Ayudas para meditar en Dios
John Owen (1616-1683)
Al decir meditación disciplinada, me refiero al arte de pensar de una manera sistemática y disciplinada, en algún tema espiritual escogido. El propósito de este tipo de meditación es despertar el corazón y el alma para sentir la bondad o maldad del tema en el que se piensa.
La meditación disciplinada es diferente del estudio bíblico, en el cual el objetivo principal es aprender la verdad y declarársela a otros. También es diferente de la oración porque ésta va dirigida a Dios. El objetivo de la meditación disciplinada es despertar nuestros corazones para experimentar un sentido de amor, deleite y humildad.
La meditación disciplinada es diferente a ser espiritual y tener pensamientos espirituales que surgen con naturalidad de un corazón renovado. Las personas pueden ser hábiles para tener pensamientos espirituales, pero ser bastante incapaces de pensar en un tema espiritual de una manera disciplinada y ordenada. La meditación disciplinada es un arte que tiene que ser aprendido. Necesita el uso de facultades y habilidades naturales que, por debilidad e ignorancia, algunos no han desarrollado adecuadamente… Por lo tanto, para muchos, la meditación disciplinada puede estar más allá de su capacidad y, aun así, disfrutan de muchos pensamientos espirituales de Dios que, igualmente, les sirven.
No obstante, en vista de que la meditación disciplinada es un deber necesario y la forma principal como nuestros pensamientos espirituales se activan, ofrezco los siguientes consejos.
Sea cual fuere el principio de gracia que tengamos en nuestros corazones, no lo podemos usar fácilmente para la meditación espiritual ni para ningún otro deber espiritual sin mucho esfuerzo y dificultad… Lo siguiente es sólo para los que tienen la intención de apartar un momento diario para dedicar a deberes santos, como la oración y la lectura bíblica.
Escoja un momento en que esté libre de cualquier preocupación del mundo. El mejor momento es el que algo le cuesta. Nunca busquemos servir a Dios con lo que nada nos cuesta. Ni le dediquemos tiempo que no requiere abnegación. No podemos esperar crecer en mentalidad espiritual, si sólo le damos tiempo a Dios para adorarle cuando no tenemos ninguna otra cosa que hacer, ni esos momentos cuando, debido al cansancio, no estamos aptos para nada. Ésta es una gran razón por la cual los hombres son tan fríos, rutinarios y apagados en lo que respecta a los deberes espirituales. Hay los que, cuando el cuerpo y la mente están cansados, creen que están en condiciones de acercarse a Dios a fin de aprender los importantes temas que tienen que ver con su gloria y la salvación de sus almas. De hecho, es esto lo que Dios condena (Mal. 1:8). Tanto la ley de la naturaleza como los deberes santos, requieren que sirvamos a Dios con lo mejor de nosotros mismos. ¿Y ofreceremos a Él un tiempo inadecuado hasta para un gobernante terrenal? Sin embargo, esos son los momentos que los hombres eligen para sus devociones. Detengámonos por un momento y pensemos en el tiempo que en el pasado ofrecimos a Dios como una ofrenda voluntaria, para que nos dé vergüenza y nos sirva para actuar mejor en el futuro. El mejor momento es cuando está más libre y activa la fuerza natural del espíritu. No confiemos en oportunidades fortuitas. Dejemos que el tiempo mismo sea una selecta ofrenda voluntaria a Dios tomada de la mejor parte. Que sea ese el mejor tiempo posible.
Tómese el tiempo para preparar su mente para pensamientos espirituales. No se apresure a embarcarse en pensamientos celestiales sin primero preparar su corazón y su mente. (Ec. 5:1-2). Ponga todo su esfuerzo en comprender la asombrosa santidad de Dios y la naturaleza celestial de las cosas sobre las cuales piensa meditar, a fin de acercase a Dios con el debido temor y reverencia, y a los asuntos celestiales con santo y saludable respeto. Nuestros pensamientos son como Jacob y Esaú. Los pensamientos espirituales y los carnales luchan en el mismo vientre. A menudo, el Esaú de pensamientos carnales aparece primero y, por un momento, pareciera que tendrá la primogenitura. Pero donde la reverencia a Dios ha echado “fuera a la esclava y a su hijo” (Gá. 4:30), la mente estará libre para concentrarse en las cosas espirituales.
No se disponga a meditar en cosas celestiales por obligación. No debemos meditar en Dios y en las cosas celestiales, sólo por un sentido del deber, ni simplemente porque sentimos la necesidad de hacerlo, ni porque pensamos que es obligación hacerlo y que no sería bueno descuidarla por completo.
Cuando el alma, en algún momento, ha probado que el Señor es lleno de gracia, cuando las meditaciones pasadas acerca del Señor han sido gozosas, cuando las cosas espirituales han emocionado la mente y el corazón, entonces, el alma emprende este deber con fervientes deseos de tener las mismas experiencias ya vividas. Haga todo esfuerzo posible por disfrutar de las cosas espirituales y entonces, tus meditaciones serán dulces.
Pero si después de toda esta preparación, se encuentra con que le ha sido imposible concentrarse en cosas espirituales, tome en serio el siguiente consejo.
Clame a Dios por ayuda. Confiese su necesidad de más luz sobre cosas espirituales para remover la oscuridad de su mente. Confiese su debilidad e inhabilidad para detener los pensamientos mundanos cuando debiera estar pensando en cosas santas, y ore a Dios para que fortalezca su mente. Si sus meditaciones sólo le hacen ver y sentir lo oscuro y débil de su mente, causando que clame, pidiendo a Dios más de su gracia y fortaleza espiritual, sus pensamientos han hecho un buen trabajo, aunque no sea lo que usted había planeado. Tome al rey Ezequías como ejemplo. Cuando su alma puso todo su esfuerzo para tener comunión con Dios, resultó en pensamientos quebrantados y confusos bajo el peso de su propia debilidad. Sin embargo, aun así, buscó la ayuda de Dios y, aunque su oración no fue más que un murmullo, fue aceptada por Dios. Clamó Ezequías: “Jehová, violencia padezco; fortaléceme” (Is. 38:14). Asimismo, cuando estamos meditando y nos sentimos oprimidos por la oscuridad y la debilidad de nuestra mente, también nosotros debemos decir: “Jehová, violencia padezco; fortaléceme”.
Es bueno y provechoso escoger un tema específico sobre el cual meditar. Ya han sido mencionados algunos. Los temas también pueden surgir de alguna experiencia espiritual que acabamos de tener o alguna advertencia que hemos recibido de Dios; o algo que, por leer o escuchar la Palabra de Dios, nos ha venido a la mente. Pero la persona y gracia de nuestro Señor Jesucristo, tiene que ser el tema más frecuente de nuestra meditación.
Por último, no se desanime cuando, a pesar de todos sus esfuerzos, obtiene escasos resultados. No se deje vencer por las dificultades que se presentan. Recuerde que es Dios con quien está tratando. Él no quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare (Is. 42:3). Es su voluntad que nadie menosprecie el día de las pequeñeces (Zac. 4:10). Y si en este deber hay una mente dispuesta, es aceptado de acuerdo con lo que uno tiene y no según lo que no tiene. Aquel que puede traer a este tesoro, sólo las pequeñas monedas de los deseos quebrantados y oraciones jaculatorias1, no quedará detrás de los que arrojan, de su gran abundancia, mucha habilidad y pericia. Darse por vencido porque no tenemos un éxito inmediatamente, es fruto del orgullo y la incredulidad. Aunque no obtengamos de nuestra meditación nada más que un renovado sentido de nuestra propia vileza e indignidad, somos triunfadores. Más la práctica hace al maestro. Los que, concienzudamente, persisten en este deber, crecerán cada día más en iluminación, serán más sabios y más experimentados en cosas espirituales, hasta poder meditar en ellas con facilidad y éxito.
Tomado de Mentalidad espiritual (Spiritual Mindedness), compendio de R. J. K. Law (Edimburgo; Carlisle: The Banner of Truth Trust, 2009), 120-131, disponible en ediciones impresas y eBooks de www.bannerof truth.org, usado con permiso.
John Owen (1616-1683): Pastor congregacionalista, autor y teólogo inglés.
Footnotes
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Jaculatoria – Oración breve y fervorosa. ↩