Como observa Juan Calvino, la mayoría de la gente se aferra a la creencia errónea de que la persona feliz es la que está «libre de molestias, consigue todo lo que desea, y lleva una vida alegre y relajada»; la idea equivocada es que la verdadera felicidad se trata de nuestro estado emocional actual. Sin embargo, en estas Bienaventuranzas, prosigue Calvino, Cristo expone la falsedad de esta creencia, para que los cristianos no piensen que las calamidades y reproches discuerdan con la vida feliz. Eso no es así, debido a la convicción de que «somos felices en medio de las desdichas porque nuestra paciencia es bendecida por el Señor, y pronto le seguirá un feliz resultado… Los discípulos de Cristo deben aprender la filosofía de poner su felicidad más allá del mundo, y por encima de las aflicciones de la carne». Calvino concluye sosteniendo que el propósito de las Bienaventuranzas es mostrar que «no son infelices aquellos que son oprimidos por los vejámenes de los malvados y están sujetos a diversas calamidades»
El Sermón Del Monte Y El Florecimiento Humano