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El justo florecerá como la palma, Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del Señor, Florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; Estarán vigorosos y muy verdes, Para anunciar cuán recto es el Señor; Él es mi Roca, y que en Él no hay injusticia. Salmo 92.12-15


No sé si es normal, pero cada vez me es más común sorprenderme pensando: ¿Qué será de mí en uno años, cuando mis fuerzas empiecen a flaquear? Mi temor más grande, incluso más grande que no llegar, es llegar enfermo, amargado, derrotado, o un poco de cada cosa.

El futuro es tan incierto para mí como un enigma sin respuesta. ¿Llegaré? ¿Veré a ms hijas casarse? ¿Conoceré a mis nietos? ¿Veré la iglesia a la que sirvo fortalecerse y crecer?

Este Salmo me da esperanza… y me recuerda la verdad: Mi futuro depende del Rey: Él me hará florecer. ¿Significa esto una vida llena de comodidades? Sabemos que no, por el contrario, para hacernos florecer, nuestro Padre nos va a llevar por desiertos ardientes, atravesaremos el mar turbulento, el fuego de la prueba; caminaremos en el valle de sombra de muerte. Pero floreceré, y sé que eso significa que cada vez tendré más contentamiento con Su provisión, que mi carácter será moldeado a la imagen de Cristo y que crecerá mi satisfacción y gozo en Dios.

Aun en la vejez daré fruto, pero mi carne me invita a confundirme; No, no será fruto para mí o para mi deleite, sino fruto para el Rey. Una vida transformada a Su imagen, unas manos desgastadas de servirle, y una voz debilitada por proclamarle, lleno de gozo paz y plenitud.

Pero hermano, te recuerdo que ese florecimiento solo se obtiene en un lugar: en los atrios de nuestro Dios. Es tan triste ver a un anciano en su agonía, pero es más triste ver a un hombre que agoniza por la amargura y la frustración quw ha atesorado por años.

Vamos hoy 13a Su presencia, allí hay plenitud de gozo, vivamos cada día delante de Él, llevemos cautivo todo pensamiento a Cristo, hagamos todo para Su gloria. Y así, cuando Él nos permita a travesar el valle de la aflicción o el río de la muerte, podremos decir: Él es mi roca