
Memorizar
Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos.
(Romanos 8:11)
Comentemos:
- ¿Has oído alguna controversia sobre el tema del Espíritu Santo?
- ¿Por qué crees que ha sido difícil para la iglesia ponerse de acuerdo en este tema tan importante?
Idea Clave:
El Espíritu Santo ha sido dado a los creyentes para llenarnos continuamente para transformarnos a la imagen de Cristo y para servir
I. La obra del Espíritu
Como vimos en la sesión anterior, uno de los grandes regalos del evangelio es la presencia del Espíritu de Dios en la vida del creyente. Sin embargo, el Espíritu no solo está presente, sino que también actúa de manera activa y constante en nosotros. Su obra es tan amplia y profunda que hoy nos enfocaremos únicamente en dos aspectos fundamentales: la morada y la llenura del Espíritu.
A. El Espíritu mora en el creyente
17 es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes.
Pregunta:
Según este pasaje ¿En quienes mora el Espíritu?
Juan 14:18, junto con muchos otros pasajes del Nuevo Testamento, enseña claramente que el Espíritu Santo habita en el pueblo de Dios. Por un lado, el cuerpo de cada creyente individual es templo del Espíritu (1 Corintios 6:19–20), lo que significa que Dios mismo mora en nosotros de manera personal y permanente. Al mismo tiempo, el Espíritu Santo hace real la presencia de Dios cuando la iglesia se reúne en adoración corporativa, edificando a los creyentes como un solo cuerpo en Cristo (Efesios 2:22; 1 Corintios 3:16–17).
Pregunta:
- ¿Cómo debería cambiar nuestra manera de vernos a nosotros mismos y nuestra forma de vivir al saber que el Espíritu Santo habita en nosotros?
B. El Espíritu Santo llena al creyende
18 Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu.
Pregunta:
- ¿Qué mandamiento da Pablo en este pasaje?
- Lean al menos dos de los siguientes versículos: Juan 15:26, Hech 4:31, 6:3, 7:55, 19:6; Rom 8:13-15, 23; Efesios 3:16-19, Después contesten ¿En qué consiste ser lleno del Espíritu Santo?
El mandamiento que Pablo da en Efesios 5:18 es claro: “Sean llenos del Espíritu”. No es una sugerencia opcional, sino un llamado directo a todos los creyentes. Así como una persona embriagada queda bajo el control de su carne, ser llenos del Espíritu significa vivir bajo su dirección en cada área de nuestra vida. Esta llenura se manifiesta en múltiples formas a lo largo del Nuevo Testamento. Estar lleno del Espíritu significa ser fortalecidos para hablar con valentía (Hechos 4:31). Por medio de la llenura el Espíritu también capacita a los líderes para servir con sabiduría (Hechos 6:3), llena de poder y visión a los mártires como Esteban (Hechos 7:55), y distribuye dones para la edificación del cuerpo (Hechos 19:6). Además, el Espíritu nos capacita para mortificar el pecado y vivir como hijos adoptivos de Dios (Romanos 8:13–15), nos da esperanza en medio de la espera de la redención final (Romanos 8:23), y nos fortalece interiormente para conocer el amor de Cristo en toda su plenitud (Efesios 3:16–19).
Sin embargo, si prestas atención a Efesios 5.18 la orden no es “llénense del Espíritu”. Nosotros no podemos llenarnos a nosotros mismo sino que debemos colocarnos en disposición para que Dios mismo nos llene por medio de su Espíritu. La llenura, entonces, no depende de nuestra capacidad, sino de una obra soberana de Dios. La confesión de fe de las Iglesias Gracia Soberana enseña lo siguiente:
El Espíritu también desea llenar al pueblo de Dios continuamente con mayor poder para la vida y el testimonio Cristianos. Ser lleno del Espíritu es estar más completamente bajo su influencia, estar más consciente de su presencia, y ser más efectivo en su servicio.
Pregunta:
Si la llenura es una obra soberana de Dios. ¿Cómo podemos buscar esa llenura? (Efe. 5:18-21, Col 3:16)
II. Buscando la llenura del Espíritu
En nuestra confesión de fe leemos:
Todos los Cristianos, por lo tanto, deben buscar continuamente ser llenos del Espíritu, viviendo y orando de una manera que invite el obrar del Espíritu entre nosotros, anhelando activamente que Dios realice sus propósitos de gracia en y a través de nosotros.
31 Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.
16 Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior;
16 Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones.
Pregunta:
Lee lso pasajes anteriores y comenten: ¿Qué postura debe tomar el creyente para disponerse a la llenura del Espíritu?
Aunque la llenura del Espíritu es obra soberana de Dios, el creyente está llamado a vivir en oración y dependencia constante. En Hechos 4:31 vemos que la iglesia, después de orar, fue llena del Espíritu y habló con valentía. Efesios 3:16–19 muestra que Pablo ora para que los creyentes sean fortalecidos en el hombre interior y conozcan el amor de Cristo en toda su plenitud. Colosenses 3:16 nos recuerda que la Palabra de Cristo debe habitar ricamente en nosotros. Estas acciones son la postura que el creyente debe tomar. Por sí mismas no producen la llenura, pero cuando nos ponemos en esa postura nos preparamos para que el Espíritu de Dios obre en nosotros.
Al mismo tiempo hay practicas que debemos evitar:
30 Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención.
19 No apaguen el Espíritu.
13 Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán.
Asking
- ¿Qué prácticas debemos evitar para no apagar ni contristar al Espíritu?
Por tremendo que parezca el creyente puede obstaculizar la obra del Espíritu en su vida. Efesios 4:30 nos advierte: “No contristen al Espíritu Santo de Dios”, lo cual ocurre cuando persistimos en pecados como amargura, ira o palabras corrompidas. 1 Tesalonicenses 5:19 añade: “No apaguen al Espíritu”, es decir, no resistamos su dirección ni despreciemos su obra. Romanos 8:13 enseña que, por el Espíritu, debemos hacer morir las obras de la carne. Evitar estas prácticas es parte de nuestra respuesta obediente, mostrando que buscamos la llenura con un corazón dispuesto y humilde.
III. Experimentando la victoria en el Espíritu
9 Sin embargo, ustedes no están en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él. 10 Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia. 11 Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes.
Pregunta:
¿Cómo resumirías la obra del Espíritu en el creyente según este pasaje?
El Espíritu Santo es quien marca la diferencia entre estar “en la carne” y estar “en Cristo”. Él habita en cada verdadero creyente, asegurando que la vida de Cristo se haga real en nosotros. Aunque nuestro cuerpo sigue infectado por el pecado y la muerte, el Espíritu nos da vida ahora y garantiza la resurrección futura (cf. 2 Corintios 4:16; Filipenses 3:21). Es decir, el Espíritu aplica la obra de Cristo en nosotros: nos da identidad, vida y esperanza.
Pregunta:
¿Cómo te ayudan estas verdades a luchar contra el pecado?
Saber que el Espíritu habita en nosotros nos recuerda que no estamos solos en la batalla contra el pecado. Él nos capacita para matar las obras de la carne (v. 13), nos asegura que somos hijos de Dios y no esclavos del temor (v. 15), y nos da esperanza de la redención final (v. 23). Esta verdad nos impulsa a vivir en santidad, confiando en que el mismo poder que resucitó a Cristo está obrando en nosotros. La victoria sobre el pecado no depende de nuestra fuerza, sino de la presencia viva del Espíritu que nos une a Cristo y nos sostiene hasta el fin.
Para resumir
El Espíritu Santo es el regalo precioso de Dios para su pueblo. Él habita en cada creyente, nos capacita para vencer el pecado y nos equipa con dones para servir en la iglesia. No podemos llenarnos por nosotros mismos, pero sí podemos vivir en oración, obediencia y dependencia, confiando en que Dios nos llena continuamente de su Espíritu. Esta verdad nos recuerda que no estamos solos: el mismo poder que resucitó a Cristo está obrando en nosotros, guiándonos hacia la santidad y sosteniéndonos en la misión hasta que Cristo regrese.