Los sermones son sacrificios espirituales: “fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15). Podemos tener una conversación dual mientras estamos predicando. Exteriormente, presentamos el mensaje que hemos preparado a la congregación; e internamente clamamos a Dios por Su ayuda. Mantenemos la comunicación con Dios incluso a la vez que estamos hablando con la gente. Algunos de los momentos más dulces y fuertes de sentir la presencia de Dios se dan mientras predicamos la Palabra de Dios en comunión con él.
El corazón del predicador