Los peligros de descuidar la meditación
Edmund Calamy (1600-1666)
Les mostraré los lamentables inconvenientes y los intolerables perjuicios que causa no practicar este deber de meditar. Les mostraré que el hecho de no practicarlo es la causa de todo pecado y les daré ejemplos concretos.
1. La razón por la cual la gente endurece su corazón en pecado y no se arrepiente de sus pecados, sino que sigue obstinado, es la falta de meditación. “Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho?” (Jer. 8:6). No se arrepentían porque no reflexionaban en lo que hacían, no se detenían a recapacitar, de allí la expresión: “Si… volvieren en sí… y se convirtieren” (1 R. 8:47). No decían: “Estoy arruinado por lo que hice, he perdido a Dios y al cielo por lo que hice, y si no me arrepiento, seré una criatura perdida para siempre”. Nadie se arrepentía de su maldad porque nadie meditaba en lo que había hecho porque si uno considera lo malo que es el pecado, que moró y permaneció en él, que comulgó con él en su propio corazón y considera, seriamente, lo malo y amargo que es pecar contra Dios, no se atrevería a pecar voluntariamente contra Él. La razón por la cual los hombres siguen imprudente, descuidada y obstinadamente sumidos en el pecado es por la falta de meditación sobre la maldad del pecado.
2. La razón por la cual todos los sermones que escuchamos no nos hacen más bien, es por falta de meditación divina. Porque con los sermones sucede lo mismo que con [la comida]: No es tener [comida] sobre la mesa lo que te alimenta, sino que debes comerla y, no sólo comerla, sino prepararla y digerirla o no te servirá para nada. Lo mismo ocurre con los sermones: No es escuchar sermones [lo que] te hará bien, sino… digerirlos mediante la meditación. Ponderar en vuestros corazones sobre lo que escuchan, tiene que hacerles bien. El sermón bien digerido y bien meditado, es mejor que veinte sermones sin meditación… Ahora, la meditación es lo que digiere todos los sermones que escuchamos. Hay una enfermedad en la que sea lo que sea que coman, los que sufren esa afección lo vomitan; la comida nunca les hace ningún bien. Lo mismo sucede con muchos de ustedes: Escuchan un sermón, se retiran y nunca vuelven a pensar en él. Esto es igual que la comida que se vomita.
Existe otra enfermedad, que todo lo que comen los que la sufren, les pasa de largo; nunca permanece en ellos. Ahora, esta comida nunca nutre. Estoy seguro que a ustedes les sucede lo mismo los días de la semana, me temo que pasan de largo con los sermones escuchados el Día de reposo; los escuchan y escuchan, y eso es todo lo que hacen. Nunca buscan arraigarlos en su corazón por medio de la meditación sobre ellos. ¡Por eso es que son tan escasos en la gracia, a pesar de la abundancia de sermones que escuchan!
Sucede con los sermones lo mismo que con los vendajes1. Si uno tiene una herida y la cubre con una venda curativa, nunca se curará si se saca la venda. Si se la quita tan pronto como se la puso, nunca le hará ningún bien. Lo mismo sucede con los sermones: Si ustedes han escuchado un sermón, pero nunca reflexionan y meditan sobre él, es como la venda colocada y enseguida vuelta a quitar. Estoy seguro de que la gran razón por la cual tenemos tantos cristianos que sufren de hambruna, son escasos en conocimientos y escasos en la gracia, aunque oyen sermón tras sermón —puede ser que el Día de reposo oigan tres o cuatro sermones— es porque no preparan ni digieren nada. Nunca reflexionan ni meditan sobre lo que oyen, y de esto es lo que habla Cristo, nuestro Salvador; dice que la semilla que cayó junto al camino se refiere al hombre que oye la palabra y después de haberla oído, nunca piensa en ella y deja que el diablo la robe de su corazón (Lc. 8:5). Al igual que el sembrador, deja caer la semilla junto al camino y nunca remueve la tierra ni espera que brote algo. [Para] muchos de ustedes, los sermones que oyen son como semilla que cae en el camino, nunca la cubren con meditación, nunca piensan en ella luego de haberla escuchado y ésta es la razón por la que nunca obtienen ningún beneficio de lo que oyen.
- La razón por la cual las promesas de Dios no tienen más efecto sobre sus corazones cuando los santos de Dios ya no saborean la dulzura de las promesas, es porque no reflexionan y meditan en ellas.
Sucede con las promesas del evangelio lo mismo que sucede con un cordial2: Si un hombre no mastica su cordial, si no que se lo traga entero, nunca saboreará la gran dulzura que hay en él. La manera de gustar esa dulzura es masticando; así, las promesas de Dios están llenas de consolación celestial, pero nunca se disfrutará de esta consolación, a menos que se mastique con meditación. Es lo mismo que sucede con las especias que, a menos que se machaquen, nunca huelen dulces. Y sucede lo mismo que con una almohadilla perfumada3, a menos que se frote, nunca olerás la dulzura que hay en ella. De igual manera, nunca gustaremos de la consolación celestial que contienen las promesas del evangelio, a menos que las frotemos, las machaquemos, las mastiquemos con meditación. Y la razón por la cual los santos de Dios andan toda su vida tan incómodos, es porque no mastican estas promesas.
4. La razón por la cual las amenazas de Dios no dejan su impresión en nuestro corazón es porque falta meditación. Hay en la Palabra, terribles amenazas contra el pecado, pero, ay, son muy pocos los afectados por ellas. Las amenazas de Dios en la Escritura son como el ruido de granizo pegando las tejas del techo: Hacen mucho ruido, pero no dejan una impresión. Y, ¿cuál es la razón? Es por falta de meditación. No las ponemos en el corazón, no consideramos que estas amenazas sean para nosotros mientras continuemos en nuestros pecados. ¡Ay!, si el hombre malvado meditara solemnemente sobre las amenazas de Dios, cómo sufriría su corazón, especialmente, si las acompaña el espíritu de esclavitud.
5. La razón por la cual las misericordias de Dios no nos hacen más bien es la falta meditación. Son muchas las misericordias que todos hemos recibido de Dios —muchas personales y muchas familiares— y cada una de estas misericordias debiera motivarnos a servir. Ahora, ¿por qué los santos de Dios olvidan estas misericordias y no las agradecen? La razón es la falta de meditación: “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Is. 1:2-3). Esa es la razón por la cual son tan desagradecidos. Sucede con las misericordias de Dios lo mismo que con el fuego: Si un hombre pasa caminando cerca de un fuego, pero no se detiene para recibir su beneficio, nunca se calentará. Si tiene frío, tiene que quedarse cerca del fuego o nunca disfrutará su calor. Por lo tanto, no es el pensamiento ligero acerca de las misericordias de Dios lo que afecta nuestro corazón, sino permanecer sobre ellas en meditación lo que calentará nuestros corazones. Ahora, no meditamos sobre estas misericordias, no consideramos solemnemente las misericordias de Dios, por eso es que no hacen mucho bien a nuestros corazones. Existe un salmo dedicado a la ingratitud del pueblo de Israel: “Pecamos nosotros, como nuestros padres; hicimos iniquidad, hicimos impiedad. Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo” (Sal. 106:6-7). ¿Cuál es la razón por la que fueron tan desagradecidos? La razón fue que no meditaban sobre las misericordias de Dios.
6. La razón por la cual las aflicciones ya no cumplen su función y, por consiguiente, no obtenemos ningún beneficio de la dura mano de Dios, es porque falta meditación. Eclesiastés 7:14 es un texto inusual: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera”. Los tiempos de aflicción son tiempos de meditación y, ¿qué debemos considerar en el día de la adversidad? Tenemos que considerar quién es el que aflige, por qué estamos siendo afligidos y [qué] haremos para santificar estas aflicciones. Tenemos que considerar lo que significa la vara de Dios y cómo por ella aprendemos cosas espirituales. Ahora, debido a que no meditamos sobre Dios y su mano que aflige cuando somos afligidos, debido a que tenemos una mente ligera4 cuando somos afligidos, obtenemos [poco] beneficio de nuestras aflicciones. He observado [que] en cuanto nos recuperamos de nuestras aflicciones, muchos de nosotros (el Señor nos perdone por ello) nos olvidamos enseguida de Dios. No consideramos las misericordias de Dios cuando nos da la recuperación y volvemos a nuestro viejo vómito de nuevo por falta de meditación (Pr. 26:11; 2 P. 2:26).
7. La razón por la cual las providencias de Dios no dejan más impresión en nuestro corazón, es por la falta de esta gracia de la meditación. Las providencias de Dios son muy misteriosas y Dios, en su gobierno del mundo, camina en las nubes. Y, ciertamente, estoy muy seguro de que [lo que] Dios requiere de sus hijos, especialmente en estos tiempos, es que mediten en sus providencias, al igual que en sus ordenanzas. Existen muchas lecciones inusuales que aprender de la consideración de las providencias de Dios… Ahora, ¿cuál es la razón por la cual [en años recientes] las providencias no nos benefician más? La razón por la que nunca somos mejores por ellas, es que no estudiamos el significado de todas estas providencias: “Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo” (Is. 57:1). Ésta es la razón por la cual no nos beneficiamos por la muerte del justo y por las providencias de Dios: No las aplicamos al corazón ni meditamos sobre ellas ni las estudiamos.
**8. ¿Cuál es la razón por la que los santos de Dios desconfían tanto de las providencias de Dios cuando están a punto de naufragar y se declaran perdidos?**Es por falta de meditación. Por eso dice Cristo: “No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?… Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos” (Lc. 12:22-24, 27). Si consideramos los lirios y los cuervos, si estudiáramos el amor de Dios por nosotros, confiaríamos en Él, aun estando bajo cualquier triste providencia. La razón por la cual los santos de Dios están tan llenos de incredulidad cuando son afligidos, es por falta de meditación. No consideran los cuervos y los lirios; no estudian las promesas que Dios ha hecho a sus hijos que se encuentran en sus peores condiciones.
9. La razón por la cual los profesantes de la religión son tan severamente críticos36 de los demás y no de sí mismos, el por qué juzgan a otros y examinan a todos menos a sí mismos (que es lo que sucede en la actualidad), es por falta de meditación. “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt. 7:1-3). Si los hombres reflexionaran más sobre ellos mismos, se criticarían más a sí mismos y menos a los demás. Y la razón por la cual la gente es tan temeraria para criticar a otros, es por falta de auto-reflexión.
- La razón por la cual los profesantes de la religión ofrecen a Dios los sacrificios de los necios cuando vienen a adorarle, el por qué oran a la ligera y descuidadamente, y el por qué se precipitan a participar en las ordenanzas sin preparación, es por falta de meditación. “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal, no te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios” (Ec. 5:1). ¿Por qué se precipita la gente a participar en [las ordenanzas] sin preparación, se apresuran con los sermones, se apresuran con las oraciones y con sus deberes sagrados? Pues porque no consideran lo que están haciendo.
**11. ¿Cuál es la razón por la cual la gente ya no se prepara para la muerte?**Porque no consideran la brevedad de la vida. No meditan en la vanidad de esta vida, en la certeza e incertidumbre de la muerte; por eso dice la Palabra: “¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera!” (Dt. 32:29). Porque no consideran su final, por eso es que no están preparados para ese momento.
12. En último lugar, ¿cuál es la razón por la cual nos acercamos tan indignamente a la [Cena del Señor]? Y cuando allí estamos, ¿por qué se distrae nuestra mirada de un lado a otro y nos comportamos de una manera tan inapropiada durante la administración de la ordenanza? ¿Cuál es la razón por la cual nos perdemos todo el fruto de esta ordenanza, si no es por falta de preparación antes de venir, y de meditar cuando participamos del acto? Ahora, sin preparación no puede haber meditación; la preparación incluye meditación.
Tomado de El arte de meditación divina(The Art of Divine Meditation), de dominio público.
Edmund Calamy (1600-1666): Líder eclesiástico y teólogo puritano inglés; nacido en la parroquia de Santo Tomás, el Apóstol, Londres, Inglaterra, Reino Unido.
¡Oh! Piensa en el Salvador que descendió de las alturas llenas de estrellas de gloria y descendió al vientre de la virgen, y luego, fue descendiendo de allí al humilde pesebre de Belén hasta la cruz y el sepulcro por ti; quien siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres y, estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2:6-8). Muchos de los santos de antaño, acostumbraban pasar horas meditando sobre las heridas de Cristo y, muchos mártires, pasaban días en solemne meditación sobre esas manos y pies heridos, y su costado traspasado ¡Oh! De todos los libros jamás escritos, este libro impreso en carmesí sobre la carne pura de Cristo, semejante a un lirio, es el mejor para leer. —Charles Spurgeon
El que tiene en su corazón una comprensión de las cosas divinas y espirituales, del evangelio y su verdad, procurará, sincera y diligentemente, usar los medios apropiados para aumentar aún más sus conocimientos. A medida que va queriendo saber más de Cristo, su persona, oficios y gracia, lo conocerá mejor y no se contentará con el grado de conocimiento que haya alcanzado. Escuchará y leerá la Palabra, orará y meditará con el fin de llegar a un conocimiento más perfecto del Hijo de Dios. —John Gill
El hombre que dice que no tiene nada en qué pensar, seguramente no tiene cerebro, y el que profesa ser cristiano y dice que no tiene nada en qué meditar, debe ser el hazme reír de los demonios. ¡Un cristiano sin tema de contemplación! ¡Imposible! Sólo danos el tiempo y la oportunidad y, sin duda, surgirán miles de temas para nuestra consideración. —Charles Spurgeon
Footnotes
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Vendaje – El autor usa originalmente la palabra “plaster” que traduce emplasto, es decir, un paño con ungüentos medicinales aplicados a una parte del cuerpo para curar. ↩
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Cordial – Medicina de sabor agradable. ↩
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Almohadilla perfumada – Pelotita o recipiente perforado lleno de sustancias aromáticas de hierbas y especies, suspendido del cuello o la cintura con una cadena para proteger contra las infecciones. ↩
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Mente ligera – La expresión en inglés es “slight heads” que traduce, literalmente, ligeros o débiles de cabeza o mente, y da la idea de pensamientos tontos, superficiales, poco sabios o imprudentes. ↩