Cuando los credos y las confesiones de fe coinciden con la Palabra, esas declaraciones nos exigen una cierta obligación; pero su autoridad no está en ellas, sino en la Palabra de Dios que las ampara.
La autoridad siempre reposará en la Palabra de Dios, y no en la de los hombres.
Miguel Núñez, Enseñanzas que transformaron el mundo, (Abrir en Kindle)