Básicamente, el fruto del liderazgo fiel es saber que hemos complacido a una audiencia de Uno. Nuestro gozo no viene de dirigir el tiempo perfecto, ni viene de premios, o de tener una canción en las listas de éxitos. Nuestra meta no es el logro, la popularidad ni la realización personal. Es anticipar, por la gracia de Dios y para la gloria de Jesucristo, lo que escucharemos en el último día, “Bien, siervo bueno y fiel” (Mat. 25:21,23).
Nuestra Adoración importa