Usted no puede comprar a Dios. Dios lo ha comprado a usted. “¿O ignoráis […] que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:19–20). Nuestro tesoro más grande en la vida y en la muerte es gratis. “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).
Colección de sermones de John Piper