La verdadera adoración es siempre una respuesta a la Palabra de Dios. John Stott ha dicho que la adoración a Dios es “[gloriarse]‘en Su santo nombre’ (Sal. 105:3), es decir, deleitarse con adoración en quien es Él en Su carácter revelado”. Y añade:

Dios debe hablarnos antes de que nosotros tengamos alguna libertad para hablarle a Él. Dios debe revelarnos quién es Él antes de que nosotros podamos ofrecerle lo que nosotros somos en adoración aceptable. La adoración a Dios es siempre una respuesta a la Palabra de Dios. La Escritura dirige maravillosamente y enriquece nuestra adoración.


Bob Kauflin
Nuestra adoración importa