Justificación y santificación
A. W. Pink (1886-1952)
Hay dos efectos principales e inseparables del pecado: La corrupción inmunda que causa [y] la culpa terrible que implica. Por esto, la salvación del pecado requiere, tanto de una limpieza como de un estilo de vida congruente de parte del que ha de ser salvo. Repito que hay dos cosas absolutamente indispensables para que cualquier criatura more con Dios en el cielo: Un derecho válido a gozar de esa herencia [y] la aptitud para disfrutar de tal bendición. El derecho es concedido en la justificación y la aptitud comienza con la santificación. Los siguientes versículos recalcan lo inseparables que son… “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). “Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados” (1 Co. 6:11). “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).
“Estas bendiciones van mano a mano; nunca lo fueron, nunca lo serán, nunca pueden ser separadas tal como el aroma delicioso de la rosa o del clavel no puede separarse de estos; se abre la flor y su fragancia se extiende. Traten, si pueden, separar la roca de la fuerza de gravedad de la tierra o el fuego del calor. Si estos cuerpos y sus propiedades esenciales, si estas causas y sus efectos están indisolublemente conectados, también lo están nuestra justificación y nuestra santificación”1.
“Porque como fue uno solo, Adán, quien quebrantó personalmente el primer pacto2 con su ofensa que lo arruinó todo, aquellos a quienes es imputada su culpa se tornan inherentemente pecadores por la corrupción de la naturaleza transmitida a ellos por él, así también… fue uno solo, Cristo, quien cumplió la condición del segundo pacto3. Y aquellos a quienes se les imputa su justicia, se convierten sustancialmente en justos, a través de la gracia inherente que de Él les es comunicada por el Espíritu. Así lo enseña el Apóstol en Ro. 5:17: ‘Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia’. ¿De qué manera reinó la muerte por la ofensa de Adán? No sólo por el hecho de su culpa fue su posteridad destinada a la destrucción, sino también por el hecho de estar muerto para todo bien, muerto en delitos y pecados. Por lo tanto, los que reciben el don de justicia tienen que ser llevados a reinar en vida, no sólo por el derecho que tienen debido a la justificación, sino también moralmente, en virtud de la santificación”4.
Aunque absolutamente inseparables, estas dos grandes bendiciones de la gracia divina son bastante distintas. En la santificación, de hecho algo nos es impartido; en la justificación, sólo nos es imputada. La justificación se basa totalmente en la obra de Cristo realizada para nosotros, la santificación es principalmente una obra realizada en nosotros. La justificación tiene que ver con su objeto en un sentido legal y termina en un cambio relativo —la liberación del castigo, que confiere derecho a la recompensa—; la santificación se trata de su objeto en un sentido moral y termina en un cambio que se experimenta en su carácter y su conducta —impartiendo un amor por Dios, una capacitad de adorarle aceptablemente y en la [aptitud] para entrar en el cielo—. La justificación es por una justicia [fuera de] nosotros; la santificación es la obra del Espíritu llevada a cabo en nosotros. La justificación es realizada por Cristo como Sacerdote y tiene que ver con sufrir en sí mismo la pena del pecado; la santificación es realizada por Cristo como Rey y tiene que ver con el dominio del pecado. La primera cancela su poder de condenar; la segunda libra del reinado de su poder.
Difieren entonces, en su orden (no de tiempo, sino en su naturaleza), la justificación es primero [y] la santificación le sigue; el pecador es perdonado y restaurado al favor de Dios antes de que le sea dado el Espíritu para renovarlo a su imagen. Difieren en su diseño, la justificación elimina la obligación de que haya condenación; la santificación limpia de contaminación. Difieren en su forma, la justificación es un acto judicial por el cual el pecador es pronunciado justo; la santidad es una obra moral por la que el pecador es hecho santo; lo primero tiene que ver exclusivamente con nuestra posición ante Dios, lo segundo concierne principalmente a nuestro estado. Difieren en su causa, lo primero, surge de los méritos de la satisfacción llevada a cabo por Cristo; lo segundo, procede de la eficacia de ellos. Difieren en su finalidad, lo primero, otorga un título para heredar la gloria eterna; lo segundo, es el camino que nos lleva a ella. “Y habrá allí… camino, y será llamado Camino de Santidad” (Is. 35:8).
Tomado de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures), disponible en Chapel Library.
A. W. Pink (1886-1952)
Footnotes
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James Hervey (1714-1758), Theron y Aspasio: Una serie de diálogos y cartas sobre los temas más importantes e interesantes (Theron and Aspasio: A Series of Dialogues and Letters upon the Most Important and Interesting Subjects), Tomo 2 (London: Rivington, 1789), 67. ↩
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Primer pacto o Pacto de Obras – El acuerdo o administración que Dios estableció con Adán en el Jardín de Edén, antes de su caída en el pecado. Establecía la obligación del hombre de obedecer a Dios, so pena de muerte por desobediencia (Gn. 2:16-17). ↩
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Segundo pacto o Pacto de Gracia. ↩
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Thomas Boston, Un vistazo al Pacto de Gracia de los Registros Sagrados (A View of the Covenant of Grace from the Sacred Records) en Las obras completas del que fuera el Rev. Thomas Boston (The Complete Works of the Late Thomas Boston), Tomo 8 (London: William Tegg, 1853), 454. ↩