¿Un producto de la imaginación?
Arthur W. Pink (1886-1952)
¿Es el diablo una realidad viviente o no es más que un producto de la imaginación? ¿Es la palabra Satanás, un mero sinónimo de maldad o representa una entidad concreta? En los círculos cultos se ha convertido en costumbre dar una respuesta negativa a estas preguntas y negar, rotundamente, la existencia del tentador. Entre esas personas, se considera un signo de superioridad intelectual, repudiar la personalidad del diablo. Para muchos, Satanás es ahora, un producto del sacerdocio1, una reliquia de la superstición, el mito de una época pasada. Para otros, Satanás es, simplemente, una abstracción2, una mera negación, lo contrario del bien. “Todo el diablo que hay es el diablo dentro de ti”, es la última palabra del “pensamiento moderno”. Las palabras que Goethe3 pone en boca de Mefistófeles4 —“Yo soy el espíritu de la negación”— se aceptan como una buena definición factible del diablo. Él es considerado un mero principio abstracto del mal […]
Pero la concepción más general de Satanás es diferente de la anterior. La idea popular, la que prevalece entre las masas, puede deducirse de las representaciones pictóricas de él que aparecen en los carteles callejeros, que se encuentran en nuestras revistas ilustradas y que se exhiben en los escenarios —donde se le representa como un grotesco monstruo con forma humana, cuernos, pezuñas y cola bifurcada—. Tal concepción es un insulto para la gente inteligente y, en consecuencia, el diablo ha llegado a ser considerado o bien como un espanto5 con el que asustar a los niños traviesos o como un tema adecuado para bromas y chistes.
No hace falta decir que ambas concepciones están lejos de la verdad. El hecho de que hayan ganado tanta credibilidad6 se debe, en gran parte, a la ignorancia —ignorancia respecto a la enseñanza de la Palabra de Dios, ignorancia respecto al Satanás de la Sagrada Escritura—. Pero a Satanás le interesa mantener a la gente en tal ignorancia.
Un enemigo inteligente siempre se mantiene en el trasfondo y permanece oculto fuera de la vista. Para él es importante que su identidad sea ocultada. Muchas empresas malvadas deben su éxito a que su perpetrador permanece oculto. El asesino que clava un cuchillo en la espalda de su víctima suele ser contratado con ese fin. El que lanza la bomba no es más que un instrumento; la mente maestra que estructuró el plan no es visto ni sospechado. Por lo tanto, no debe sorprendernos que las masas no crean en la existencia de un demonio en persona. Sirve bien a sus propósitos, mantener a sus incautos7 en la ignorancia sobre su existencia real. El diablo siempre ha trabajado en secreto y ha tratado de ocultar su verdadera identidad. Cuando sedujo a Eva, lo hizo a través de una serpiente. Cuando se presentó ante Dios para acusar a Job, esperó hasta “un día [en que] vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6). Cuando sembró su “cizaña”, lo hizo en secreto, en la noche, “mientras dormían los hombres” (Mt. 13:25). Cuando traicionó al Señor Jesucristo en manos de sus enemigos, lo hizo por medio de Judas. Satanás es un experto8 en disfrazarse: él no viene a nosotros como dragón de las tinieblas, sino que “se disfraza como ángel de luz” (2 Co. 11:14).
Tomado de Satanás y su evangelio (Satan and His Gospel), disponible en Chapel Library.
Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor; nacido en Nottingham, Inglaterra, Reino Unido.
La Biblia habla de Satanás en términos de potestad y poder. El Nuevo Testamento se refiere a Satanás como un “príncipe” espiritual, que significa gobernante o autoridad. Satanás es “el príncipe de los demonios” (Mt. 9:34), “el príncipe de este mundo” (Jn. 12:31; 14:30; 16:11) y “el príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2). Es el “rey” sobre el enjambre de las hordas de demonios que atormentan a la humanidad (Ap. 9:11). Es “el dios de este siglo” (2 Co. 4:4). El príncipe de los demonios se llama “Belcebú” o “Beelzebú”, el nombre de la deidad pagana “Baal-zebub, dios de Ecrón” (2 R. 1:2-3). “Baal” significa “señor, amo”, a menudo, el título de un dios falso. El término hebreo zebub significa “moscas”, pero puede que los escritores del Antiguo Testamento cambiaran zebul (“príncipe” o “altivo”) para convertir el nombre de la deidad en un insulto, “señor de las moscas”.
En resumen, el vocabulario bíblico para el diablo, lo retrata como un ser de intenso odio contra Dios y su pueblo, completa corrupción moral y malvada influencia, y gran poder y autoridad sobre los demonios y este mundo de hombres caídos. Sus nombres lo asocian, estrechamente, con los dioses paganos de naciones como Canaán y Grecia. —Joel Beeke y Paul Smalley.
Footnotes
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Sacerdocio – Artimañas y fraudes de los sacerdotes. ↩
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Abstracción – Idea. ↩
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Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) – Poeta, dramaturgo y erudito alemán ↩
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Mefistófeles – Espíritu maligno al que Fausto, en una leyenda alemana, vendió su alma. ↩
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Espanto – Espíritu maligno o duende que alguien utiliza para asustar a los niños. ↩
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Credibilidad – Aceptación. ↩
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Incautos – Personas fáciles de engañar. ↩
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Experto – Persona muy hábil en algo. ↩