El sábado semanal les recordaba que él era su Rey del pacto, el Señor de la creación (v. 3; cf. Éx. 20:8-11; 31:12-17), mientras que las fiestas anuales les recordaban su redención y provisión (Lv. 23:4-43). Estos recordatorios tenían como propósito fortalecerlos en la fiel obediencia al Señor (cf. Dt. 8:11-14) y en su amor unos a otros pactado (cf. Dt. 16:9-12).