aquí no estamos tratando con hipótesis o mera «ley» que condena y muestra nuestra necesidad de gracia. La gracia y la virtud son amigas, no enemigas. El mandato presente en 5:48 y a lo largo de esta sección es una invitación a florecer como Dios el Padre celestial, o, para decirlo en forma macarística, a ser llamados hijos de Dios (5:9, 45).
El Sermón Del Monte Y El Florecimiento Humano