Jesucristo enseñó a Sus discípulos a orar, sanó a personas mediante la oración, denunció la corrupción de la adoración en el templo (este, Él declaró, debería ser una «casa de oración») e insistió en que algunos demonios podían ser expulsados únicamente a través de la oración. Solía orar de forma regular con clamor y lágrimas (Heb. 5:7) y algunas veces, durante toda la noche. El Espíritu Santo vino sobre Él y lo ungió mientras oraba (Luc. 3:21–22). Cuando Jesús enfrentó su mayor crisis, lo hizo con oración. Leemos que oró por Sus discípulos y por la iglesia la noche antes de Su muerte (Juan 17:1–26) y que luego rogó a Dios en Su agonía en el jardín de Getsemaní. Por último, murió orando. Donde está Dios está la oración>
Timothy Keller
La oración