Un diálogo entre Satanás y un cristiano
William Perkins (1558-1602)
Satanás. Dices que tienes fe verdadera, pero yo te zarandearé y te haré oposición.
Cristiano. Las puertas del infierno nunca prevalecerán contra mi fe, haz lo que puedas.
Satanás. Dime entonces, ¿crees que todo el mundo se salvará?
Cristiano. No.
Satanás. ¿Qué? ¿Algunos serán salvos y otros condenados?
Cristiano. Así lo dice la Palabra de Dios.
Satanás. Entonces, estás convencido de que Dios es verdadero, incluso en sus promesas misericordiosas, y que salvará a algunos hombres como Pedro, Pablo y David, etc., y ésta es la única creencia por la que serás salvo.
Cristiano. No, esto creo y más aún que yo, particularmente, estoy en el número de aquellos hombres que serán salvados por el mérito de la muerte y pasión de Cristo, y ésta es la creencia que me salva.
Satanás. Puede ser que estés convencido de que Dios puede salvarte, pero de que Dios te salvará —es decir, de que ha determinado llevar tu cuerpo y tu alma a su reino, y de que está muy dispuesto a hacerlo en su debido tiempo— en esto vacilas y dudas.
Cristiano. No, Satanás. Yo, en mi propio corazón, estoy plenamente convencido de que seré salvo y de que Cristo es, especialmente, mi Redentor (Jn. 1:12-13; 6:35, 54). Y (oh Señor) por el amor de Cristo, ¡ayuda mi [duda e] incredulidad (Mr. 9:24)!
Satanás. Tu plena convicción es sólo una fantasía y una fuerte imaginación de tu propia cabeza. No está contigo como tú crees.
Cristiano. No es imaginación, sino [la] verdad lo que hablo. Pues creo que estoy tan seguro de mi salvación como si mi nombre estuviera registrado en las Escrituras (como el de David y Pablo) como vaso elegido de Dios. Y éste es el testimonio del Espíritu Santo de Jesucristo, asegurándome interiormente de mi adopción y haciéndome orar a Dios Padre con valentía y confianza en Cristo (2 Co. 1:22; Ef. 1:14; Ro. 8:18).
Satanás. Sigues soñando e imaginando. Te amas y te gustas a ti mismo, y por eso, piensas lo mejor de ti mismo.
Cristiano. Sí, pero Dios, por su bondad, ha dado en mí tales muestras de fe que no puedo ser engañado (Hch. 13:9-10; 1 Ts. 1:3):
-
Estoy disgustado conmigo mismo por mis múltiples pecados, en los que a veces me he deleitado y sumergido (Ro. 7:15, 24).
-
Me propongo no volver a cometerlos nunca más, si Dios me da fuerzas, como confío que Él lo hará.
-
Tengo un deseo muy grande de estar haciendo aquellas cosas que Dios manda.
-
A los que son hijos de Dios, con sólo oír hablar de ellos, los amo de corazón y les quiero como a mí mismo (1 Jn. 3:14).
-
Mi corazón salta de alegría cuando oigo la predicación de la Palabra.
-
Anhelo ver la venida de Cristo Jesús para que se ponga fin al pecado y al desagrado de Dios (Ap. 22:20).
-
Siento en mi corazón los frutos del Espíritu: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre y dominio propio. Aborrezco las obras de la carne: Fornicación, adulterio, inmundicia, lascivia, idolatría, pleitos, celos, iras, borracheras, embriaguez, y todas las cosas semejantes (Gá. 5:19-22).
Todo esto no puede proceder de ti, Satanás, ni de mi carne, sino sólo de la fe, la cual obra en mí por el Espíritu Santo de Dios.
Satanás.Si así fuera, Dios nunca permitiría que pecaras como lo haces.
_Cristiano._Pecaré mientras viva en este mundo (Ro. 7:15; Mt. 26:69-75). Estoy seguro de ello porque se me ha enseñado a pedir continuamente la remisión de mis pecados. Pero mi manera de pecar ahora es diferente a la de tiempos pasados. Hasta ahora he pecado con pleno propósito y consentimiento de la voluntad, pero ahora, sin duda, no lo hago. Antes de cometer cualquier pecado, no voy a practicarlo con deliberación como hace el hombre carnal, que se ocupa de satisfacer los deseos de la carne (Ro. 13:14). Pero si lo hago es, plenamente, fuera de mi intención y propósito. No [planearía] cometer ningún pecado, no lo haría. Mi corazón está en contra de él y lo aborrezco; y, sin embargo, por la tiranía de mi carne que es vencida, lo cometo. Después, cuando lo cometo, me aflijo y me disgusto conmigo mismo y, sinceramente, con lágrimas, pido perdón a Dios por el mismo pecado.
Satanás. En verdad, esto es muy cierto en los hijos de Dios, pero ustedes están vendidos al pecado y con gran placer cometen pecado, y lo aman con todo su corazón. De lo contrario, no volverían a caer en el pecado después del arrepentimiento ni cometerían, incluso un mismo pecado, tan a menudo como lo hacen. Hipócrita, tu conducta aparta de ti todo el favor de Dios.
Cristiano. En efecto, es peligroso volver a caer en el mismo pecado después del arrepentimiento. Sin embargo, es orden a los profetas llamar al arrepentimiento a los hombres que han caído del temor de Dios y del arrepentimiento que profesaban (Is. 1:18; Jer. 2:1). Y Dios, al llamarlos así, les pone la esperanza de obtener misericordia. Y la ley tenía sacrificios ofrecidos cada día por los pecados de todo el pueblo y por hombres particulares, tanto por su ignorancia como por sus pecados voluntarios, lo cual significa que Dios está dispuesto a perdonar los pecados de sus hijos, aunque pequen a menudo… La voluntad de Dios es que los hombres perdonen hasta setenta veces siete y, por eso, Él mostrará mucha más misericordia. Y por mi parte, cuantas veces caiga en el mismo pecado, tantas veces tendré a Cristo como Abogado e Intercesor ante el Padre por mí, Quien no me condenará por la flaqueza que halle en mí (1 Jn. 2:1). Me abstendré de la iniquidad externa y no haré que mis miembros sean siervos del pecado. Y mientras confíe en que mis imperfecciones no tendrán poder para condenarme porque la perfección de Cristo se me imputa por la fe que tengo en su sangre… Es más (lo cual es extraño), sé por experiencia que Dios ha convertido mis inmundos pecados en gran provecho mío y en enmienda de mi vida, como el buen médico es capaz de hacer una magnífica medicina (usando una rancia poción) para preservar la vida (Ro. 8:28).
Satanás. Pues bien, aunque ahora estés en estado de gracia, no continuarás así. Antes de morir, te apartarás de Cristo.
Cristiano. Sé que soy miembro del cuerpo místico de Cristo. Siento en mí el poder celestial y la virtud de mi Cabeza, Cristo Jesús. Y por esta causa, no puedo perecer, sino que continuaré para siempre y reinaré en el cielo después de esta vida con Él.
Tomado de Las obras de William Perkins (The Works of William Perkins), ed. J. S. Yuille, J. R. Beeke, and D. W. H. Thomas, Vol. 8 (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 2019), 561-564; www.heritagebooks.org; usado con permiso.
William Perkins (1558-1602): Influyente predicador y teólogo puritano inglés. Nació en Marston Jabbett, Bulkington, Warwickshire, Inglaterra, Reino Unido.
El diablo es el dios del hombre malvado por sumisión voluntaria: “Sois esclavos de aquel a quien obedecéis” (Ro. 6:16). Los hombres malvados son voluntarios de Satanás. —Benjamin Keach