El desafío, según me parece a mí, es negociar un camino intermedio entre estas dos zanjas de “ser blandos” o “ser duros”, que esté basado en la Biblia, centrado en Dios, que exalte a Cristo y que esté dinamizado por el Espíritu Santo. Al ser blando correrás el riesgo de convertirte en poco más que la marioneta de la iglesia. Al ser duro puedes tomar la apariencia del papa de la iglesia. Debes resistir los esfuerzos de cualquiera que quiera empujarte a la primera zanja, mientras que al mismo tiempo debes resistir tu propia tentación a saltar en la segunda zanja. Ambos extremos deben evitarse en el espíritu de Jesucristo.
Querido Timoteo