Para ser predicadores fieles y líderes efectivos, tenemos que presentar la verdad de Dios en su belleza absoluta, sin blanquear los colores atrevidos de los mandamientos bíblicos ni volverlos en sugerencias de tono pastel. Tendremos que desafiar a nuestros oyentes para que se conviertan en “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:22). Llamaremos a cada individuo a la familia de la iglesia al completo a actuar con fe obediente. De esta manera, no solo serviremos como expositores fieles de la palabra de Dios, sino que también estaremos proporcionando liderazgo pastoral al pueblo de Dios.
El corazón del predicador