En el día de la angustia te invocaré, Porque Tú me responderás.
- En el día de la angustia, cuando las lágrimas pesan sobre mi rostro y la realidad de vivir en un mundo bajo tu maldición se vuelve un peso insoportable, cuando la vulnerabilidad y fragilidad de mi vida se hacen evidentes, y resulta que mi fe no es tan fuerte como pensaba…
- Cuando mi debilidad me ha cegado tanto y mi necedad evita que acuda al único lugar donde hay oportuno socorro, clamaré a ti. Porque en tu fidelidad has determinado no olvidarte de tus hijos. Has prometido que a los que te amamos, todo nos ayuda a bien. Y estoy convencido de que nada puede separarme de tu mano.
- Así que clamaré y buscaré tu rostro. Y por tu fidelidad, sé que me responderás. En esa respuesta, encontraré satisfacción y consuelo.
Así que clamaré y buscaré tu rostro. Y por tu fidelidad, sé que me responderás. En esa respuesta, encontraré satisfacción y consuelo.