Los hombres permitirán que Dios esté en cualquier lugar excepto en Su trono. Ellos le permitirán que esté en Su taller para formar mundos y hacer estrellas. Le permitirán que esté en Su casa de caridad repartiendo limosnas y entregando Sus tesoros. Le permitirán que sostenga la tierra y mantenga firme sus pilares, o que encienda las lámparas del cielo, o que gobierne las olas del océano, que siempre están en movimiento; pero cuando Dios asciende a Su trono, entonces Sus criaturas rechinan los dientes; y cuando nosotros proclamamos a un Dios entronizado, y el derecho que tiene de hacer lo que quiera con lo suyo, a disponer de Sus criaturas como lo crea conveniente, sin consultarlos en la materia, entonces es cuando se burlan de nosotros y somos execrados, y entonces es cuando los hombres prestan oídos sordos a nuestras palabras, pues el Dios en Su trono no es el Dios que ellos aman
C. H. Spurgeon