Vuestro adversario el diablo
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)
¿Qué tiene que decirnos la Biblia sobre el diablo? Primero, consideremos algunos de los nombres que se le aplican en las Escrituras. Se le conoce como “Satanás” y la palabra Satanás significa “adversario”. También se le llama “diablo”, que significa “calumniador”, el que nos calumnia. También se le describe como “Beelzebú”, lo cual significa que es el príncipe de los demonios. Se le describe como “Apolión” y como el “ángel del abismo” (Ap. 9:11). Se le llama el “príncipe de este mundo” (Jn. 12:31) y el “dios de este siglo1” (2 Co. 4:4). Se le describe como el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Ef. 2:2). Se refiere a él como “dragón”, “león”, “Lucifer”, “la serpiente antigua” y, quizás uno de los nombres más significativos de todos, “el maligno”.
Ahora, encontrarás a menudo en el Nuevo Testamento que mientras que en la Versión Autorizada2 se utiliza la palabra maldad, es probablemente cierto decir que debería ser “el maligno”. A veces, encontrarás “maldad” cuando debería ser “el malvado”. Hay quienes dicen que cuando oramos, “líbranos del mal” (Mt. 6:13), debería ser “líbranos del maligno”. Y cuando Juan, en el último capítulo de su epístola, dice que “el mundo entero yace en la maldad”3, sin duda está diciendo que “el mundo entero está bajo el ‘maligno’” (1 Jn. 5:19). Y de la misma manera, en Juan 17, cuando nuestro Señor eleva su oración sumo sacerdotal: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”, debería traducirse “del maligno” (Jn. 17:15). Éste es un término muy importante —el maligno—.
La segunda cosa que la Biblia nos dice sobre el diablo es que él es una persona. Esto es muy importante en la actualidad porque desde hace al menos un siglo, está de moda no creer en el diablo como una persona. Esto es cierto, no sólo para los incrédulos, sino también para muchos que se llaman a sí mismos, cristianos. Dicen que creen en el poder del mal, o en una influencia maligna, o en una especie de carencia en nosotros, pero tienen la sensación de que creer en un demonio como persona, es ser muy anticuado. Pero eso es completamente anti-bíblico porque la Biblia, como les mostraré, nos enseña que el diablo es una persona. Para mí, hay una prueba que es más que suficiente en sí misma y son los relatos que tenemos en los Evangelios de las tentaciones de nuestro Señor. Ahora, obviamente, las tentaciones de Nuestro Señor vinieron de alguna parte y cuando la gente dice que la tentación del mal es algo que surge únicamente del interior y de una cierta falta de poder o de cualidades positivas en nosotros, no tiene ninguna explicación que ofrecer de las tentaciones de Nuestro Señor. Una persona tentó a nuestro Señor y nuestro Señor se dirigió a él como tal; el diablo habló con Él y Él habló con el diablo (Lc. 4:1-13) —no una influencia, sino una persona—. Además, encontramos lo mismo, claramente, en el libro de Job en el primer capítulo, donde el diablo aparece, claramente, como una persona y se dirige a Dios. Y Dios se dirige a él.
La enseñanza bíblica no deja lugar a dudas. Nuestro Señor, dirigiéndose un día a ciertos judíos, les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Jn. 8:44). Cuán a menudo se encuentra la frase “el malo” —“viene el malo” (Mt. 13:19)— y esa frase, permítanme enfatizar de nuevo, es muy significativa. De hecho, todos estos nombres que se aplican al diablo, afirman de diferentes maneras que es una persona. Ahora no debo quedarme en esto, pero noten que siempre hay una especie de paralelismo en la falsa doctrina. Al tratar con la doctrina de Dios, tuvimos que señalar que Dios es una persona, pero que la gente ha estado tratando de describir a Dios como alguna Fuerza o alguna Energía. Han dicho que Él es alguna gran mente detrás del universo y han negado la personalidad. El mismo error, como ves, se ha cometido con respecto al maligno…
Así, debemos darnos cuenta de que, aparte del pecado que hay en nosotros y de la maldad de nuestra naturaleza como resultado de la Caída, nos enfrentamos a una persona fuera de nosotros que nos sigue el rastro: Una persona que tiene un reino del cual es la cabeza, la cual es altamente organizada y [cuya] única gran preocupación es destruir la obra de Dios. Nos hemos referido a la gran declaración de Efesios 6:12 —“contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo”— es decir, el reino, el organizado reino de Satanás, el maligno.
Luego, por supuesto, al comienzo mismo de la historia humana en los primeros capítulos del Génesis, se nos da una prueba positiva de que el diablo es una persona porque vino y tentó a Eva, lo que condujo a la Caída. De hecho, si quieren otra prueba, les sugiero que el propio término “Espíritu Santo”, Quien es una persona, sugiere lo opuesto, es decir, un “espíritu maligno”, el maligno, quien también es una persona y quien intenta falsificar todo lo que Dios hace. Esto es algo entonces, que nunca debemos olvidar. Es de vital importancia darnos cuenta de que existe esta persona puesta en contra del reino de Dios y de su Cristo, y de todo lo que le pertenece.
A continuación, debemos llegar a una pregunta muy importante y difícil: ¿Cuál es el origen del diablo? La Biblia afirma el hecho del diablo y de su personalidad. ¿De dónde viene? Ahora bien, no se nos dice mucho al respecto en la Biblia, la cual, en general, se limita a declarar cosas sobre el diablo y sus actividades. El origen del diablo parece asumirse en el Génesis, pero creo que no cabe la menor duda de que en Ezequiel 28:11-19, se nos da un relato sobre el diablo. Ahora, es claro que en todo el capítulo se trata de dos personas. El primero es el rey de Tiro, pero algunas de las descripciones en los versículos 11-19, obviamente, no son descriptivas de cualquier ser humano; ellas se elevan por encima de eso a otro.
Esto es típico de la Escritura. Lo vemos en las profecías relativas a la venida del Señor Jesucristo. La profecía se presenta, a menudo, en ese tipo de forma dual. Se refiere en parte a algún rey o a algún príncipe, pero además, hay más allá, otra sugerencia sobre el Mesías. Hay muchos ejemplos de eso en las profecías de Isaías y en otras profecías —una referencia inmediata, pero luego en ella y por encima de ella, una referencia remota—. Y aquí en Ezequiel, me parece, tenemos lo mismo. Estos versículos, entonces, se refieren claramente a Satanás y su origen, y hay ciertas cosas en ellos que debemos enfatizar.
Lo primero que se nos dice acerca de Satanás es que fue creado: “Los primores de tus tamboriles y flautas4 estuvieron preparados para ti en el día de tu creación… Perfecto eras en tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ez. 28:13, 15). El diablo no ha existido desde toda la eternidad; no es un ser eterno; es un ser creado. Hubo un momento en la historia de la Iglesia cuando esto necesitaba ser enfatizado muy poderosamente porque había aquellos que enseñaban que el mal era eterno, que Satanás era eterno y que había dos dioses, el dios bueno y el dios malo. Pero esa es una idea no bíblica. El diablo no es eterno —él fue creado por Dios—. No sólo eso, sino que también se nos dice que tenía gran poder y habilidad. Eso se nos dice en el versículo 12: “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de hermosura”. Ese era el diablo tal como fue hecho por Dios. Él parecía resumir la perfección.
Observa que también se le describe como el “querubín grande, protector5” (v. 14). Ahora, ésta es una declaración muy significativa: El “querubín grande, protector”… Los querubines son, sin duda, la forma más elevada de seres [creados], y su función especial es adorar a Dios y presentarle la adoración del universo entero. Eso se ve en las cuatro bestias de Apocalipsis 4. Son las representaciones del hombre adorando a Dios y, por lo tanto, de todo el universo adorando a Dios —los “seres vivientes”—.
Ahora bien, aquí parece que tenemos una indicación de que el diablo fue creado originalmente por Dios como el querubín ungido, el principal de todos los querubines. La sugerencia es (y es sólo una sugerencia) que cuando Dios creó a este ser, quiso que, por así decirlo, él representara a todo el universo en su alabanza, adoración y culto. Era el querubín ungido, el querubín “protector”. ¿No nos recuerda el Arca de la Alianza, protegida por las alas de los querubines, la idea de adoración y culto? Hay mucho en las Escrituras que nos lleva a la conclusión de que el diablo era el más brillante de todos los seres angélicos, dada esta posición de superioridad en la cual era la cabeza de todo el universo creado al representar la adoración y el culto a Dios…
Y luego, se nos dice aquí en el versículo 15, que el diablo era perfecto en todos sus caminos, pero que, ay, él no guardó ese primer estado: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”. Luego, en el versículo 17, leemos: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”. Este ser brillante, angelical y glorioso era perfecto en belleza, pero se enalteció y se consumió de orgullo. En vez de dirigir el culto y la adoración a Dios, deseó ser adorado él mismo y ser igual a Dios, y así, se levantó contra Dios, pecó contra Dios, y fue abatido y expulsado por Dios. Ésta parece ser la enseñanza de Ezequiel 28 y, en Isaías 14, se encuentra algo similar. Los versículos 12-15 de Isaías, dicen: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! ¡Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones! Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Más tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”. Eso, sin duda, es una referencia a la misma cosa.
Ahora, observa, la Biblia no nos dice cómo todo esto llegó a ser posible. No nos explica cómo todos estos pensamientos entraron en el corazón de Satanás, el diablo. Sencillamente, nos dice que lo hicieron. La Biblia no nos da ninguna explicación sobre el origen último del mal. Y yo les sugiero, por lo tanto, que si pierden un segundo de su tiempo tratando de especular sobre eso, son culpables de falta de fe porque fe significa contentarse con la revelación dada. Esto está más allá de nosotros. No podemos comprenderlo. Los teólogos han especulado y han dicho que como el diablo era perfecto, debía ser perfectamente libre y la libertad perfecta contiene, en sí misma, la posibilidad de elegir en contra de Dios. De acuerdo. Aun así, no me parece que explique el origen último del mal. Todo lo que sabemos es que el diablo fue creado, como hemos visto; y luego de que el mal entró en su corazón y que se rebeló contra Dios, fue echado fuera.
¿Qué más sabemos de él? Bien, en la Biblia se nos dice mucho sobre su poder y lo que aprendemos de él no es sorprendente, en vista de lo que se nos ha dicho sobre su origen. Pedro nos dice que el diablo es como un “león rugiente” (1 P. 5:8). Se le describe como “leviatán” (Is. 27:1) y como el “dragón” en varios lugares del Apocalipsis. Me pregunto si alguna vez has notado, al repasar tu Biblia, que existe la sugerencia de que el poder de Satanás es aún mayor que el poder del arcángel. En Judas 9, leemos: “Pero cuando el arcángel Miguel, contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda”. Incluso, el arcángel Miguel habla al diablo de esa manera —“no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él”—. No lo trata con desprecio, como si él fuera insignificante. Incluso, Miguel dice: “El Señor te reprenda”. Puedes encontrar la misma sugerencia en 2 Pedro 2:10-11.
No hay ninguna duda de que el poder del diablo es mayor que el poder humano. Nuestro Señor mismo describió a Satanás como el “hombre fuerte armado” que “guarda su palacio, [y] en paz está lo que posee” (Lc. 11:21). Y recordarás que el diablo es así de poderoso: Es capaz de influir en nuestros cuerpos. ¿Recuerdas lo que le hizo a Job? Y Pedro nos dice que nuestro Señor “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hch. 10:38). Luego, recuerda lo que Pablo nos dice de sí mismo y del “mensajero de Satanás” que fue enviado para abofetearlo (2 Co. 12:7). Sí, el diablo puede afectar e influir en nuestros cuerpos.
**¿Cuál es su estatus?**Se le describe como “el dios de este siglo” (2 Co. 4:4). Es el “príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2). Es el maligno, la concentración del mal; todo el mal, por así decirlo, se centra en él. Él es la cabeza y todo el mal parece emanar6 de él. De hecho, las Escrituras nos dicen que él es quien controla el poder de la muerte (He. 2:14). Y en Mateo 25:41, leemos que nuestro Señor se refiere al “diablo y sus ángeles”, mostrando una vez más que él es poderoso.
Ahora, hago énfasis en todo esto por esta razón: Si hay una lección que debemos aprender por encima de todas las demás de esta consideración, es que nunca debemos hablar con frivolidad o a la ligera7 sobre el diablo. A menudo, me horrorizo cuando oigo a buenos cristianos referirse jocosamente8 al diablo. La Biblia nunca se refiere a él de esa manera ligera y frívola. Ella enfatiza su poder, su estatus. Sin embargo, me apresuro a decir que su poder es limitado; él no es todopoderoso. En el primer capítulo de Job, se nos dice que Dios, por así decirlo, dio permiso al diablo para hacer ciertas cosas a Job, pero puso un límite muy definido sobre ellas y el diablo no pudo ir más allá.
Hay un misterio en este punto: En última instancia, el diablo actúa dentro del poder de Dios y, sin embargo, la Biblia enseña muy claramente que, por alguna razón inescrutable9 que no podemos entender, Dios parece conceder al diablo un cierto estatus y posición. Le permite hacer ciertas cosas. Estos mismos nombres y distinciones le son aplicados. Dios, en su eterna sabiduría, ha permitido que el diablo mantenga una cierta cantidad de poder hasta el final y, sin embargo, ese poder está, en última instancia, bajo el control de Dios. Es la voluntad permisiva de Dios la que lo permite, y al diablo, como en el caso de Job, sólo se le permitió llegar hasta cierto punto y no más allá (Job 1:12; 2:6).
Tomado de Dios el Padre, Dios el Hijo (God the Father, God the Son), (Wheaton, IL: Crossway Books, 1996), 116-122; usado con permiso; Crossway es una imprenta de Good News Publishers.
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Predicador y autor galés.
Puesto que el mundo es el reino de Satanás, está plagado de poderes demoníacos invisibles. “La gran Babilonia”, esa antigua ciudad que simboliza el mundo con todos sus vicios y seducciones, es la “habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo” (Ap. 18:2). Cuando las autoridades civiles humanas y los poderes militares se asemejan a una “bestia” que oprime al pueblo de Dios, reciben el poder del antiguo dragón (Ap. 13:1-9). Las falsas religiones y la espiritualidad corrupta no son si no, máscaras pintadas que Satanás usa. Cuando las personas adoran ídolos, ofrecen su culto a los demonios (1 Co. 10:20; cf. Dt. 32:17). Los hechiceros que se oponen al Evangelio, son hijos del diablo (Hch. 13:8-11). En los escritos antiguos, los poderes astrológicos y los dioses griegos eran llamados “gobernadores del mundo”, pero Pablo nos dice que estos “gobernadores” son los demonios que hacen guerra contra la Iglesia (Ef. 6:12). Tampoco la Iglesia visible está libre de la influencia de Satanás. Los hipócritas son agentes del diablo (Hch. 5:3). Los falsos maestros de la Iglesia son “ministros” de Satanás (2 Co. 11:14-15). El diablo no está “allá afuera” en alguna parte; sus fuerzas nos confrontan aquí y ahora. —Joel Beeke y Paul Smalley
Footnotes
-
Nota del editor – Algunas versiones de la Biblia traducen este texto como “el dios de este mundo”. ↩
-
Nota del editor – El autor se refiere a la Biblia en inglés Authorized King James Version (AKJV). ↩
-
Nota del editor – 1 Juan 5:19, según traducción literal del inglés de la AKJV. ↩
-
Tamboriles y flautas – Algunos entienden que el hebreo significa panderetas y flautas, otros entienden que significa engastes y monturas de piedras preciosas. ↩
-
Nota del editor – El autor, en su texto original en inglés, cita la versión KJV que traduce, literalmente, “querubín ungido protector”. ↩
-
Emanar – Emitir. ↩
-
A la ligera – De una manera que muestra falta de seriedad y respeto. ↩
-
Jocosamente – En broma. ↩
-
Inescrutable – Incomprensible; misterioso; imposible de entender. ↩