dos tentaciones ocurren a todo pastor y padre: lo primero es simplemente esperar que su hijo entienda la necesidad del cambio de planes de la misma forma en que el pastor la entiende. Como pastor sé que a veces es necesario interrumpir los planes para ministrar el evangelio de la gracia de Dios a la gente que sufre. Pero, todo lo que mi hijo pequeño entiende, es que él no pudo ir a pescar porque alguien más necesitaba y recibió el tiempo y atención de su papá. Timoteo, cuando esta clase de situación surja, asegúrate de hablar con tu hijo, identifícate con él y busca compensarle de una manera razonable, intencional y oportuna. La otra tentación es llegar a estar tan abrumado con la culpa porque él tuvo que cambiar sus planes que el pastor permite que su hijo lo manipule a acciones o decisiones que de otra manera no haría. El liderar por la culpa se ha vuelto totalmente común en nuestra cultura, y desafortunadamente los pastores no están inmunes a ello. Pero debo confesar, que es particularmente feo que un pastor se relacione con sus hijos de esta manera. Deliberadamente debemos abrir espacios en nuestras agendas para nuestros niños y respetar esos espacios a conciencia. Cuando sea necesario cambiar estos planes de una forma tal que afecten a tus hijos, se diligente en compensarles ese tiempo.
Thomas K. Ascol
Querido Timoteo