Decir que Dios es soberano es declarar que Él es el Todopoderoso, el poseedor de todo el poder en el cielo y la tierra para que ninguno pueda vencer sus consejos, frustrar su propósito o resistir su voluntad (Sal. 115:3).
Decir que Dios es soberano es declarar que Él es “el gobernante de las naciones” (Sal. 22:28), que establece reinos, derroca imperios y determina el curso de las dinastías como mejor le plazca.
Decir que Dios es soberano es declarar que Él es el único “Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores” (1 Ti. 6:15). Tal es el Dios de la Biblia.
Arthur Pink