Los beneficios de la resurrección de Cristo

Thomas Manton (1620-1677)

“Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido” (Isaías 53:8).

El Señor Jesús fue quitado de la cárcel y del juicio, y se levantó del pozo de la angustia, al cual fue condenado por nuestra causa. Fue quitado de la cárcel y del juicio; se levantó como Mediador1 y sólo pudo escoger el resucitar; no podía fracasar en ello. Las Escrituras testifican abundantemente que Él resucitó: “Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y… resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1Co. 15:3-4). Y en otras partes dice que Él debe resucitar: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día” (Lc. 24:46). Esto lo demuestra Cristo por las Escrituras…

Por lo tanto, les mostraré… con qué fin, resucitó Cristo. Y aquí, para que pueda mostrar a los creyentes la fuente de su consuelo —por qué debía ser que Cristo, quien resucitara de entre los muertos—. Puesto que todo el consuelo del alma depende de que haya salido de la tumba y se haya sacudido los poderes de la muerte, voy a refrescar aquí un poco sus espíritus con el agua de este manantial de salvación. La extraeré y la derramaré en tres consideraciones…

  1. Generalmente, la resurrección es el principal motivo de consuelo para los cristianos en la Escritura. Por lo tanto, encontrarás en la Escritura que éste es el gran tema: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro. 10:9). Noten que es puesto como el principal asunto del cristianismo: Dios le resucitó de los muertos. “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Ti. 2:8). Por sobre todas las verdades, debemos predicarla claramente y recalcarla como si fuera la vida de toda la religión. Recuerden: Cristo ha resucitado de los muertos. Por eso, era un saludo habitual entre los cristianos: “Ha resucitado el Señor” (Lc. 24:34). El Apóstol hace que el triunfo de la fe surja, principalmente, de la resurrección de Cristo: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó” (Ro. 8:34). Si Cristo no hubiera resucitado, habría poco consuelo para los creyentes: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14). Todo sería en vano sin este gran sello y confirmación. Es un punto de tan gran importancia que, generalmente, se considera la piedra angular de la religión, la articulación de la cual depende el consuelo del Evangelio.

  2. Más particularmente, [yo] les mostraré los beneficios de ello.

Todos tus enemigos espirituales son sometidos. “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad” (Ef. 4:8), es decir, ¡aquellas cosas que suelen cautivar los espíritus de los cristianos, fueron obligadas a desencadenar el triunfo de la ascensión de Cristo! Él se apoderó del botín en su resurrección y cabalgó triunfante en su ascensión a la gloria. La muerte es “sin aguijón2”. La muerte será atendida como Amán; cuando piense en herir a los creyentes, [la muerte] los honrará como él lo hizo con Mardoqueo. Podemos morir, pero somos salvos de la muerte: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Co. 15:55). Sigue: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:57). No podemos ser retenidos por el sepulcro más de lo que Cristo pudo ser retenido por él. El infierno está desarmado y sometido, y los poderes de las tinieblas han fracasado. Aunque el diablo reúna3 tentaciones en nuestra contra, podemos verlas todas vencidas por la fe en la resurrección de Cristo: “Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3). Luego, por el pecado, que está sometido: Cristo le hirió de muerte en la cruz y en su resurrección, lo venció. Luego, en cuanto al mundo, recuerda lo que dice Cristo: “No temáis, manada pequeña” (Lc. 12:32); “Yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33), es decir, “[he] vencido y triunfado de tal manera sobre él, que el mundo no les hará daño”. En cuanto al diablo, [Jesús] lo pisoteó y así también, lo harán los cristianos en breve: “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Ro. 16:20).

Todas las bendiciones espirituales nos son procuradas. La bienaventuranza de un cristiano descansa en estas tres cosas: El perdón, la gracia y la gloria en la justificación, la santificación4 y la glorificación5. Y todas estas cosas son confirmadas por el hecho de que Cristo ha resucitado —por cárcel y por juicio fue quitado—.

Para el perdón o la justificación: Si un solo pecado hubiera quedado insatisfecho, Cristo no podría haber resucitado; todo pecado debe ser expiado6 con la muerte: “La paga de [todo] pecado es muerte” (Ro. 6:23) y Cristo cumpliría cada tilde de la Ley (Mt. 5:18). Pero viendo que se ha liberado [de la tumba], puedes estar seguro de que ha pagado el precio de todos los pecados: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Co. 15:17). Mientras el fiador7 está en prisión, es señal de que la deuda no está pagada; pero vuestro fiador ha sido quitado de la cárcel y del juicio. Consuélate; todo está pagado: “El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25). Dios lo llevó a prisión por la deuda de las criaturas y lo sacó de la prisión y del juicio para su consuelo, a fin de que ellos puedan ser convencidos de su satisfacción.

Para la gracia de la santificación: Él resucitó para poder [enviar] el Espíritu que nos resucite de la muerte del pecado a la vida de la gracia: “A fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro. 6:4). Por la misma gloria del Padre, se hacen ambas cosas, es decir, por el mismo poder glorioso que resucitó a Jesús de entre los muertos. El Apóstol habla del poder de la resurrección de Cristo, es decir, de la virtud que sale de ella para los creyentes (Fil. 3:10)8.

Para la glorificación: Cristo resucitó antes que nosotros para abrirnos el camino y, por eso, se le llama “primicias de los que durmieron” (1 Co. 15:20). Otros resucitan como una simple mazorca de maíz, pero Cristo como las primicias. Las primicias fueron consagradas en lugar de todas las demás; así es Cristo en tu lugar. Cristo es llamado “el primogénito de entre los muertos” (Col. 1:18), es decir, el más importante, el que resucitó por todos nosotros, el primero que entró en el cielo como persona [humana]. Hubo una resurrección de algunos antes de la glorificación del cuerpo de Cristo, pero Él fue el primogénito que representó a todos: “Jesús entró por nosotros como precursor” (He. 6:20). Jesucristo es nuestro precursor; su resurrección nos abre el camino para que resucitemos después de Él…

Considera qué cosa especial hay en la resurrección de Cristo, por encima de los otros actos de la mediación, por lo que la Escritura le da tanta importancia. ¿Qué es lo que contribuye al consuelo de los cristianos por encima de su muerte? Será necesario indagar al respecto porque la Escritura habla mucho de esta circunstancia —La resurrección de Cristo de entre los muertos—. Yo respondo…

Primero, por medio de confirmación: Confirma el corazón en la expectativa de salvación por Cristo. Con esto, se demuestra que todo el plan de salvación fue verdadero: Tienes el sello de Dios para ello. Por lo tanto, confirma el corazón en dos cosas: (1) la persona de Cristo y (2) el oficio de Cristo, del cual todo depende.

La persona de Cristo: No puede haber mayor prueba de su [deidad] que la resurrección: “Mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 P. 1:21). Y, en efecto, ahí comienza nuestra fe en que Cristo es Dios; como dice Pedro: “Vuestra está basada en Dios”. Pues bien, aquí está el sello de Dios al corazón sobre la persona del Mesías: “Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:4). Allí se decidió, clara y poderosamente, que Él era así, de modo que nadie podía contradecirlo: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mt. 27:54), como clamó el centurión. Todos se vieron obligados a reconocerlo por este motivo. [En] Hechos 13:33, se dice que fue engendrado por el Padre. En su resurrección, Él lo demuestra… Evidentemente, se demostró que Él fue engendrado por el Padre. Pues bien, aunque las misericordias del perdón, de la gracia y de la gloria fueron merecidas por otros actos de la mediación, por el acto de la resurrección quedan confirmadas y selladas porque esto establece al alma en… la verdad de la persona de Cristo.

Nos sella la verdad de su oficio: Éste fue Quien fue sellado para ser Mediador. Cuando los judíos acusaron a Cristo de usurpación9, Él les confirmó su oficio, solamente con la señal de la resurrección: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás”. (Mt. 12:39), es decir, la que responde al tipo de Jonás y ¿qué fue eso, sino que estuvo tres días y tres noches10 en el sepulcro y resucitó? Como si Cristo hubiera dicho: “Si quieren un milagro y un sello del cielo, eso es todo lo que les daré”. Así lo verán en otra ocasión, en Juan 2, cuando los judíos le vieron purgar con autoridad el templo y actuar como una persona extraordinaria: “¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?” (2:18). ¿Qué confirmación tienes de los cielos de ser el Mesías que tomas sobre ti el reformar el templo? “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (2:19), es decir, “el templo de su cuerpo” (2:21). Esa era toda la señal que Él les daría, es decir, su resurrección; ésta fue la confirmación más adecuada de su oficio.

En segundo lugar, por medio de la evidencia. Es una aclaración y justificación11 de los méritos de Cristo. Los beneficios adquiridos por su muerte se evidencian para nosotros en su resurrección. No sólo Dios debe ser satisfecho, sino que debe ser [revelado] al mundo que Dios fue, plenamente, satisfecho o de lo contrario, permaneceríamos bajo dudas y perplejidades todavía. Ahora, la resurrección de Cristo es el pleno descubrimiento de esa satisfacción que fue hecha por su muerte. Esto es lo que la criatura caída tiene para mostrar que Dios fue satisfecho —la resurrección de Cristo—… ¿Qué tienes que mostrarle a Satanás cuando te acuse12 ante Dios? Pues, por la resurrección de Cristo puedes, incluso, desafiar al retador: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó” (Ro. 8:34). ¿Por qué iba Dios a dejarle salir de la cárcel, si no había pagado hasta el último centavo? Fue quitado de la cárcel y del juicio. Si Cristo siguiera todavía en la prisión de la tumba, tendrías que buscar otro fiador que compensara sus defectos y satisficiera lo que Él no pudo: “Si Cristo no resucitó… aún estáis en vuestros pecados” (1 Co. 15:17); no tenéis nada que mostrar para vuestra absolución. ¿Cómo podríais haber respondido a Satanás entonces, si vuestro fiador hubiera fracasado? Así, por medio de la evidencia.

En tercer lugar, como prenda para nosotros. Por la resurrección de Cristo, Dios nos da una garantía y una fianza13, por así decirlo, de que podemos esperar la resurrección de nuestros propios cuerpos. Pueden alegarlo ante Dios y pueden argumentarlo por ustedes mismos ante Dios: ¡Cristo ha resucitado, por lo tanto, levántame a mí! Y a vosotros mismos: “Por tanto, seré resucitado porque Cristo resucitó. Cristo [pagó la pena por el pecado] y fue recibido en la gloria: por lo tanto, Señor, por su causa perdóname mis pecados”. ¿O debo decir que esto es una promesa para nosotros de que nuestras personas serán resucitadas, justificadas, santificadas y glorificadas porque nuestra Cabeza ha resucitado? El Apóstol piensa que es un buen argumento, probar la resurrección de nuestros cuerpos por la resurrección de Jesucristo (1 Co. 15). “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Ts. 4:14). El significado es que la resurrección de Cristo, no sólo manifiesta una posibilidad, sino una necesidad de nuestra resurrección con Él. Dios te ha dado en Él, una garantía de la resurrección para que, por medio de Cristo, puedas reclamarla, humildemente, de su mano: “Señor, creo que me resucitarás a vida eterna”. Los impíos resucitan por el poder general de Dios, pero los cristianos resucitan con referencia a la resurrección de Cristo que fue prenda para ellos de la suya. Y, por lo tanto, se observa que, inmediatamente después de la resurrección del cuerpo de Cristo, siguió la resurrección de los cuerpos de algunos de los santos para que la consideráramos como una prenda para nosotros. “Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mt. 27:52-53). Allí, la virtud obró, inmediatamente, para que otros del pueblo de Dios la buscaran y para que el resto del cuerpo místico de Cristo espere su turno; no sólo la Cabeza, sino también algunos de los miembros, resucitaron. Por lo tanto, aquí está nuestro consuelo porque es la gran prenda y garantía que Dios ha dado a los santos, a saber, que como se hizo con Cristo, así pueden esperar que se haga con ellos.

En cuarto lugar, por medio de la influencia. Cada fuente de salvación tiene su propia corriente y todo en el corazón de un creyente, depende de alguna cosa correspondiente en Cristo Jesús —nuestra muerte al pecado de su muerte, nuestra vida de su vida, nuestra santidad de su santidad—: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn. 17:19). Porque todo lo que Cristo tuvo en Sí mismo como Mediador, lo tuvo y lo hizo por nosotros. Así que de estas cosas especiales, hay una especial influencia causal en los corazones de los creyentes: De la resurrección de Cristo, nuestra resurrección; de su muerte, la muerte del pecado a la vida de la gracia o a la vida de la gloria. Hay una influencia causal de la resurrección de Cristo sobre nuestros corazones, que es el don del Espíritu de Dios… para elevarnos a la gracia y a la gloria. Y, por eso, se dice que hemos sido engendrados “para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 P. 1:3). La regeneración proviene de la virtud y la influencia de ella que pasa a nuestros corazones para vencer el pecado, engendrar la nueva naturaleza y elevarnos a la gloria. Pero hay otro beneficio que debemos esperar por medio de la influencia de la resurrección de Cristo: El don del Espíritu para conformarnos a nuestra Cabeza. Cristo por su resurrección, siendo hecho una fuente de vida sobrenatural, enviará una influencia vital. Esperemos, entonces; Él nos renovará y sanará, y llevará a cabo la obra hasta la perfección en gloria. La cabeza y los miembros deben ser conforme a la medida que el modelo de las criaturas permita. Por lo tanto, tan seguro como que Cristo ha resucitado, seremos resucitados con Él en santidad, aquí, y en el cielo en el futuro… Cristo murió por el pecado para que podamos morir al pecado y Cristo resucitó a la gloria para que podamos resucitar a la gracia y a la gloria. La dependencia y la mirada de la criatura deben ser hacia el acto y la obra más propicios del Mesías. Cristo, en su totalidad, lleva en Sí mismo, la obra completa de nuestra salvación, y los diversos actos y condiciones de Cristo son correspondientes a los diversos actos y condiciones de la salvación…

He aquí un consuelo para los que tienen interés en Cristo. ¡Creyentes, conozcamos el fundamento de nuestros privilegios! Cristo ha resucitado y, por ello, ha sido declarado, poderosamente, como el Hijo de Dios. Así seremos declarados, poderosamente, como hijos de Dios en su resurrección: “Encomienda a Jehová tu camino, confía en él, y él hará” (Sal. 37:5). ¡Oh, qué consuelo hay para nuestros espíritus en estas palabras: “Cristo ha resucitado”!

Tomado de Las obras completas de Thomas Manton (The Complete Works of Thomas Manton), Vol. 3, 347-362, de dominio público.


Thomas Manton (1620-1677): Predicador puritano presbiteriano inglés; nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra, Reino Unido.

Por encima de todas las verdades, debemos predicar claramente [la resurrección de Cristo] y recalcarla como si fuera la vida de toda la religión. —Thomas Manton

Ciertamente, hay admisión gratuita al favor de Dios para todos los pecadores, a través de este Salvador resucitado. Ya se ha hecho suficiente y Dios está satisfecho. Él lo ha declarado y sellado por la resurrección de Cristo. —Jonathan Edwards

La resurrección de Cristo, cuando se considera en referencia a la muerte que la precedió y a la gloria que la siguió, es el gran medio para producir y fortalecer la esperanza de la vida eterna. —A. W. Pink

Footnotes

  1. Mediador – Intermediario. “Agradó a Dios, en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, su Hijo unigénito, conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el mediador entre Dios y el hombre; profeta, sacerdote, y rey; cabeza y Salvador de la Iglesia, el heredero de todas las cosas y juez del mundo; a quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera su simiente y para que a su tiempo, lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara”. (Confesión Bautista de fe de Londres 1689 8.1.) y ver Portavoz de la Gracia N° 23: Cristo el Mediador. Ambos disponibles en CHAPEL LIBRARY.

  2. Sin aguijón – Literalmente en inglés, un-stinged. En otras palabras, la resurrección de Cristo ha eliminado el aguijón de la muerte.

  3. Reúna – Agrupa, como cuando se junta a las tropas para prepararse para la batalla.

  4. Santificación – La santificación es la obra del Espíritu de Dios (2 Ts. 2:13), por la que somos renovados en todo a imagen de Dios (Efesios 4:24) y nos vamos capacitando más y más para morir al pecado y vivir para Dios (Ro. 6:10-11). (Catecismo de Spurgeon, Pregunta 34) y ver Portavoz de la Gracia N° 35: Santificación y Santificación de J.C. Ryle. Todos disponibles en CHAPEL LIBRARY.

  5. Glorificación – La última etapa de la salvación, es decir, la resurrección del cuerpo en la Segunda Venida de Jesucristo y la entrada del creyente al Reino consumado de Dios. En la glorificación, los creyentes alcanzan la completa conformidad con la imagen y semejanza del Cristo glorificado y son liberados de los defectos físicos y espirituales.

  6. Expiado – Pagado.

  7. Fiador – El que asume la responsabilidad de la deuda de otro.

  8. La virtud… para los creyentes – El poder regenerador de Dios, a través del Espíritu Santo.

  9. Acusaron de… usurpación – Jesús expulsó un demonio de un hombre y el pueblo judío concluyó que Él era el Mesías; pero los fariseos acusaron a Jesús de aceptar, indebidamente, este título porque decían que Él expulsaba los demonios por el poder de Belcebú. Por lo tanto, lo acusaban de asumir falsamente el cargo o posición de Mesías.

  10. Nota del editor – Como se mencionó anteriormente, los evangélicos difieren en sus puntos de vista sobre la cronología de la crucifixión y resurrección de Cristo.

  11. Aclarar y justificar – Evidenciar y demostrar que es justo.

  12. Acusar – Como en un tribunal de justicia.

  13. Fianza – Porción de algo, dada por adelantado como prenda del resto.