El simple hecho de ser israelitas y estar cercanos al Templo no garantizaba la pureza de los judíos. Existían formas variopintas por medio de las cuales los judíos podían adquirir impureza y verse privados de los beneficios de la santidad. Por eso, mantener la santidad dependía del esfuerzo humano por evitar la impureza y de la obediencia a los rituales de purificación.