deposites tu diezmo en un sobre (disponibles en la recepción) y lo marques como diezmo. Cada semana, durante el tiempo de adoración, oraremos y colectaremos nuestros diezmos.
Si tienes alguna duda, no dudes en acercarte al liderazgo de la iglesia. Ellos te pueden ayudar a entender la enseñanza bíblica y te harán saber cómo manejamos la transparencia en esta área.
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