Dietrich Bonhoeffer también lo entendió, aunque nunca se casó. Cuando enseñaba a sus alumnos del seminario sobre predicar, hablaba del valor incalculable de la inteligencia de una esposa en cuanto a los sermones: “El pastor tiene derecho a saber si la palabra de Dios fue audible en sus sermones. […] La tarea de la esposa del pastor es realizar este servicio. ¡Pero el pastor debe buscarlo! […] ¡Dale gracias a Dios si tienes una esposa que pueda criticarte con sinceridad!”
Rick Reed
El corazón del predicador


Muchas veces, nos detenemos a esto porque ella es, precisamente, quien mejor nos conoce…