SEÑOR, pon guarda a mi boca; Vigila la puerta de mis labios. No dejes que mi corazón se incline a nada malo, Para practicar obras impías Con los hombres que hacen iniquidad, Y no me dejes comer de sus manjares.
En este mundo violento, luchamos contra fuerzas que se oponen a Nuestro Rey. Siendo sinceros, carecemos de la fuerza y la tenacidad necesarias para vencer por nosotros mismos. Sin embargo, podemos triunfar si nos aferramos al que ya ha vencido. Al igual que David, pidamos al Rey que nos sostenga en nuestra lucha y nos conceda la victoria.
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