Una eterna unión de amor

John Gill (1697-1771)

Comenzaré con la unión de los elegidos de Dios en Cristo. No trataré aquí, ningún acto de unión temporal, [tal como] nuestra naturaleza con el Hijo de Dios por su encarnación, cuando se convirtió en nuestro hermano —nuestro pariente cercano, carne de nuestra carne y hueso de nuestro hueso— y Él y nosotros fuimos uno, es decir, de una naturaleza (He. 2:11, 14, 16). Tampoco [trataré] de la unión vital de nuestras personas con Él en la regeneración, cuando somos vivificados por el poder y la gracia de Dios, Cristo es formado en nuestros corazones y llegamos a ser nuevas criaturas en Él, y somos pámpanos vivos y fructíferos en Él, la Vid viviente. Éste es nuestro ser expuesto en Cristo como consecuencia de un ser secreto en Él desde siempre por la gracia electiva (Ver Ro. 16:7; 2 Co. 5:17; 12:2). Tampoco de la unión más expuesta y manifiesta de los santos con Dios en el futuro, quienes estando una vez en Cristo, se encuentran siempre en Él, mueren en unión con Él, resucitan de entre los muertos en virtud de esa unión y luego, en alma y cuerpo, serán uno en Dios —Padre, Hijo y Espíritu—. [Serán uno en Dios], como el Padre es en el Hijo y el Hijo es en el Padre, cuya unión mutua es modelo y ejemplo de la de ellos. Cristo ora por la manifestación abierta de [esto] (Jn. 17:21, 23).

Sino que consideraré la unión de los elegidos a Dios, tal como es en su origen y como un eterno acto inmanente1 en Dios. [Este acto] no es otra cosa que la expresión de su corazón en amor hacia ellos y así, unirlos a Sí mismo. [Este] amor —como lo es desde siempre (Jer. 31:3; Jn. 17:23-24)— es de naturaleza cimentadora y unificadora. De hecho, [es] el vínculo de unión entre Dios y su pueblo escogido, o aquello por lo cual Él los ha llevado a una unión cercana con Él mismo. El amor es el vínculo de unión entre los hombres, de amistad de unos con otros. Fue esto lo que entretejió el alma de Jonatán al alma de David, de modo que lo amó como a su propia alma. Es el vínculo de la unión de los santos entre sí; sus corazones están entretejidos por el amor. De ahí que la caridad o el amor, se llame el vínculo de la perfección o el vínculo perfecto que los une y los mantiene unidos (Col. 2:7; 3:14). Fue el amor lo que cimentó tan estrechamente, los corazones de los primeros cristianos entre sí, hasta el punto que la multitud de ellos era de un solo corazón y una sola alma (Hch. 4:32). Y ahora, el amor debe operar infinitamente más fuerte en el corazón de Dios, atrayendo y uniendo a Sí mismo los objetos del mismo, dándoles tal cercanía y unión a Él que no puede disolverse. ¡Nada puede separarnos del amor de Dios! Ni la caída de los elegidos de Dios en Adán, ni sus pecados y transgresiones reales en un estado de no regeneración, ni sus rebeliones y recaídas después de la conversión (Ro. 8:38-39; Ef. 2:3-4; Os. 14:4). Este vínculo de unión no puede ser disuelto por el poder conjunto de hombres y demonios. En virtud de esto, el pueblo de Dios se convierte en una parte de Él, una parte cercana, querida y tierna, como la niña de sus ojos. [Ellos] tienen un lugar en su corazón, están esculpidos en las palmas de sus manos y siempre están en sus pensamientos. Los deseos y afectos de su alma están siempre dirigidos hacia ellos y Él siempre está ideando y formando planes para su bienestar. ¡Cuán grande es su bondad que ha guardado y obrado para ellos! (Zac. 2:8; Sal. 139:17; Cnt. 7:10; Is. 49:16; Sal. 31:19).

El amor de Cristo hacia los elegidos es tan antiguo como el amor de su Padre hacia Él y hacia ellos, y que, al parecer, era un amor de complacencia2 y deleite. Antes de que el mundo existiera, sus delicias estaban con los hijos de los hombres (Jn. 15:9; Pr. 8:30-31) y esto es de la misma naturaleza cimentadora y unificadora que la de su Padre. Esto hace que Él se mantenga más unido a su pueblo que un hermano y nada puede separarlo de su amor hacia ellos más que del amor del Padre. Habiendo amado a los suyos, Él los ama hasta el fin. Este vínculo de unión permanece firme y seguro, y le da la cercanía a Él que la Iglesia deseaba: “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo” (Cnt. 8:6. Ver Pr. 18:24; Ro. 8:35). Lo mismo puede decirse del amor del Espíritu porque éste es el amor eterno de Dios —Padre, Hijo y Espíritu— el vínculo de unión de los elegidos de Dios con los tres sagrados. Los tres han amado a los elegidos con amor eterno y, de este modo, los han unido, firme y eternamente, a Sí mismos. Por eso, a causa del amor que el Espíritu les tiene y de la unión con ellos, con el tiempo, Él llega a ser Espíritu de vida y de gracia en ellos (Ro. 15:30). Ahora, de esta unión de amor hay varias ramas, de las cuales hay tantas ilustraciones y confirmaciones de ella y todas en la eternidad, como…

1. Una elección-unión en Cristo: Esto fluye del amor de Dios —la elección presupone el amor (Ver 2 Ts. 2:13)—. Se dice de personas concretas que han sido escogidas en Cristo como Rufo (Ro. 16:13). El Apóstol dice de sí mismo y de otros que Dios los había escogido en Cristo y eso, antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4). La elección da una existencia en Cristo —una especie de subsistencia3 en Él— si bien no una existencia real, al menos una existencia representativa, incluso una tal que sea capaz de recibir concesiones de gracia en Cristo y de ser bendecido con todas las bendiciones espirituales en Él antes de la fundación del mundo (2 Ti. 1:9; Ef. 1:3-4). Cómo pueden decir que tienen una existencia en Cristo y, sin embargo, no tienen unión con Él, no puedo concebirlo.

Además, en la elección, hay una relación cercana [que] comienza entre Cristo y los elegidos. Él les es dado para ser Cabeza de ellos y ellos le son dados como miembros de Él. Como tales, son escogidos juntos: Él primero en el orden de la naturaleza como la Cabeza y, luego, ellos como miembros de Él. Nada es más común entre los teólogos sanos que expresarse de esta manera cuando hablan de la elección de Cristo y de su pueblo en Él. “Particularmente”, dice el dr. Goodwin4, “como en el vientre, la cabeza y los miembros no son concebidos separados, sino juntos, como teniendo relación el uno con el otro; así fuimos nosotros y Cristo (como formando un cuerpo místico para Dios) formados juntos en el eterno vientre de la elección”. En el mismo lugar, dice: “Jesucristo fue la Cabeza de la elección y de los elegidos de Dios; y así, en el orden de la naturaleza, elegido primero, aunque en el orden del tiempo fuimos elegidos juntos. En el vientre de la elección Él, la Cabeza, salió primero, y luego nosotros, los miembros”. Ahora, ¿qué relación puede considerarse más cercana o más expresiva de una estrecha unión que ésta de la cabeza y los miembros? Cristo es la Cabeza escogida de la Iglesia [y] la Iglesia el Cuerpo escogido de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Ef. 1:22-23). De ahí, la seguridad y protección de los santos —estando en Cristo por la gracia electiva y unidos a Él y, por lo tanto, se dice que son preservados en Él— en esto y por esto, puestos en su Mano, hechos las ovejas de su Mano, de cuyas Manos nadie las puede arrebatar, ni [pueden] caer jamás (Jud. 1:1).

2. Existe una unión conyugal5 entre Cristo y los elegidos que también fluye del amor y comenzó en la eternidad. Por la institución del matrimonio natural, las personas entre quienes se contrae se convierten en una sola carne, como Adán y Eva. No se puede concebir una unión más estrecha que ésta. [Su] matrimonio fue una sombra y una representación del matrimonio entre Cristo y su Iglesia, a la que, habiendo desposado, Él nutre y cuida como a su propia carne. Se convierten en uno… Ahora, aunque la relación matrimonial manifiesta entre Cristo y las personas particulares tiene lugar en la conversión, que es el día de sus desposorios6 con Él (Jer. 2:2), la notificación más pública de la misma, tendrá lugar cuando todos los elegidos de Dios sean reunidos: [Ellos] serán en un solo cuerpo como una novia ataviada para su esposo y sean realizadas las bodas del Cordero. ¡Esto [será] declarado de la manera más abierta y las nupcias solemnizadas de la manera más magnífica! (Ap. 21:2). Sin embargo, el acto secreto de los esponsales tuvo lugar en la eternidad, cuando Cristo, en amor a los escogidos, le pidió a su Padre que fueran su novia y esposa. Al serle entregados, Él los desposó consigo en amorosa bondad y, desde entonces, los consideró en tal relación con Él. [Éste] es el fundamento de todos los demás actos de gracia posteriores hacia ellos. Por lo tanto, debido a su relación matrimonial con su Iglesia, Él se convirtió en su Fiador7 y se entregó a Sí mismo por ella. [Él] derramó su preciosa sangre para santificarla y limpiarla de todas las impurezas de la Caída y otras transgresiones, a fin de presentársela a Sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; una Iglesia tal y en tal gloria [como la que] Él había visto cuando la desposó por primera vez (Ef. 5:25-27). Así entre los judíos, había un desposorio privado antes del matrimonio manifiesto y la consumación del mismo. En [este] desposorio, comenzaba la relación de marido y mujer (Dt. 22:23-24). Por eso, se dice que Cristo es el Esposo de la Iglesia Gentil antes de que ella estuviera en existencia real (Is. 44:5).

3. Existe una unión federal8 entre Cristo y los elegidos. Tienen un pacto de subsistencia en Él como su Cabeza y Representante. El pacto9 fluye y es el efecto del amor, la gracia y la misericordia de Dios —de los cuales se habla junto con él como su fundamento (Sal. 89:2-3; 33-34; Is. 54:10)—. De ahí que, comúnmente, se le llame el Pacto de la Gracia y éste fue hecho desde la eternidad. Cristo fue establecido como Mediador10 del mismo. Sus orígenes en él fueron muy tempranos (Pr. 8:23; Mi. 5:2), la vida eterna fue prometida antes de que el mundo comenzara y las bendiciones de la gracia fueron proporcionadas muy pronto (Ti. 1:2; 2 Ti. 1:9) —todo lo cual prueba la antigüedad de este pacto—.

Ahora, este pacto se hizo con Cristo, no como una sola persona, sino como una Cabeza común. [Esto] no fue para Sí mismo o por su propia cuenta solamente, sino por y para su pueblo. Así como el Pacto de Obras11 se hizo con Adán como Cabeza federal de toda su descendencia —de ahí que se diga que él es la figura o tipo de Aquel que había de venir (Ro. 5:14)— así el Pacto de Gracia se hizo con Cristo como Cabeza federal de su descendencia espiritual. Por esta razón, se establece un paralelismo entre ellos en Romanos 5 y 1 Corintios 15, como si hubieran sido los dos únicos hombres en el mundo: Uno llamado el primero, el otro el segundo hombre. Cristo representaba a su pueblo en este pacto y ellos tenían una unión representativa con Él en él. Todo lo que Él prometió y se comprometió a hacer, lo prometió y se comprometió en su nombre y a cuenta de ellos: Cuando se cumplía, para Dios era lo mismo que si lo hubieran hecho ellos. Lo que Él recibió —promesas y bendiciones de gracia— lo recibió en nombre de ellos y ellos las recibieron en Él, siendo uno con Él como su Cabeza común y Representante.

4. Existe una unión legal entre Cristo y los elegidos, cuyo vínculo es su garantía por ellos, la cual fluye de su fuerte amor y afecto por ellos. A este respecto, Cristo y ellos son uno a los ojos de la Ley, como el fiador y el deudor son uno en sentido legal; de modo que si uno de ellos paga la deuda por la que está obligado, es lo mismo que si lo hiciera el otro. Cristo es el Fiador del mejor testamento: Él se acercó a Dios, dio su fianza, se obligó a Sí mismo a pagar las deudas de su pueblo y a hacer satisfacción por sus pecados; Quien siendo como tal aceptado por Dios, Él y ellos fueron considerados como uno sólo. Ésta es la base y el fundamento de su pago de las deudas de ellos, de haber hecho satisfacción por sus pecados, de la imputación de sus pecados a Él y de la imputación de su Justicia12 a ellos.

En resumen, es la unión y la relación antecedente13 de los santos con Cristo en la eternidad… que son el fundamento y la razón de todo lo que Cristo ha hecho y sufrido por ellos y no por otros —y de todas las bendiciones de la gracia que son o serán otorgadas a ellos, [pero] son negadas a otros—. La razón por la que Él se encarnó por ellos y tomó sobre Sí la naturaleza humana, con especial consideración hacia ellos, fue que eran hijos que le habían sido dados. Él entregó su vida por ellos porque eran sus ovejas; Él se entregó por ellos porque eran su Iglesia y Él los salvó de sus pecados porque eran su pueblo (He. 2:13-14; Jn. 10:14-15; Ef. 5:25; Mt. 1:21).

En una palabra, la unión a Cristo es lo primero, la primera bendición de la gracia, fluyendo del amor y efectuada por éste; por lo tanto, [ésta] es la aplicación de todas las demás. “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús” —primero amados y unidos a Cristo— y luego sigue, “el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación, y redención” (1 Co. 1:30). Entonces, el dr. Goodwin observa que “la unión con Cristo es el primer elemento fundamental de la justificación14 y de la santificación y de todo. Cristo primero nos toma y, luego, envía su Espíritu; Él nos aprehende primero; no es el hecho de ser regenerado lo que me da derecho a todos estos privilegios; sino que es Cristo tomándome y, luego, dándome su Espíritu, fe y santidad”.

Tomado de Un cuerpo completo de divinidad doctrinal y práctica (A Complete Body of Doctrinal and Practical Divinity), reimpreso por The Baptist Standard Bearer, www.standardbearer.org.


John Gill (1697-1771): Ministro bautista, teólogo y erudito bíblico; nació en Kettering, Northamptonshire, Inglaterra.

Footnotes

  1. Acto inmanente – Un acto mental, es decir, realizado, enteramente, dentro de la mente.

  2. Complacencia – Satisfacción; el estado de estar complacido o agradado con alguien.

  3. Subsistencia – Existencia.

  4. Thomas Goodwin (1600-1679) – Pastor congregacional y teólogo; líder de los Hermanos Disidentes de la Asamblea de Westminster.

  5. Conyugal – Relativo al matrimonio.

  6. Desposorios – La promesa de contraer matrimonio o esponsales.

  7. Fiador – Alguien que asume la deuda de otro.

  8. Federal – La teología federal sugiere que Adán, como primer ser humano, actuó como “cabeza federal” o representante legal del resto de la humanidad. Así, Dios entró en una relación de pacto con Adán que prometió bendición por la obediencia y una maldición por la desobediencia… Debido a que Adán fue desobediente, la maldición se extiende a la humanidad, de la cual Adán es el representante del pacto… Así como Adán era la cabeza federal de la humanidad, así también Cristo entra en la historia como un segundo Adán, libre de la maldición, y actúa como cabeza del pacto de justicia para todos los que creen en Él (Stanley Grenz, David Guretzki y Cherith Fee Nordling, Diccionario de bolsillo de términos teológicos (Pocket Dictionary of Theological Terms), 50-51).

  9. Pacto – Una promesa solemne o juramento de Dios al hombre.

  10. Mediador – Alguien que interviene entre dos partes hostiles para eliminar conflictos y reconciliarlos. “Agradó a Dios, en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, su Hijo unigénito, conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el Mediador entre Dios y el hombre; Profeta, Sacerdote y Rey; Cabeza y Salvador de la Iglesia, el heredero de todas las cosas y Juez del mundo; a quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera su simiente y para que a su tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara”. Ver Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689, 8.1. Disponible en Chapel Library.

  11. Pacto de Obras – El acuerdo que Dios estableció con Adán en el Jardín del Edén, antes de su caída en pecado. Estableció la obligación del hombre de obedecer a Dios con pena de muerte por desobediencia (Gn. 2:16-17).

  12. Ver Portavoz de la Gracia N° 7: Justicia imputada. Disponible en Chapel Library.

  13. Antecedente – Ocurrido antes en el tiempo; previo.

  14. Ver Portavoz de la Gracia N° 4: Justificación y La justificación por gracia de C.H. Spurgeon. Ambos disponibles en Chapel Library.