Masticando el Pan de Vida

Arthur W. Pink (1886-1952)

Los mandatos, las exhortaciones, las admoniciones1 de la Biblia no son ideas abstractas2. No, son una revelación de Dios para mí. Yo debo leer las Escrituras como dirigidas a mí, personalmente. Cuando llego a una palabra de Dios que condena mi camino, no debo ignorarla, sino ser honesto y hacerla mía. Nos dé Dios a todos, la gracia de apropiarnos cada día, tanto de sus promesas como de sus preceptos.

Después de que una cierta porción de la comida ha sido puesta en mi propio plato y en mi boca, lo que sigue es masticarla —masticarla lenta y completamente—. Pero en este asunto, la mayoría somos serios infractores. Engullimos3 nuestra comida. Nos la tragamos antes de masticarla adecuadamente. La tragamos antes de que haya sido debidamente masticada. Comemos demasiado rápido. Ésta es la razón principal por la que tantos sufren de dispepsia4: Le dan al estómago el trabajo que le corresponde a los dientes. Un poquito de comida bien masticada proporciona mucha más nutrición al cuerpo que mucha comida tragada casi entera y, también, es mucho mejor para nuestra salud en general.

Es igualmente verdad, espiritualmente. Miles de hijos de Dios son graves ofensores en esto. Nunca han aprendido a usar sus dientes espirituales. El Pan de Vida debe ser masticado, si hemos de obtener de Él los nutrientes que tanto necesitamos. ¿Qué quiero decir? Esto: La meditación es a la lectura lo que masticar es al comer. Vuelve a leer y reflexiona en esta última frase. ¡Querido lector, obtendrás mucho más provecho de un solo versículo de las Escrituras leído lentamente y en mucha oración, y debidamente meditado, que de diez capítulos leídos apresuradamente!

La meditación es un arte casi perdido. Y es la raíz de la mayor parte de nuestros problemas. Cuántos se quejan de que les es muy difícil recordar pasajes bíblicos, pasajes que probablemente han leído muchas veces. Esto es fácil de explicar. Es porque el pasaje no fue repasado en la mente: No fue debidamente ponderado5 (Lc. 2:19). ¿Has notado alguna vez que el “bienaventurado” del Salmo 1, “meditaba” día y noche en la Ley de Dios? La meditación es una ayuda maravillosa para fijar versículos y pasajes de las Escrituras en nuestra mente.

Veamos una ilustración de lo que significa meditar. Tomemos unos de los versículos más conocidos de toda la Biblia (Sal. 23:4): “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Al comenzar a meditar en esto, tomo cada palabra o expresión separadamente y le hago preguntas.

Lo primero que me llama la atención, es la manera como empieza el versículo. No dice: “Cuando ande en valle”, sino, “aunque ande”. Recapacito en esto. Pregunto: ¿Por qué este lenguaje indefinido? ¿Acaso no es seguro que un día seré llamado a andar en valle de sombras? Y enseguida, recuerdo las palabras benditas de 1 Corintios 15:51: “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados”. Entonces, veo por qué inspiró el Espíritu Santo este [versículo] de esta manera.

Luego, me enfoco en lo que es central en este versículo: “El valle de sombra de muerte” por el cual pasa el creyente que muere. Pregunto: “¿Por qué se compara el morir con andar en un ‘valle’? ¿Qué pensamientos sugiere esta figura?”. Al darle vuelta a la pregunta en mi mente, pronto se me ocurre (como debiera ocurrírsele a cualquiera que lo piensa un poco): Es que “valle” sugiere paz, fertilidad, belleza y sobre todo, un andar fácil. Un “valle” es la antítesis de una “montaña”, la cual es difícil y peligrosa de escalar. Contrario entonces, a subir a una montaña, la cual es ardua y peligrosa de escalar, ¡la muerte es como caminar a través de un valle que es placentero y seguro!

Entonces, vuelvo al comienzo del versículo y centro mis pensamientos en cada una de las palabras. Al llegar al final de su peregrinaje terrenal, el creyente aprende que la muerte es, sencillamente, como pasar por un valle. Notemos que anda, no corre como si tuviera miedo. Luego, observemos el “aunque ande en”. No se queda en el “valle”, sino que camina a través de él. La muerte no es más que una puerta a través de la cual el creyente pasa de estas escenas de pecado y dolor al reino de gloria y dicha.

Seguidamente, observo que este “valle” es llamado “sombra de muerte”. ¿Por qué? No debo apurarme, si no quiero equivocarme. Déjame seguir reflexionando sobre cada palabra separadamente para poder extraerle su propia dulzura. ¿Qué es una “sombra”? ¡Ah, cuántas veces esta palabra nos aterra! ¡A cuántos, especialmente durante la niñez, nos aterrorizaban las sombras! Pero si nos hubiéramos acercado a ellas, hubiéramos descubierto inmediatamente que no tenían poder para dañarnos. ¡Y cuantos creyentes han llenado de fantasmas espantosos el valle de muerte! ¡Con cuánto temor han contemplado estas imágenes creadas por su propia incredulidad! Oh, hermano creyente, no hay nada, absolutamente nada que temer, si te sorprendiera la muerte antes de la venida del Señor Jesús. ¡Este valle es llamado “valle de sombra de muerte” porque una “sombra” es lo más inofensivo que existe!

Y ahora, como si por fin el creyente ha captado completamente lo bendito de estas hermosas figuras, puede avanzar tranquilo habiendo descubierto que la muerte no es una montaña difícil y peligrosa que tiene que escalar, sino un “valle” —tranquilo y fácil— por el cual pasar. Habiendo aprendido que en este valle no hay nada más terrorífico que una “sombra”, exclama con regocijante confianza: “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Éste, pues, es un ejemplo de lo que queremos decir con alimentarse de la Palabra de Dios. La meditación es a la lectura lo que masticar es al comer. Tome un solo versículo de las Escrituras al iniciar el día, escríbelo en un papel y llévalo contigo a dondequiera que vayas. Refresque su memoria releyéndolo cuando se presente la oportunidad. Ora y pídele a Dios que te dé una bendición a través de este versículo; que te revele su hermosura y su valor. Luego medita sobre cada palabra, separadamente. Hazle preguntas al versículo y procura descubrir su significado más profundo.

Supongamos que estás meditando sobre en Salmos 34:7: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Hágase preguntas como estas: ¿Por qué “el ángel”? ¿Quién es? “Acampa” —nótese el tiempo; es un presente indicativo—. ¿Qué sugiere esta figura? “Alrededor”. ¿Qué significa esto? “Los que le temen”. ¿Soy yo uno de ellos? “Y los defiende”. ¿De qué? Después, encuentra respuestas en otros versículos que hablan de “defender”.

Asimilación6: Éste es el resultado de apropiarse, masticar y de tener el fin principal a la vista. El alimento que ingiero es para sustituir lo que el cuerpo ha desechado. El alimento que he masticado y digerido, pasa a ser parte de mi sistema y se transmuta7 en sangre y tejido, dándome salud y fuerza. El alimento así asimilado, aparece en el vigor de mi caminar, en la fuerza de mi brazo y en el brillo de mi rostro. Estoy ahora equipado, mi sistema puede vencer a los gérmenes de enfermedades que atacan mi cuerpo.

Todo esto tiene su equivalente en el hombre espiritual. El alimento que he tomado en mi alma, si es digerido adecuadamente, edificará mi nueva naturaleza. Nutrirá mi fe y suplirá la fuerza necesaria para mi tarea y mi servicio diarios. Además, me protegerá contra los gérmenes de tentación que me asaltan: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11).

Éste, entonces, es el gran fin a la vista. La Palabra de Dios nos es dada para alimentarnos de ella con el propósito de aplicar las Escrituras en términos de nuestro diario vivir. Los principios y preceptos de la Biblia tienen que ser incorporados a mi vida. La Palabra no ha sido asimilada hasta haberse convertido en el regulador de mi andar y el dínamo de mi servicio.

Tomado de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures).


Arthur W. Pink (1886-1952): Autor, pastor y maestro itinerante de la Biblia; nacido en Nottingham, Inglaterra, Reino Unido.

Deja que tus pensamientos de Cristo sean muchos, que aumenten más y más cada día. Él nunca está lejos de nosotros, como nos dice Pablo (Ro. 10:6-8). Las cosas que hizo Cristo, las hizo hace muchos años y son parte del lejano pasado. “Pero”, dice Pablo, “la palabra del evangelio —donde estas cosas son reveladas y por las que son traídas a nuestra alma— está cerca de nosotros y en nuestro corazón, siempre y cuando seamos creyentes verdaderos y, por fe, hayamos recibido la palabra”. Por lo tanto, el evangelio exhibe a Cristo y todos los beneficios de su obra mediadora para nosotros. Si de hecho, la Palabra está en nuestro corazón, Cristo está cerca de nosotros. Si en algún momento, nos volvemos a nosotros mismos para conversar con la Palabra que está en nuestro corazón por medio de la meditación, lo encontraremos listo para recibirnos en nuestra comunión con Él. A la luz del conocimiento de Cristo que tenemos por la Palabra, vendrán continuamente a nuestra mente, pensamientos acerca de Él. Pero si nuestra mente y corazón están llenos de otras cosas, ¿cómo podemos esperar tener comunión con Él al contemplar su gloria? —John Owen

Si el corazón meditara en entendimiento, la boca hablaría sabiduría y el hombre pensaría antes de hablar, especialmente, los ministros del evangelio. Debiéramos meditar sobre la Palabra de Dios, el evangelio y sus verdades, a fin de que su provecho sea para todos, para que comprendan ellos mismos, las cosas divinas y las entreguen al conocimiento de los demás. Su preocupación debiera ser que, a través de la meditación, tuvieran un buen tesoro de sabiduría y conocimiento en sus corazones para de ahí sacar cosas placenteras y provechosas a los demás. —John Gill

La meditación da vida y fuerza en todos los demás deberes y partes de la adoración a Dios. —John Ball

Footnotes

  1. Admonición – Discurso con que se hace ver un mal y se invita a corregirse.

  2. Abstracto – Que existe sólo como idea.

  3. Engullir – Tragar sin masticar; tragar algo precipitadamente, de golpe o sin moderación.

  4. Dispepsia – Trastorno digestivo caracterizado por dolor, acidez o náuseas; indigestión.

  5. Ponderado – Considerado o sopesado.

  6. Asimilación – Proceso de incorporación y comprensión total de información o ideas.

  7. Transmuta – Cambia de naturaleza; se transforma.