El Pentateuco advierte el peligro de “si un hombre tiene un hijo terco y rebelde que no obedece (ὑπακούων) a su padre ni a su madre, y cuando lo castigan, ni aun así les hace caso” (Dt 21:18). Es el deber de los padres para con Dios establecer límites a los hijos y esperar que ellos obedezcan. Si no se consigue hacer esto, se desagrada al Señor y los hijos acaban rebelándose contra el Señor. Dios reveló al sacerdote Elías a través de Samuel el profeta que juzgaría a la familia de Elías “pues sus hijos trajeron sobre sí una maldición, y él no los reprendió” (1 S 3:13)
Comentario exegético Practico: Efesios