Dios desde la eternidad, por el consejo sabio y santo de su propia voluntad, de manera libre e inmutable ordenó todo lo que sucede. Aun así, Dios ni es el autor del pecado ni vulnera la voluntad de sus criaturas; tampoco desaparece la libertad de segundas causas, sino que más bien se establece. Aunque Dios sabe todo lo que sucederá o puede acontecer, Él no ha decretado los acontecimientos porque los previó como algo que fuera a acontecer.
Dios, el Creador de todas las cosas, sostiene, dirige y gobierna a todas las criaturas, acciones y cosas, desde la más grande hasta la más pequeña, por su providencia sabia y santa, según su presciencia infalible y el consejo libre e inmutable de su propia voluntad, para alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia. En su habitual providencia, Dios se sirve de medios, si bien es libre de prescindir de ellos, de obrar por encima de ellos o en contra de ellos según le place. Véanse Génesis 8:22; Números 23:19; Job 38:11; Salmos 135:6; Proverbios 16:33; Isaías 46:10-11; 55:10-11; Daniel 3:27; 4:34-35; Oseas 1:7; Mateo 10:29-31; Juan 19:11; Hechos 2:23; 4:27-28; 13:48; 15:18; 27:31, 44; Romanos 4:19-21; 9:11-18; Efesios 1:3- 14; Hebreos 1:3; 6:17; Santiago 1:13; 1 Juan 1:5.1
Se trata de una de las primeras preguntas de los niños pequeños cuando aprenden a construir el lenguaje e intentan entender el mundo que les rodea, una pregunta que se vuelve a formular en la edad madura: ¿Por qué? ¿Por qué sucede lo que sucede? ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué no puedo…? ¿Por qué esta familia? ¿Por qué esta enfermedad? ¿Por qué esta ubicación? ¿Por qué esta situación? ¿Por qué permitiría Dios…? ¿Cómo podría un Dios bueno dejar que esto suceda? ¿Está Dios realmente a cargo de todo? ¿Por qué Dios no me detuvo? ¿Por qué? Es una de las preguntas más profundas y prácticas que alguien puede plantearse. ¿Estamos nosotros y nuestro mundo bajo control? ¿Es Dios soberano?
Me resultaría imposible enumerar las obras que se han escrito acerca de este tema y con toda seguridad vendrán más, precisamente porque la manera como respondes a esta pregunta define tu manera de interpretar tu mundo, dirige tu forma de vivir y determina la naturaleza de tu esperanza y paz de corazón: ¿Qué significa lo que la Biblia enseña acerca de que Dios es soberano? Significa que Dios tiene el control absoluto de su mundo y de todo lo que sucede, y que lo hace sin vacíos, sin límites, sin interferencias y sin obstáculos a su gobierno. Significa que solo Dios determina todo lo que va a suceder y gobierna los medios por los cuales sucede cada cosa. Significa que Dios nunca tiene preguntas, nunca se sorprende, nunca se frustra, nunca duda, nunca lo sobrecoge el misterio, nunca desea lo que podría ser y no es, nunca mira en retrospectiva con remordimiento, nunca se ilusiona, nunca espera, nunca se siente indefenso, nada hay que no pueda resolver y nunca queda confundido. Nadie puede arrinconar a Dios. Nadie lo puede presionar a hacer nada. No existe autoridad sobre Él a quien deba rendirle cuentas. Él hace lo que quiere, decide lo que quiere y obra como quiere. Decir que Dios es soberano es afirmar simplemente que Dios es Dios y que no hay nadie como Él.
Todo aquello que en el mundo es ordenado y estable, como el paso de las estaciones, el día y la noche, la marea alta y baja, la infancia y la vejez, son el resultado del gobierno soberano de Dios sobre este mundo. Él decide cómo su mundo opera y luego gobierna sobre las operaciones que ha decidido establecer. Todo lo que en el mundo pareciera desordenado y caótico es también el resultado del gobierno soberano de Dios sobre su mundo. Su sabiduría no siempre nos parece sabia. Lo que a nuestro parecer sería mejor no es lo “mejor” que Él ha dispuesto para nosotros. Lo que pareciera trágicamente fuera de control está bajo su control cuidadoso y constante. Entender que vivimos en un mundo bajo el gobierno inquebrantable e inmutable de Dios cambia por completo la manera como pensamos acerca de nosotros mismos, de nuestro mundo y de la vida misma.
Hay dos aspectos de la soberanía de Dios: sus decretos y su providencia. Un decreto es una decisión o una orden emitida por una autoridad. Los decretos de Dios son su plan eterno. Dios ha decidido lo que ha de acontecer. Según su propia voluntad y para su propia gloria, Él ha dispuesto todo lo que va a pasar. Puesto que Dios es infinito en poder y en sabiduría, sus decretos son eternos e inmutables. Lo que Dios decreta que va a suceder, sucederá.
El segundo aspecto de la soberanía de Dios es su providencia. Dios no se limita a decretar lo que va a suceder para luego sentarse pasivamente sobre este mundo. Dios es un participante activo en este mundo. Él gobierna, sustenta, ejecuta y controla. Dios no solo decreta lo que ha de ser, sino que gobierna de manera activa los procesos mediante los cuales habrá de ser. Dios está en contacto permanente con el universo que ha creado. Él no ha puesto el mundo en movimiento para luego marcharse; no, el movimiento del universo es el resultado de su continuo control que dirige y sustenta todo. Él gobierna desde las cosas más trascendentales en el universo hasta las más pequeñas e imperceptibles. Dios es el actor supremo en el escenario del universo, reinando sobre todo lo que Él ha hecho. Dios es soberano; es decir, Él decreta lo que ha de ser. Dios es soberano; Él gobierna lo que ha hecho.
Seis ventanas bíblicas a la soberanía de Dios
Las Escrituras nos muestran la soberanía de Dios en acción. La vemos en colores muy vivos a través de las situaciones, los lugares y las relaciones que describe su Palabra. Veremos brevemente seis pasajes, cada uno de los cuales nos ofrece una ventana diferente al gobierno soberano de Dios. Mi oración es que esto despierte en ti un asombro que redunde en adoración sincera y en rendición de tu vida.
1. La liberación de los israelitas de Egipto (Éx. 7– 12). Si has tenido dudas acerca del gobierno de Dios sobre este mundo y su voluntad para desatar su poder y autoridad por el bien de su pueblo, este pasaje las disipará. Durante cuatrocientos años, el pueblo escogido de Dios fue esclavo en Egipto. Dios, en la ternura de su corazón, oyó el clamor de su pueblo y se dispuso a liberarlos. El principio de Éxodo 7 nos ofrece una ventana a la absoluta soberanía de Dios, quien anuncia que hará tres cosas: liberará a su pueblo de la esclavitud, lo hará mediante grandes juicios sobre Egipto y con ello demostrará que solo Él es el Señor. Observa que no hay nada tentativo en la declaración de Dios. Él no necesita pedirle permiso a nadie. No hay cuestionamientos acerca de si tiene o no derecho a pronunciar tal declaración o si será capaz de ejecutarla. Él es Señor. Él puede hacer lo que quiere, cuando quiere y con quien quiere, y nadie puede detenerlo.
Cuando Dios declaró que iba a demostrar a los egipcios que solo Él era soberano, hablaba en serio. Él iba a exhibir a los ojos de los egipcios y de sus hijos el control absoluto que tiene sobre los elementos físicos de la creación y la manera en que funcionan. Él los obligará a hacer aquello para lo cual no fueron diseñados. Con ello, demostrará que el mundo físico opera bajo su mandato soberano. Cada plaga fue el asalto directo contra los “dioses” de Egipto. Dios usó la liberación de su pueblo de la esclavitud para mostrar la dilatada y majestuosa gloria de su soberanía, no solo para los egipcios y los israelitas, sino para cada generación siguiente que leyera esa historia en su Palabra.
Él es el Señor, el Soberano. El mundo que creó con su enorme despliegue de elementos hace lo que Él ordena. Él no le rinde cuentas a nadie y no tiene debilidades. Su autoridad y poder no conocen límites. Él usa su poder y su autoridad cuando lo desea y con quien lo desea. Él despliega la gloria de su soberanía para su propia gloria. Él es Señor. Por tanto, la esperanza de su pueblo es siempre Él. Es su gobierno sobre todas las cosas y su gobierno a favor de los suyos lo que les da descanso y valor. Nadie puede cuestionar ni frenar lo que Él decide hacer. La liberación de Egipto es un momento de “Yo soy el Señor” en el que Él manifiesta toda su soberanía. Maravíllate. Adora. Ese es tu Señor.
2. Daniel y Nabucodonosor (Dn. 4–5). Sea lo que sea que pienses acerca de política y elecciones, necesitas esta ventana a la soberanía de Dios para comprender lo que parece en ocasiones no tener sentido. Proverbios 21:1 dice: “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”. El Salmo 22:28 dice: “Porque de Jehová es el reino, y él regirá las naciones”. Daniel 2:21 dice: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes”.
Detrás de lo que parece ser el caos del gobierno humano, el ascenso y la caída de líderes, y las frustraciones y temores que estos pueden producir en nosotros, permanece un Señor soberano que gobierna los tiempos y las fases de la historia, que pone “reyes” y los quita. Ninguna autoridad humana tiene la suprema autoridad. Cada líder humano tiene una soberanía limitada por tiempo limitado. Cada autoridad humana existe y continúa bajo la autoridad de Dios. Por ejemplo, un conocido estudio de caso es el relato histórico de Nabucodonosor. El rey Nabucodonosor se había autodeclarado la máxima autoridad, estaba obsesionado con su propia gloria y exigió la adoración y el servicio que solo le corresponden a Dios mismo. Entonces el Rey de reyes y el Señor de señores se levantó para demostrarle a Nabucodonosor y a las generaciones siguientes quién era verdaderamente soberano. Nabucodonosor no tardaría en aprender que, al mandato de Dios, él podía quedar desvalido y humillado en un instante. Aprendería que hay alguien que gobierna los asuntos del cielo y de la tierra, que traza el curso de la historia y quien hace levantar y caer los reinos de la tierra.
Debes recordar la imagen de Dios cuando llevó a Nabucodonosor del palacio al pastizal cada vez que te sientas tentado a perder la esperanza, a dejar de orar y a transigir en elecciones políticas y en lo que respecta al gobierno de presidentes, congresistas, gobernadores y alcaldes. Como aprendió Nabucodonosor, ningún líder humano tiene poder autónomo. Ningún líder humano es la autoridad suprema. Ningún líder humano ostenta un gobierno independiente. Hay uno solo que es el Rey sobre todos los reyes; Él dictamina líderes y, con ello, traza el curso de la historia. Solo el Señor es soberano.
3. Jonás. Quizá te preguntes por qué la Biblia incluye una historia más bien extraña acerca de un profeta fugitivo y un pez. Aunque su libro se incluye entre los profetas, prácticamente no hay profecías en Jonás. ¿Por qué esta historia de cuarenta y ocho versículos está en la Biblia? Estoy convencido de que es porque Jonás nos ofrece una cosmovisión bíblica completa en una sola publicación, al mejor estilo de Facebook. En esta narrativa te presentan a un Dios de asombroso poder y gloria que gobierna este mundo, un mundo que está terriblemente resquebrajado por el pecado; además, la realidad de que fuimos hechos para vivir para algo más grande que nosotros mismos, y la presencia y el poder de la gracia incesante de Dios.
Una de las maravillas de la gloria de Dios, como la presenta la historia de Jonás, es la especificidad del gobierno soberano de Dios sobre su creación. Cuando Jonás huye de Dios, Dios “hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad” (Jon. 1:4). Presta atención a la descripción gráfica del pasaje. Dios toma un montón de viento y lo lanza a la ubicación exacta del barco que Jonás usaba para escapar. Dios hace que el mar se alborote al punto que los marineros expertos se aterrorizan. Dios lo hizo. No permitas que el cinismo científico moderno estreche tu mente aquí. Es cierto que Dios es soberano del viento y las olas. ¿Quieres entender el alcance de su gobierno activo sobre todo lo que existe? Los vientos y las olas obedecen su mandato. Él puede lanzar las fuerzas de la naturaleza a quien le place, donde le place y cuando le place. Él es Señor.
Sin embargo, su gobierno sobre su creación es aun más específico de lo que la narración ha descrito hasta ahora. Jonás 1:17 dice: “Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás”. Detente a pensar y a imaginar lo que el pasaje dice. Los animales, en este caso un pez, viven bajo el gobierno soberano de Dios y responden a él. Los peces obedecen su mandato. Debo señalar aquí que esta historia nunca se presenta como una alegoría ni una parábola, sino como historia. Si lo que encontramos en el libro de Jonás como historia no sucedió realmente, ¿cómo podríamos confiar en la veracidad de cualquier historia de la Palabra de Dios? Hubo realmente un pez que realmente obedeció al mandato de Dios y que realmente se tragó a Jonás y que realmente lo vomitó en la playa. Dios prepara animales para que cumplan su mandato. Él es el Señor. Sin embargo, la narrativa de la especificidad de la soberanía de Dios sobre su creación se vuelve aun más específica en Jonás. Después de predicar en Nínive, Jonás se sienta en las afueras de la ciudad enfadado, de modo que Dios decide poner en evidencia su corazón a través de una lección objetiva: “Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera [que le proveía sombra a Jonás]” (Jon. 4:7). ¡Aun los gusanos obedecen el mandato de Dios! ¡Gusanos! Él es Señor de todo, aun de las criaturas que se arrastran y viven debajo de la tierra. Él es Señor de todo lo que creó. Él ordena y la naturaleza obedece.
En la historia de Jonás, Dios no se puso nada más a sacar pecho para mostrarnos lo que es capaz de hacer. En efecto, Él nos muestra la asombrosa gloria de su gobierno soberano, pero hay algo que debemos ver. Hay algo increíblemente alentador y esperanzador acerca de la manera en la que Dios emplea su gobierno. Él desata su poder y su reinado como una herramienta de su gracia. La tormenta es una herramienta de su gracia, el pez es una herramienta de su gracia y el gusano es una herramienta de su gracia. Dios está buscando a Jonás e, incluso después que él huya y se enfade, al final Dios persiste en buscar el corazón de Jonás. Dios emplea su gobierno soberano de la creación para redimir a los suyos, y esas son buenas noticias.
4. Los pajarillos (Mt. 10:29-30). “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados”. ¿Existe algo más normal e incidental que la muerte de un pajarillo? A simple vista, el hecho de que los pájaros mueran pareciera ser nada más el ciclo normal de la naturaleza. De hecho, a raíz de la intriga que me produjo este pasaje, investigué en Google cuántos pájaros mueren al día en los Estados Unidos y me sorprendió el número: ¡trece millones setecientos mil! Eso quiere decir que son cinco billones al año. Ahora, prepárate para quedar boquiabierto. Jesús declara que ninguno, ni uno solo de ellos cae a tierra sin que Dios intervenga. Es importante señalar que Jesús no dice “sin que vuestro Padre lo sepa”. Lo que Él dice es mucho más fuerte. Él dice: “sin vuestro Padre”, lo cual denota su gobierno, su autoridad causal. Es una imagen impresionante de la detallada intensidad del gobierno soberano de Dios en su creación.
No obstante, hay algo más que sencillamente no puedes pasar por alto en este pasaje. Jesús identifica a este soberano como “vuestro Padre”. Con esto se pone fin a la visión distante e impersonal de la autoridad de Dios y su poder sobre su mundo. Es nuestro Padre quien gobierna este mundo. Lo hace con la sabiduría y el cuidado protector de un padre por sus hijos. Lo hace con amor y gracia en su corazón. Él siempre hará lo que es mejor, aun si sus hijos son incapaces de ver que es lo mejor. Él es un Padre y, por el bien de sus hijos, no abandonará su autoridad ni cederá su control a ningún otro, y no descansará.
Si no estás lo suficientemente animado ya, Jesús declara un aspecto más del reinado del Padre. Él dice: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados”. Dios se involucra de manera tan íntima en los sucesos de las vidas de sus hijos que lleva cuentas del número de cabellos en su cabeza. Abre tu mente, deja que se expanda tu imaginación y resiste el impulso de descartar esto como algo posible. Di a tu corazón: “Este es mi Dios y, por la gracia, Él es mi Padre”.
5. La conversión de los gentiles (Hch. 13:13-52). Pablo y Bernabé están en Antioquía de Pisidia. Después de predicar en la sinagoga el día de reposo, la multitud llenó las calles y la gente les rogaba que predicaran de nuevo en el día de reposo. Seguramente se difundió la noticia acerca del poder y la originalidad de su mensaje porque la ciudad entera se congrega para escucharlos el sábado siguiente. Los judíos se sienten amenazados por el tamaño y la receptividad de la multitud, de modo que hacen su mejor esfuerzo por refutar a estos predicadores del evangelio. Pablo y Bernabé no se amedrentan y continúan predicando con claridad y denuedo.
Después de explicar el contexto de la historia, Lucas interpone su resumen de lo sucedido. Su resumen es una explicación brillante, breve y teológicamente rica de cómo opera el gobierno de Dios sobre sus criaturas. “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hch. 13:48). No basta con decir que Dios escogió a estas personas para que creyeran, porque Lucas dice más que esto. Dios también decretó que Pablo y Bernabé estuvieran allí, que predicaran públicamente un mensaje claro del evangelio, que el mensaje fuera oído por estos gentiles y que ellos lo recibieran de buena gana y con alegría. Dios no solo fue soberano en estos resultados, sino también en cada aspecto del proceso que produjo los resultados.
Dios gobierna su mundo de tal modo que no vulnera la verdadera importancia y validez de los agentes secundarios. ¿Qué significa esto? Significa que Dios establece lo que ha decretado sin jamás reducirnos a una condición de robots. Lo que nosotros pensamos es real y sustancial. Lo que nosotros decimos tiene significado y propósito. Nuestras elecciones son válidas. Nuestros pensamientos, deseos, acciones, decisiones, experiencias, relaciones y ubicación geográfica son medios a través de los cuales Dios lleva a cabo lo que ha decretado. Por consiguiente, nunca podemos decir que ya que Dios ha decretado todo lo que sucede y gobierna sobre todas las cosas todo el tiempo, lo que hacemos y decimos es irrelevante. Él gobierna su mundo de tal modo que nuestras decisiones son válidas y nuestras acciones importantes. Él es soberano en los medios y en los fines.
6. Pablo en Atenas (Hch. 16:16-33). Pablo está en el areópago predicando. Está debatiendo con filósofos que, a pesar de ser “religiosos”, estaban convencidos de que Dios era incognoscible. Pablo les muestra de manera poderosa y clara quién es Dios: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros” (Hch. 17:26-27). Permíteme expresar en mis propias palabras lo que dice Pablo. Dios no solo nos creó a todos y cada uno de nosotros, sino que también determinó la duración exacta de nuestra vida y los lugares particulares en los cuales viviríamos. Pablo dice que Dios hizo esto con el propósito de que Él no estuviera lejos de nosotros y así, en cualquier momento, pudiéramos tener acceso a Él y tocarlo.
La descripción que hace Pablo de la soberanía de Dios me infunde un gran consuelo y gozo. Hay un amor infinito y una gracia tierna en la manera en la que Dios gobierna este mundo. Muchas veces pensamos en la soberanía de Dios como una de sus cualidades trascendentes, pero Pablo predica la teología de soberanía inmanente, que Dios es soberanamente cercano a todos y cada uno de nosotros todo el tiempo. Él no está separado de nuestro mundo. Él no es distante ni está escondido. Su gobierno garantiza que está cerca y esa es una de las mejores noticias que podríamos recibir jamás.
La teología de la soberanía de Dios te conduce siempre a Jesús. Dios ejerció su gobierno soberano para escribir la historia más maravillosa que se haya escrito jamás. Él orquestó cada situación, cada lugar, cada persona y cada familia que fue necesaria para que la historia humana se encaminara a la venida de Jesús. Él decretó los pactos de los patriarcas, la liberación de su pueblo de la esclavitud, la entrega de su ley y su sistema sacrificial, la ocupación de la tierra prometida, el ascenso y la caída de reyes y reinos, la preservación del linaje de Judá y la preparación de todos los detalles necesarios para la venida de Jesús. Él decretó el nacimiento en Belén, la elección y la comisión de los discípulos, la oposición de los fariseos y la transigencia de Pilato, todo para que el Hijo fuera el sacrificio final en la cruz. Él eligió aquel sepulcro prestado y se dispuso a desocuparlo con prontitud. Dios decretó las apariciones posteriores a la resurrección y la ascensión de Jesús a la diestra del Padre.
Él decretó el nacimiento y la expansión de su iglesia y la proclamación del evangelio por el mundo. Él decretó y presidió la escritura y preservación de su Palabra. Él decretó la predicación continua del evangelio hasta que llegara a tus oídos y produjera fe en tu corazón. Él decretó que tu historia quedara entretejida en la gloriosa historia de Jesús y Él decretó la participación de cada individuo y circunstancia para que eso pasara. Su soberanía le dio al mundo a Jesús y su gobierno te llevó a su Hijo. Él es Señor sobre la historia que te ha dado a Jesús y que no solo aseguró tu destino, sino que aseguró una vida en Él y con Él hasta entonces.
Footnotes
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Paráfrasis del autor de la doctrina de la soberanía de Dios como aparece en apartes de la Confesión de Fe de Westminster, cap. 3 ↩